La política colombiana se sacude ante la insólita aparición de Carlos Lehder, una figura legendaria y tristemente célebre del narcotráfico, quien ha decidido mostrar su apoyo al candidato presidencial Abelardo de la Espriella. Lehder, cofundador del Cártel de Medellín y uno de los hombres que forjó un imperio a través del trasiego de drogas en las décadas de los 80 y 90, rompió su silencio para pedir a los colombianos que acudan a las urnas y voten por el "mejor candidato".
Este exnarcotraficante, quien ostenta el sombrío título de ser el primer capo colombiano extraditado a Estados Unidos en 1987, se ha reinventado en la era digital como creador de contenido para TikTok. En un video difundido a través de redes sociales, Lehder, ataviado con una camiseta amarilla de la selección de fútbol de Colombia –una prenda que el propio De la Espriella había instado a sus seguidores a usar–, hizo un llamado a la unidad nacional y a la participación electoral.
"Les digo que ponerse la camiseta de Colombia es un lujo, es un privilegio y debemos todos colocárnosla y disfrutarla", manifestó Lehder, comparando la libertad de expresión y disfrute deportivo en Colombia con la supuesta falta de ligas de fútbol en Cuba durante 60 años. "Mi decisión es que nos veamos en las urnas el 21 de este mes para votar por el candidato que más creamos que puede dirigir el futuro de la Colombia soberana y libre", añadió, sin mencionar explícitamente el nombre de De la Espriella, pero dejando clara su inclinación.
La reaparición de Lehder y su respaldo al candidato de derecha han generado una ola de indignación y fuertes críticas, especialmente desde el sector político del actual gobierno. El presidente Gustavo Petro no tardó en reaccionar en su cuenta de X (anteriormente Twitter), calificando a Lehder como un "nuevo aliado de Netanyahu, Milei y Rubio en Colombia" y señalándolo directamente como "el jefe del cartel de Pablo Escobar". La declaración de Petro subraya la profunda división política y la controversia que este inesperado apoyo ha desatado.
Este escándalo ha tenido repercusiones incluso a nivel judicial. La jueza Aura Luz Forero, titular del Juzgado 120 Penal Municipal con función de conocimiento de Bogotá, ha ordenado la suspensión inmediata del uso de la camiseta de la selección colombiana en actividades políticas. Esta medida busca evitar la politización de símbolos nacionales y prevenir que figuras controvertidas se apropien de ellos para fines electorales.
Paralelamente a esta polémica, el panorama electoral colombiano se define tras la primera vuelta. Iván Cepeda, candidato del Pacto Histórico y representante del partido del presidente Petro, ha reconocido formalmente los resultados de la primera vuelta. Cepeda, quien quedó en segundo lugar, obtuvo 9.7 millones de votos, frente a los 10.3 millones de Abelardo de la Espriella, quien lideró el conteo con un 43.78% de los sufragios.
Inicialmente, Cepeda había expresado dudas sobre la transparencia del proceso electoral, alineándose con las reservas manifestadas por el presidente Petro, quien también cuestionó los resultados preliminares. Sin embargo, tras realizar verificaciones internas, la campaña de Cepeda no encontró evidencias concluyentes de irregularidades significativas que alteraran el resultado final. A pesar de ello, Cepeda esperó tres días después de la culminación del escrutinio para emitir su reconocimiento oficial.
"Desde el comienzo de la campaña electoral, he respetado estrictamente las reglas democráticas y la transparencia con la que se debe informar a la opinión pública del cumplimiento de las mismas", argumentó Cepeda al reconocer el resultado. Ahora, el candidato de izquierda se enfoca en la búsqueda de alianzas con sectores del centro político para intentar revertir la ventaja de más de 600 mil votos que le lleva De la Espriella de cara a la segunda vuelta.
La campaña de De la Espriella, por su parte, ha sido marcada por un discurso de mano dura contra el crimen y la corrupción, buscando capitalizar el descontento ciudadano con la situación de seguridad y la gestión del gobierno actual. El apoyo de Lehder, aunque controvertido, podría ser interpretado por algunos sectores como una señal de que su plataforma resuena con figuras que, en su momento, operaron al margen de la ley pero que ahora buscan una narrativa de orden y soberanía.
Este episodio pone de relieve las complejas dinámicas de la política colombiana, donde las figuras del pasado, incluso las más oscuras, pueden reemerger y tener un impacto inesperado en el debate público. La conexión entre el mundo del narcotráfico y la esfera política, aunque sea a través de un respaldo indirecto, plantea serias interrogantes sobre los valores y las influencias que moldean el futuro del país.
La estrategia de campaña de De la Espriella, que busca presentarse como un líder fuerte y decidido, se ve ahora envuelta en una controversia que podría tanto movilizar a su base como alienar a votantes moderados. La reacción del electorado ante este escándalo será crucial para definir el desenlace de una elección que ya de por sí se perfilaba reñida y polarizada.
El debate sobre la seguridad en Colombia, un tema central en la agenda electoral, adquiere nuevas dimensiones con este suceso. Mientras el gobierno actual ha intentado abordar la violencia con diversas estrategias, la sombra del narcotráfico y su influencia histórica en la sociedad colombiana sigue siendo un factor ineludible en cualquier discusión sobre el futuro del país.
La aparición de Lehder también reaviva la memoria colectiva sobre los años más oscuros del conflicto armado y la guerra contra el narcotráfico. Su figura evoca un pasado violento que muchos colombianos desean dejar atrás, y su respaldo a un candidato presidencial genera una profunda incomodidad y rechazo en amplios sectores de la sociedad.
La campaña de De la Espriella deberá ahora navegar las aguas turbulentas de esta controversia, decidiendo si se desvincula públicamente de Lehder o si intenta capitalizar de alguna manera el apoyo recibido, asumiendo el riesgo de ser asociado con figuras del crimen organizado. La respuesta a esta situación podría ser determinante para el resultado final de las elecciones.