El Mundial de Futbol 2026, lejos de ser la panacea económica esperada, presenta un panorama complejo para el turismo mexicano. Si bien las cifras oficiales del Inegi celebran un récord histórico en la llegada de viajeros internacionales, con 16.4 millones de turistas acumulados hasta abril, la contraparte de esta bonanza es una preocupante disminución en la derrama económica generada. Este contraste pone en jaque las estrategias del sector y enciende las alarmas entre los empresarios turísticos, quienes ven amenazada la rentabilidad a pesar del volumen.

La principal fuente de visitantes sigue siendo Estados Unidos, nación que, a pesar de las tensiones geopolíticas globales, mantiene su liderazgo indiscutible en la emisión de turistas hacia México. Este flujo constante es un salvavidas para la industria, pero la pregunta que resuena en los pasillos de hoteles y agencias de viajes es: ¿por qué gastan menos?

El retroceso en la derrama turística, que se ubica en un 1.2 por ciento acumulado a abril, se traduce en una pérdida estimada de casi 150 millones de dólares. Esta discrepancia entre la cantidad de personas que pisan suelo mexicano y el dinero que dejan es el núcleo del debate actual. Los empresarios del sector, representados por figuras como Antonio Cosío, presidente del Consejo Nacional Empresarial Turístico (CNET), señalan la necesidad de reevaluar las estrategias de precios y enfocar los esfuerzos en atraer segmentos de mayor poder adquisitivo.

Las expectativas para la Ciudad de México, sede del partido inaugural, eran elevadas. El gobierno capitalino proyectaba la llegada de alrededor de 5.5 millones de visitantes. Sin embargo, la realidad parece ser menos eufórica. La limitada capacidad de los estadios y la distribución de boletos por parte de la FIFA han resultado en una afluencia de extranjeros menor a la anticipada, desplazando a menos de un millón de personas hacia las sedes mundialistas.

Las reservas hoteleras en la capital, que inicialmente mostraban un dinamismo prometedor, han experimentado una desaceleración en los últimos días. Si bien el ritmo de reservaciones se mantiene "bueno", según Cosío, la tendencia ha sido de "un pequeño peor desempeño", lo que sugiere una cautela por parte de los viajeros o una recalibración de sus planes.

El periodo entre marzo y abril vio las reservas hoteleras en la Ciudad de México rondar el 36 por ciento. Incluso en mayo, mes previo al inicio de la justa deportiva y tradicionalmente un periodo de auge para los viajes de última hora, el avance no cumplió con las expectativas más optimistas. Esto contrasta con las advertencias iniciales de los hoteleros sobre posibles incrementos de hasta el 300 por ciento en las tarifas.

Si bien las tarifas promedio en la Ciudad de México para el Mundial se sitúan alrededor de los 210 dólares por noche, cifra comparable a la del Gran Premio de México de Fórmula 1, la ocupación proyectada es significativamente menor. Hoteles cercanos al Estadio Azteca, como el Fiesta Inn Periférico, aún presentan disponibilidad con precios que, aunque elevados (hasta 10 veces más que un día normal), no reflejan la demanda esperada.

El sector de hospedaje es uno de los pilares de la derrama económica esperada para el Mundial. Deloitte estima que captará alrededor de 412 millones de dólares, solo superado por la gastronomía y el retail. La menor ocupación y la presión sobre las tarifas, sin embargo, ponen en riesgo la consecución de estas cifras.

La situación se agrava al observar el comportamiento de los vuelos. De las tres sedes mundialistas en México, solo la Ciudad de México y Guadalajara registran descensos en la compra de boletos de avión para los meses de junio y julio. La capital del país ve una caída del 2.2 por ciento anual en boletos reservados, mientras que Guadalajara, el aeropuerto con la mayor contracción, presenta un descenso del 3.4 por ciento en pasajeros previstos.

Monterrey, la tercera sede mexicana, es la única que muestra un crecimiento en las reservas de vuelos, con un alza del 7.3 por ciento. Esta disparidad regional en la conectividad aérea podría influir en la distribución de visitantes y en la derrama económica entre las ciudades sede.

El sector empresarial turístico, que ha invertido considerablemente en infraestructura y servicios para el Mundial, observa con preocupación estas tendencias. La necesidad de atraer un turismo de mayor poder adquisitivo se vuelve imperativa. Estrategias de marketing más agresivas, paquetes turísticos que combinen experiencias de lujo y una oferta cultural atractiva, podrían ser claves para revertir la tendencia de menor gasto por visitante.

La organización del Mundial 2026 representa una oportunidad única para México de mostrarse al mundo. Sin embargo, los datos actuales sugieren que la bonanza de visitantes no se traduce automáticamente en una bonanza económica. El desafío ahora reside en capitalizar la atención global para fomentar un turismo más rentable y sostenible, que beneficie de manera más equitativa a todos los actores del sector productivo.

En este contexto, la colaboración entre el sector público y privado es fundamental. Políticas que incentiven la inversión en segmentos de alto valor, la promoción de destinos turísticos más allá de las sedes mundialistas y la mejora continua de la infraestructura son pasos necesarios para asegurar que el legado del Mundial 2026 trascienda el evento deportivo y se traduzca en un crecimiento económico sólido y duradero para el país.