La FIFA promueve el Mundial 2026 bajo el lema "El futbol une el mundo", buscando inspirar paz y desarrollo a través del deporte. Sin embargo, la realidad es que varias selecciones participantes provienen de países sumidos en guerras activas, crisis humanitarias y enfrentamientos diplomáticos que ensombrecen la competencia deportiva.

Tensión entre Estados Unidos e Irán

El conflicto más delicado involucra a uno de los anfitriones. Estados Unidos, junto con Israel, lanzó una ofensiva contra Irán que resultó en la muerte del líder supremo Ali Jamenei y gran parte de la cúpula iraní. Washington ordenó bombardeos contra instalaciones nucleares iraníes en junio de 2025, y aunque firmaron un alto al fuego en marzo, los ataques estadounidenses recientes han reavivado las hostilidades.

La selección iraní, clasificada para su cuarta Copa del Mundo consecutiva, debe jugar sus partidos en territorio estadounidense, país con el que Teherán no mantiene relaciones diplomáticas desde 1980. El presidente Trump sugirió en marzo que quizás sería mejor que Irán no jugara en Estados Unidos "por su seguridad", aunque la FIFA rechazó mover los encuentros. El equipo iraní estableció su campamento en Tijuana y cruzará la frontera solo para los partidos, sin pernoctar en suelo estadounidense.

Rivalidad entre Marruecos y Argelia

La disputa por el Sahara Occidental mantiene en tensión permanente a Marruecos y Argelia. El reconocimiento de Trump a la soberanía marroquí sobre el territorio saharaui agravó las hostilidades, llevando a Argel a romper relaciones con Rabat en 2021. Ambos países viven una escalada que incluye cierre del espacio aéreo, suspensión de gasoductos y una carrera armamentista bilateral.

Crisis humanitaria en República Democrática del Congo

El último clasificado africano, la República Democrática del Congo, enfrenta violencia armada desde hace tres décadas. El conflicto, que tiene raíces en el genocidio de Ruanda de 1994, ha causado millones de muertes y representa una de las crisis humanitarias más graves del mundo. Más de siete millones de desplazados internos sufren las consecuencias de enfrentamientos por el control de recursos minerales estratégicos como cobalto, cobre y oro.

La abundancia de minerales críticos ha internacionalizado el conflicto, incentivando a grupos locales y potencias externas a mantener la inestabilidad. Recientemente, un brote de ébola en la zona de conflicto fue clasificado por la Organización Mundial de la Salud como emergencia sanitaria internacional, agravando aún más la situación.

Arabia Saudita y Qatar, también participantes del torneo, han sido objetivos de represalias iraníes y sufren las consecuencias del cierre del Estrecho de Ormuz, que ha sumido en caos los mercados energéticos mundiales. El Mundial 2026 se jugará, inevitablemente, bajo la sombra de estos conflictos que definen la geopolítica actual.