La Selección Mexicana se encuentra en un momento crucial de la Copa del Mundo 2026, torneo que comparte como anfitrión. El equipo nacional tiene ante sí la oportunidad de emular sus actuaciones más destacadas en la historia del certamen, aquellas de 1970 y 1986, cuando alcanzó la fase de cuartos de final. Sin embargo, el panorama actual presenta desafíos y complejidades que difieren significativamente de las ediciones pasadas, principalmente debido a la expansión del torneo a 48 selecciones.

Un Camino Histórico Bajo la Lupa

En el Mundial de México 1970, el torneo reunió a 16 selecciones. El formato era relativamente sencillo: los dos primeros equipos de cada uno de los cuatro grupos avanzaban directamente a los cuartos de final. Para el Tri, esto significó que solo era necesario superar la fase de grupos para instalarse entre los ocho mejores. México, dirigido en ese entonces, finalizó en segundo lugar de su sector, detrás de la Unión Soviética, tras un empate y dos victorias. En total, disputó cuatro partidos: tres en la fase de grupos y uno en cuartos de final, donde fue eliminado por Italia. Este recorrido, aunque culminó en derrota, representó la primera vez que México alcanzaba esta instancia como anfitrión.

Dieciséis años después, en 1986, México volvió a ser sede del Mundial, esta vez con un formato ampliado a 24 equipos. La estructura de grupos se mantuvo, pero se introdujo la ronda de octavos de final. México lideró su grupo y, tras vencer a Bulgaria en octavos, se enfrentó a Alemania Federal en cuartos. El partido se definió en penales, con un resultado adverso para el equipo local. En esta edición, el Tri jugó cinco partidos, consolidando su mejor actuación histórica hasta ese momento.

El Nuevo Paradigma del Mundial 2026

La Copa del Mundo de 2026 marca un hito por ser la edición más grande hasta la fecha, con la participación de 48 selecciones. La estructura se ha modificado sustancialmente, con 12 grupos de cuatro equipos cada uno. La novedad principal es la inclusión de una ronda de dieciseisavos de final, lo que amplía la fase eliminatoria de 16 a 32 equipos. En total, se jugarán 104 partidos, un número considerablemente mayor que los 64 del formato anterior. Esta expansión implica un camino más largo y exigente para todas las selecciones, incluyendo a los anfitriones.

El recorrido actual para las selecciones es el siguiente: fase de grupos (tres partidos), dieciseisavos de final, octavos de final, cuartos de final, semifinales y la final o el partido por el tercer lugar. Esta estructura presenta un desafío distinto para México, que debe navegar más rondas para alcanzar las instancias decisivas.

La Ruta del Tri Hacia la Gloria

Actualmente, la Selección Mexicana ya ha superado la fase de grupos y se prepara para disputar los dieciseisavos de final. Si el equipo logra la victoria en este encuentro, habrá disputado un total de cuatro partidos, igualando la cantidad de juegos que jugó durante todo el Mundial de 1970. Este avance significaría su pase a los octavos de final, donde se enfrentaría a un rival de peso.

Si México logra superar también la ronda de octavos de final, acumularía cinco victorias y habría jugado seis partidos en total (tres de fase de grupos, uno de dieciseisavos y uno de octavos). Con este resultado, igualaría las mejores actuaciones históricas del país en Copas del Mundo, al instalarse entre los ocho mejores equipos del torneo, tal como ocurrió en 1970 y 1986. La diferencia clave radica en que, en esas ediciones, bastaron cuatro y cinco partidos, respectivamente, para alcanzar los cuartos de final. Ahora, la inclusión de los dieciseisavos de final exige un paso adicional en el camino.

Superando el Techo Histórico

La posibilidad de romper el techo histórico de México como anfitrión se presenta si el equipo logra avanzar más allá de los cuartos de final. Una victoria en esta instancia llevaría al Tri a las semifinales, sumando un total de siete partidos disputados, la mayor cantidad que la Selección Mexicana habría jugado jamás en una Copa del Mundo. Independientemente del resultado en semifinales, el equipo disputará un octavo encuentro, ya sea la final o el partido por el tercer lugar, concluyendo el torneo con un máximo de ocho partidos.

Este nuevo formato, aunque más extenso, ofrece una oportunidad sin precedentes para que México no solo iguale, sino que supere sus logros pasados. La FIFA, como organismo rector del fútbol mundial, ha impulsado estas expansiones buscando aumentar la competitividad y la participación global, y el Mundial 2026 es un claro ejemplo de esta visión. La organización de un torneo de esta magnitud, que involucra a tres países (México, Estados Unidos y Canadá), requiere una logística y una infraestructura colosales, aspectos en los que la FIFA ha demostrado una gran capacidad de gestión a lo largo de los años.

El éxito de México en ediciones anteriores como anfitrión no solo se debió al apoyo de su afición, sino también a la preparación y la calidad de sus equipos. La experiencia acumulada en 1970 y 1986 sentó las bases para futuras participaciones, y el legado de esos torneos sigue inspirando a las nuevas generaciones de futbolistas y aficionados.

La FIFA, al otorgar la sede a Norteamérica para 2026, reconoció la infraestructura existente y la pasión por el fútbol en la región. Este evento no solo es una competencia deportiva, sino también una plataforma para promover el desarrollo del fútbol, fomentar la unidad entre las naciones y ofrecer un espectáculo inolvidable para millones de seguidores en todo el mundo. La organización conjunta entre México, Estados Unidos y Canadá busca maximizar el impacto del torneo, aprovechando las fortalezas de cada país.

El camino hacia los cuartos de final, y potencialmente más allá, es un reflejo de la evolución del fútbol y de los torneos internacionales. México, con su rica historia y su fervor futbolístico, está llamado a ser protagonista en esta nueva era del Mundial, demostrando que la pasión y la dedicación pueden superar cualquier obstáculo, incluso un formato más exigente.