La fiesta del Mundial de Futbol 2026 apenas comienza, pero en la Ciudad de México el ambiente dista mucho de ser el esperado. A escasos días de que ruede el balón en el Estadio Azteca, las cifras de ocupación hotelera y la demanda de vuelos hacia la capital del país pintan un panorama desolador, muy lejos de las optimistas proyecciones gubernamentales y empresariales.

Fuentes del sector hotelero consultadas por El Financiero revelan que, al corte del 8 de junio, la ocupación promedio para el día del partido inaugural, el que se suponía sería el de mayor demanda, apenas alcanza el 65 por ciento. Este porcentaje, lejos de ser un éxito, se compara con los niveles de un mes de junio cualquiera, lo que enciende las alarmas sobre la verdadera derrama económica que generará el evento en la capital.

Para el resto de los días del torneo, la perspectiva es aún más sombría, con una ocupación hotelera que rondará el 45 por ciento. Esta cifra pone en entredicho la estimación oficial de 5.5 millones de viajeros que se esperaba recibirían la Ciudad de México, una meta que parece cada vez más inalcanzable.

El desinterés no se limita a los hoteles. Las reservas de boletos de avión hacia y desde la Ciudad de México también registran una caída significativa en comparación con el año pasado. La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) reporta un descenso del 2.2 por ciento en los boletos reservados para junio y julio, lo que confirma la menor afluencia de visitantes.

Este escenario contrasta fuertemente con las expectativas generadas por la FIFA y las autoridades mexicanas. Si bien se esperaba una avalancha de aficionados internacionales, la realidad muestra que el número de extranjeros que se desplazarán por el país sede será considerablemente menor a lo pronosticado, especialmente si se considera la limitada capacidad de los estadios.

Antonio Cosío, presidente del Consejo Nacional Empresarial Turístico (CNET), ha admitido que, si bien las perspectivas generales para la Ciudad de México son positivas, en los últimos días se ha observado un ligero frenazo en el ritmo de las reservaciones hoteleras. Un "pequeño peor desempeño", como él mismo lo calificó, que no augura el éxito esperado.

La liberación de boletos por parte de la FIFA y la definición de los partidos de cada grupo, que se esperaba dispararan las reservas de última hora, no han tenido el efecto deseado. Entre marzo y abril, las reservaciones hoteleras en la capital apenas rondaban el 36 por ciento, y ni siquiera en mayo, mes previo al evento, se observó el repunte esperado.

Los hoteleros habían advertido sobre posibles incrementos de hasta el 300 por ciento en las tarifas promedio. Sin embargo, la baja demanda ha moderado estos aumentos, aunque los hoteles cercanos al Estadio Azteca aún presentan precios exorbitantes, hasta diez veces mayores que en un día normal, pero con disponibilidad que evidencia la falta de interés.

La tarifa promedio para el Mundial en la Ciudad de México ronda los 210 dólares por noche, una cifra comparable a la del Gran Premio de México, pero con una proyección de ocupación mucho menor. Esto sugiere que, si bien los precios pueden ser altos, la cantidad de habitaciones ocupadas no compensará la inversión ni la expectativa generada.

El sector de hospedaje es crucial para la derrama económica esperada, con Deloitte estimando que captará alrededor de 412 millones de dólares. Sin embargo, con los niveles de ocupación actuales, esta cifra parece cada vez más lejana, afectando directamente a la tercera industria con mayor peso económico tras la gastronomía y el retail.

La situación es aún más preocupante si se compara con otras sedes. Mientras Monterrey muestra un crecimiento del 7.3 por ciento en reservas aéreas, la Ciudad de México y Guadalajara registran descensos. Guadalajara, de hecho, es la que presenta la mayor caída, con un 3.4 por ciento menos de pasajeros previstos.

Este panorama de bajo rendimiento en la capital del país, a pesar de ser sede del partido inaugural, plantea serias dudas sobre la capacidad de México para capitalizar eventos deportivos de esta magnitud. La organización, que prometía ser un motor de desarrollo turístico y económico, parece estar a medio gas, dejando un sabor amargo a pocos días de su arranque.

La pregunta que queda en el aire es si las autoridades y los empresarios podrán revertir esta tendencia en los próximos días o si el Mundial 2026 en la Ciudad de México se convertirá en un recordatorio de expectativas infladas y realidades decepcionantes. El tiempo dirá si la pasión por el futbol logra, de última hora, llenar los hoteles y aviones de la capital.