Alan Greenspan, la figura que presidió la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos durante 18 años y fue aclamado como un genio por haber guiado una expansión económica sin precedentes, ha fallecido a la edad de 100 años. Su legado, sin embargo, quedó marcado por la crisis financiera que estalló poco después de su retiro.

Greenspan murió el lunes en su residencia de Washington, según confirmó su esposa, Andrea Mitchell, destacada corresponsal de NBC News. Las complicaciones derivadas de la enfermedad de Parkinson fueron la causa de su deceso.

Su prolongada gestión al frente de la Fed, que se extendió desde 1987 hasta principios de 2006, fue testigo de un notable auge bursátil y de niveles de desempleo históricamente bajos. Durante este periodo, Greenspan fue percibido no solo como un líder de la política monetaria estadounidense, sino como el principal artífice del buen desempeño económico del país.

Roger Ferguson, quien fungió como vicepresidente de la Fed entre 1999 y 2006, lo describió como "uno de los grandes banqueros centrales de la segunda mitad del siglo XX, en un contexto global". Ferguson destacó la visión de Greenspan para reconocer el impacto de la tecnología en el incremento de la productividad, lo que permitió un crecimiento económico superior al anticipado y sin presiones inflacionarias.

La propia Reserva Federal emitió un comunicado reconociendo que "el legado del presidente Greenspan perdura en la Reserva Federal: en aquellos a quienes asesoró directamente, en los economistas y funcionarios públicos a quienes inspiró, y en los marcos y prácticas que ayudó a configurar".

El Ícono de las Finanzas Globales

Con su característica imagen tras unas gafas, Greenspan se erigió como un ícono de las finanzas internacionales. Sus discursos televisados y sus comparecencias ante el Congreso tenían la capacidad de mover los mercados, especialmente cuando los operadores financieros y los periodistas lograban descifrar su lenguaje, a menudo enigmático, y enfocarse en palabras clave.

Un ejemplo emblemático de su influencia fue un discurso de 1996, donde planteó la pregunta retórica: "¿Cómo sabemos cuándo la euforia irracional ha disparado indebidamente el valor de los activos, que luego se ven sometidos a contracciones inesperadas y prolongadas, como ha ocurrido en Japón durante la última década?". La frase "euforia irracional" capturó la atención de los inversores, provocando una breve caída bursátil antes de que los mercados se recuperaran con mayor fuerza. Dicha expresión se integró al léxico financiero y se revivió años después con el colapso de las acciones de empresas tecnológicas.

Los mercados financieros desarrollaron una profunda confianza en la capacidad de Greenspan para utilizar las herramientas a su disposición, como las tasas de interés, para estabilizar el mercado bursátil durante las caídas significativas. Esta percepción, conocida coloquialmente como la "opción de venta de Greenspan", fue objeto de críticas por fomentar un "riesgo moral", al dar la impresión de que el comportamiento especulativo del mercado era menos peligroso de lo que realmente era.

Un Periodo de Crecimiento y Sombras

El mandato de Greenspan se ubica como el segundo más extenso en la historia de la presidencia de la Reserva Federal, solo superado por William McChesney Martin Jr. Su gestión coincidió con el período de expansión económica más estable desde la fundación del banco central en 1913, una racha de una década entre marzo de 1991 y marzo de 2001. (Posteriormente, la expansión de 2009-2020 superaría esta marca).

Durante su era, el índice Standard & Poor’s 500 experimentó una revalorización cercana a las cuatro veces su valor, mientras que la economía estadounidense creció a un promedio anual del 3.5%. La tasa de desempleo se mantuvo en un promedio del 5.5%, llegando a un mínimo del 3.8% en abril de 2000, el nivel más bajo registrado desde 1969.

Sin embargo, las tensiones financieras comenzaron a acumularse en los últimos años de su presidencia. Se observó un incremento en la concesión de hipotecas de alto riesgo a compradores de vivienda con capacidad de pago limitada, así como un endeudamiento considerable de los propietarios utilizando el valor de sus casas como garantía. Los bancos de inversión se involucraron en la titulización de estos préstamos hipotecarios, y las empresas ofrecieron protección contra el impago de esta deuda. El sistema financiero, dependiente del continuo aumento de los precios de la vivienda, eventualmente mostró signos de agotamiento.

Las transcripciones de las reuniones de política monetaria de la Fed en 2005 revelaron que el personal y los funcionarios del banco central habían identificado la existencia de una burbuja inmobiliaria. Greenspan, en ese entonces, opinó que "cualquier burbuja que exista en el mercado inmobiliario se está conteniendo en esta etapa, y se está conteniendo en gran medida porque las tasas hipotecarias han subido y están empezando a tener un impacto". A mediados de 2007, la crisis se materializó con la paralización de los préstamos interbancarios, desencadenando una serie de eventos que culminaron en la quiebra de Lehman Brothers Holdings en septiembre de ese año, marcando el inicio de la crisis financiera global.

En retrospectiva, el legado de Greenspan es complejo. Por un lado, se le reconoce su habilidad para navegar la economía estadounidense a través de periodos de crecimiento y estabilidad, impulsado en parte por la revolución tecnológica. Por otro lado, su gestión es inseparable de las políticas que, según muchos analistas, contribuyeron a sentar las bases para la crisis financiera de 2008, evidenciando los riesgos inherentes a la "euforia irracional" y la dependencia de los mercados de la intervención de la Fed.