El Congreso de Nuevo León se ha convertido en el epicentro de una tormenta política que sacude los cimientos del oficialismo. La Comisión Anticorrupción ha dado luz verde para iniciar un juicio político contra el gobernador Samuel García, una decisión que, lejos de ser unánime, ha puesto al descubierto las fisuras y la hipocresía dentro de las filas de Morena.

El Partido Acción Nacional (PAN), principal impulsor de la investigación contra García por presunta triangulación de fondos públicos, no ha escatimado en señalar la vergonzosa ausencia de dos de sus legisladores de Morena en la sesión crucial. Carlos de la Fuente Flores, líder de la bancada panista, no ocultó su sorpresa y descontento ante la actitud de los morenistas, quienes, a pesar de haber promovido la denuncia inicial, decidieron dar la espalda en el momento decisivo.

"Hoy nos sentimos sorprendidos que ni con el llamado de su dirigencia Estatal ni con el llamado de su delegado federal en Nuevo León se hayan presentado los compañeros de Morena, pero quienes realmente somos oposición en Nuevo León el PAN, PRI, PRD aquí estuvimos en la comisión", declaró De la Fuente Flores, evidenciando la falta de compromiso y la evidente división que aqueja a Morena.

La denuncia contra Samuel García, que ahora desemboca en un juicio político, se fundamenta en señalamientos de desvío de recursos federales y estatales. Según la dirigencia de Morena en Nuevo León, encabezada por Anabel Alcocer, los fondos habrían sido triangulados a través de proveedores del gobierno para terminar en un despacho fiscal y de abogados donde tiene vínculos el padre del gobernador, Samuel Orlando García Mascorro, e incluso su esposa, la influencer Mariana Rodríguez.

La solicitud formal de juicio político por parte de Morena se presentó el pasado 8 de junio, marcando un punto de inflexión en la relación entre el ejecutivo estatal y el poder legislativo. Sin embargo, la sesión de la Comisión Anticorrupción, celebrada este viernes, reveló una estrategia de evasión por parte de algunos miembros de Morena, quienes prefirieron la discreción a la confrontación abierta.

De los diputados morenistas convocados, solo la diputada Grecia Benavides acudió a la reunión, acompañada por la dirigente estatal Anabel Alcocer. En contraste, los legisladores Mario Soto Esquer y Rodrigo Montemayor Romero brillaron por su ausencia. A ellos se sumó la falta de Claudia Chapa Marmolejo, del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), un aliado natural de Morena, lo que sugiere una coordinación tácita para evitar la exposición.

Esta maniobra de Morena no solo debilita su postura como partido fiscalizador, sino que también genera serias dudas sobre la autenticidad de sus acusaciones. ¿Por qué promover una denuncia y luego evitar el debate y la votación en la comisión encargada de procesarla? Las respuestas apuntan a intereses ocultos, presiones políticas o, peor aún, a una estrategia calculada para deslindarse de un proceso que podría resultar incómodo o perjudicial para sus propias aspiraciones.

El PAN, por su parte, ha capitalizado esta situación para reafirmar su papel como la verdadera oposición en Nuevo León. Al destacar la asistencia de sus representantes y la de sus aliados del PRI y PRD, mientras Morena se replegaba, el partido blanquiazul se posiciona como un actor firme y comprometido con la rendición de cuentas, en contraposición a la ambigüedad y el oportunismo de sus adversarios.

La Comisión Anticorrupción, tras dar el visto bueno al juicio contra el gobernador, ha establecido un plazo para que Samuel García responda y designe a su representante jurídico, fijado para el próximo 23 de junio. Este plazo abre un nuevo capítulo en esta saga política, donde las estrategias de defensa y las posibles alianzas se pondrán a prueba.

La ausencia de los diputados de Morena no es un hecho menor. Refleja una profunda división interna y una falta de cohesión que podría tener repercusiones significativas en el futuro político del partido. Mientras el PAN se consolida como una fuerza de oposición vigilante, Morena parece estar más preocupado por protegerse de sus propias contradicciones que por ejercer un escrutinio efectivo sobre el gobierno estatal.

Este episodio subraya la fragilidad de las alianzas y la volatilidad de la política mexicana. La jugada de Morena, al intentar desmarcarse de un proceso que ellos mismos iniciaron, podría resultar contraproducente, erosionando aún más la confianza de los ciudadanos y fortaleciendo la narrativa de un partido que, en la práctica, parece más interesado en la conveniencia política que en la justicia.

El juicio político contra Samuel García apenas comienza, pero las ausencias ya hablan por sí solas. La política en Nuevo León se tiñe de sospechas y de un juego de sombras donde los verdaderos perdedores podrían ser la transparencia y la rendición de cuentas, pilares fundamentales de una democracia sana.

El PAN ha logrado poner en evidencia la debilidad y las contradicciones de Morena en este caso. La pregunta que queda en el aire es si esta estrategia de evasión por parte de los morenistas les permitirá salir indemnes o si, por el contrario, los hundirá aún más en el descrédito político.