En un claro reflejo de las fracturas internas y la desesperación por mantener relevancia en bastiones opositores, la maquinaria de Morena ha puesto en marcha un proceso para definir a sus "coordinadores" estatales, con un total de diez aspirantes registrados para la plaza de Querétaro, un estado firmemente bajo el control del Partido Acción Nacional (PAN).
Este movimiento, lejos de ser una muestra de fortaleza, evidencia la pugna constante por el poder y los recursos dentro del partido que actualmente ostenta la Presidencia de la República. La elección de un "coordinador" en Querétaro, un cargo que en la práctica busca emular una dirigencia partidista, se convierte en un campo de batalla donde las facciones internas de Morena buscan imponer su agenda y asegurar posiciones de cara a futuros procesos electorales.
Santiago Nieto Castillo, exdirector de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) y figura conocida por su cercanía al gobierno federal, destaca entre los registrados. Su método de inscripción, realizado en línea, contrasta con la modalidad presencial que habrían seguido los otros nueve aspirantes, un detalle que podría interpretarse como una muestra de pragmatismo o, para sus rivales internos, como un privilegio otorgado por la cúpula.
La 4T, como se autodenomina la corriente política encabezada por la Presidenta Claudia Sheinbaum, parece estar invirtiendo una energía considerable en esta contienda estatal. Ello, a pesar de que Querétaro ha demostrado ser un bastión panista sólido en las últimas décadas. La pregunta que surge es si esta inversión de tiempo y recursos en una batalla interna es la estrategia más adecuada, o si se trata de una distracción costosa que podría mermar aún más las ya menguantes posibilidades de Morena en la entidad.
Históricamente, Morena ha tenido dificultades para penetrar el electorado queretano, un estado con una base conservadora y una preferencia marcada por las administraciones del PAN. La presencia de figuras como Santiago Nieto, aunque mediática, no garantiza automáticamente una victoria o siquiera una competencia real contra la maquinaria panista local, que suele operar con mayor cohesión en su propio territorio.
El proceso de selección de "coordinadores" en Morena ha sido objeto de críticas recurrentes. A menudo se percibe como un método opaco, donde las decisiones finales recaen en las cúpulas partidistas, y los registros masivos de aspirantes sirven más para legitimar un proceso predeterminado que para una elección genuina. La competencia entre los diez registrados en Querétaro podría ser, en realidad, una fachada para la imposición de un candidato ya elegido por las altas esferas del partido.
La estrategia de Morena en Querétaro, en este contexto, parece ser más una operación de control interno y de movilización de sus bases leales que un intento serio por conquistar un territorio adverso. La energía gastada en esta pugna podría ser redirigida hacia la consolidación de su proyecto a nivel nacional o hacia la preparación de campañas en estados donde sus posibilidades sean más realistas.
Analistas políticos señalan que este tipo de procesos internos, especialmente en estados donde la oposición es fuerte, suelen ser un síntoma de debilidad. En lugar de presentar un frente unido y atractivo para el electorado general, Morena se enfrasca en luchas intestinas que desgastan su imagen y dividen a sus militantes. La atención puesta en Querétaro podría ser una señal de que el partido busca mantener una presencia, aunque sea simbólica, en todos los estados, independientemente de sus posibilidades reales de triunfo.
La figura de Santiago Nieto, con su pasado en la UIF, le otorga un perfil mediático importante. Sin embargo, su capacidad para traducir esa notoriedad en votos para Morena en Querétaro es una incógnita. Los otros nueve aspirantes, aunque menos conocidos a nivel nacional, representan las diversas corrientes y grupos de interés dentro del partido en la entidad, y su competencia podría ser feroz.
El PAN, por su parte, observa con atención estas dinámicas. La división y el desgaste de Morena en su territorio son, en sí mismos, una ventaja para el partido blanquiazul. La estrategia del PAN en Querétaro probablemente se centrará en capitalizar estas debilidades internas de su adversario, reforzando su propia plataforma y apelando a la estabilidad y experiencia de gobierno que ha ofrecido en la entidad.
La decisión de Morena de enfocar recursos en Querétaro, un estado gobernado por el PAN, plantea interrogantes sobre la priorización de sus objetivos políticos. ¿Se trata de una estrategia a largo plazo para erosionar el poder de la oposición, o de una maniobra para satisfacer las demandas de sus cuadros internos y mantenerlos ocupados? La respuesta a estas preguntas definirá el impacto real de esta contienda interna en el panorama político mexicano.
En última instancia, la pugna por la "coordinación" de Querétaro por parte de Morena se perfila como un capítulo más en la compleja y a menudo contradictoria estrategia del partido oficialista. Mientras la Presidenta Sheinbaum busca consolidar su proyecto a nivel nacional, las bases y los cuadros partidistas se enfrascan en batallas locales que, si bien pueden ser cruciales para sus carreras individuales, a menudo distraen de los objetivos mayores y exponen las fracturas internas del movimiento.
La competencia entre los diez aspirantes, con Santiago Nieto a la cabeza mediática, servirá como un barómetro de las fuerzas internas de Morena en Querétaro. Sin embargo, el verdadero desafío para el partido no será ganar esta contienda interna, sino demostrar que puede ofrecer una alternativa viable y atractiva para el electorado queretano, un reto que, a juzgar por la historia reciente, se antoja monumental.