La pugna interna en Morena ha escalado a niveles insospechados, esta vez con un capítulo vergonzoso en la alcaldía Xochimilco. Un sector de la militancia, incluyendo concejales y dirigentes seccionales, ha emitido un comunicado para desmarcarse públicamente de una solicitud de revocación de mandato impulsada contra la actual alcaldesa, Circe Camacho.

Este movimiento, lejos de ser un acto de unidad, pone de manifiesto las profundas grietas que fracturan al partido guinda en la Ciudad de México. La petición de revocación, presentada ante el Instituto Electoral de la Ciudad de México (IECM), proviene de otro grupo de morenistas y ex funcionarios que, según las fuentes, están vinculados al ex alcalde José Carlos Acosta Ruiz. Acosta Ruiz, quien ostenta un cargo relevante como coordinador general de Capital Humano en la Secretaría de Administración y Finanzas, parece estar orquestando una jugada política para desestabilizar a la actual administración.

La reacción del grupo que se deslindó no se hizo esperar. En un intento por limpiar su imagen y distanciarse de lo que consideran una "maniobra política mezquina", emitieron un comunicado en el que aclaran su total apoyo a la gestión de Circe Camacho. Señalan que la solicitud de revocación de mandato carece de fundamento y que responde a intereses personales y de facción, más que a una genuina preocupación por el bienestar de los ciudadanos de Xochimilco.

Este cisma interno no es un hecho aislado. Refleja la constante lucha por el poder y las cuotas de influencia dentro de Morena, un partido que, a pesar de su discurso de unidad y transformación, parece estar sumido en disputas intestinas que minan su credibilidad y eficacia. La alcaldía Xochimilco se convierte así en un microcosmos de los problemas que aquejan a la 4T a nivel nacional: divisiones internas, acusaciones cruzadas y una aparente incapacidad para gobernar con cohesión.

La figura de José Carlos Acosta Ruiz emerge como un actor clave en esta trama. Su cercanía con la administración capitalina, a pesar de estar vinculado a la oposición a la alcaldesa actual, levanta serias sospechas sobre el uso de recursos y la influencia política para orquestar ataques internos. La Secretaría de Administración y Finanzas, bajo su coordinación, se convierte en un foco de atención, pues se especula sobre la posibilidad de que se estén utilizando recursos o información privilegiada para fines partidistas.

Por su parte, la alcaldesa Circe Camacho se encuentra en una posición delicada. Si bien cuenta con el respaldo de un sector de su partido, la amenaza de una revocación de mandato, orquestada desde las sombras por figuras internas, representa un obstáculo significativo para su gestión. La batalla legal y política que se avecina en el IECM será crucial para definir el futuro de su administración y, de paso, para evidenciar la salud democrática de Morena en la capital.

Los ciudadanos de Xochimilco son, una vez más, los espectadores y, en última instancia, los afectados por estas rencillas políticas. Mientras los líderes de Morena se enfrascan en luchas de poder, las necesidades y demandas de la población corren el riesgo de quedar relegadas a un segundo plano. La falta de unidad y la prevalencia de intereses personales sobre el bien común son un patrón preocupante que se repite en diversas demarcaciones gobernadas por el partido en el poder.

Este episodio en Xochimilco es una clara señal de alerta para Morena. Si no logran sanar sus heridas internas y establecer mecanismos de diálogo y resolución de conflictos efectivos, corren el riesgo de perder la confianza de la ciudadanía y de ver mermada su capacidad para gobernar. La imagen de un partido fracturado y en constante conflicto interno no es la que prometieron al llegar al poder.

La pregunta que queda en el aire es si la dirigencia nacional de Morena intervendrá para poner orden en Xochimilco, o si permitirá que estas pugnas internas sigan erosionando la imagen y la fuerza del partido. La respuesta a esta interrogante definirá, en gran medida, el rumbo de Morena en la Ciudad de México y su capacidad para mantener el control de las alcaldías en futuros procesos electorales.

El IECM ahora tiene la tarea de analizar la solicitud de revocación de mandato y determinar su procedencia. Sin embargo, más allá de la decisión técnica, este caso ya ha expuesto la fragilidad de la unidad morenista y la compleja red de intereses que operan en su interior. La política en la capital del país sigue demostrando ser un campo de batalla donde las lealtades son volátiles y las ambiciones, desmedidas.

La desvinculación de este grupo de morenistas es un golpe directo a la estrategia de quienes buscan remover a Camacho. Demuestra que la narrativa de un ataque externo o de una inconformidad generalizada no es del todo cierta, sino que se trata de una disputa intestina con nombres y apellidos. La unidad que pregona Morena parece ser, en muchos casos, una fachada que oculta profundas divisiones.

El futuro de Xochimilco pende de un hilo, y la resolución de esta disputa interna en Morena será determinante. Los ciudadanos esperan que se priorice la gobernabilidad y el bienestar colectivo por encima de las rencillas personales y las luchas por el poder que tanto daño hacen a la democracia.