En un claro despliegue de autoritarismo y desdén por la experiencia, la bancada de Morena en la Cámara de Diputados ha dado la espalda a una de sus propias figuras prominentes: Olga Sánchez Cordero. La exministra de la Suprema Corte y actual diputada presentó una serie de reservas cruciales para la llamada "Reforma Judicial 2.0", buscando dotar de mayor solidez técnica y estabilidad al sistema de justicia del país. Sin embargo, sus argumentos y propuestas fueron barridos sin contemplación por la mayoría oficialista, demostrando una vez más la cerrazón del partido en el poder ante cualquier atisbo de crítica o mejora sustancial.
La propuesta de Sánchez Cordero no era menor. Buscaba, entre otras cosas, fortalecer los criterios técnicos y laborales para la selección y permanencia de jueces y magistrados. En particular, planteó que los comités encargados de evaluar a los aspirantes al Poder Judicial estuvieran integrados por especialistas con al menos una década de experiencia profesional y una trayectoria reconocida. Además, sugirió que estos comités contaran con representación de los tres poderes, un intento por democratizar y dar legitimidad a un proceso que, de otra manera, podría caer en manos de intereses partidistas.
"Los exámenes de conocimiento deben ser elaborados por la Escuela Nacional de Formación Judicial, y el Comité valorará la idoneidad con base en trayectoria, honestidad y entrevista de los candidatos", sentenció la legisladora desde la tribuna, en un llamado a la sensatez que pareció caer en oídos sordos. Sus planteamientos iban dirigidos a evitar que la reforma, que busca aplazar la elección judicial hasta 2028, se convirtiera en un mero instrumento de control político, minando la independencia y la autonomía del Poder Judicial.
La exministra también puso sobre la mesa la necesidad de elevar los requisitos para ocupar cargos judiciales. Propuso que los aspirantes a ministros tuvieran al menos 10 años de experiencia, y los jueces y magistrados, cinco años de práctica judicial, además de la implementación de certificaciones de competencias. Estas medidas, lejos de ser caprichosas, responden a la necesidad de garantizar que quienes imparten justicia posean el conocimiento, la experiencia y la integridad necesarias para tan delicada labor.
Uno de los puntos más sensibles abordados por Sánchez Cordero fue la prevención del uso del régimen disciplinario como herramienta de presión dentro del Poder Judicial. La legisladora buscó establecer reglas claras para evitar que las facultades disciplinarias se convirtieran en un arma arrojadiza contra jueces y magistrados que no se alinearan con la agenda del gobierno. Asimismo, planteó la protección de los derechos laborales e indemnizaciones de los trabajadores judiciales, un aspecto fundamental para la estabilidad y el buen funcionamiento de la institución.
La propuesta de Sánchez Cordero también contemplaba la renovación escalonada del Tribunal de Disciplina Judicial y del órgano de administración. El objetivo era claro: garantizar la continuidad institucional y evitar concentraciones de poder que pudieran derivar en abusos o en la captura del sistema por intereses particulares. Su visión era la de un Poder Judicial robusto, independiente y con mecanismos de control y contrapeso efectivos.
"No se trata de echar atrás lo construido, sino de hacerlo más sólido, más técnico y más legítimo. Construyamos bien desde ahora. Pensemos en un modelo sólido, que no tengamos que estar corrigiendo en cada ciclo electoral", afirmó la diputada, apelando a la responsabilidad histórica de los legisladores. Sus palabras resonaban con la urgencia de construir un sistema de justicia que inspire confianza y certeza jurídica, pilares fundamentales de un Estado de Derecho.
Sin embargo, la respuesta de la mayoría morenista fue contundente y desalentadora. Tras una deliberación que, según los reportes, fue breve y superficial, la Mesa Directiva consultó a la asamblea. La decisión fue unánime en su rechazo: las reservas de Olga Sánchez Cordero fueron desechadas a mano alzada, manteniendo intacto el dictamen original. Este acto no solo representa un golpe a la experiencia y al conocimiento de una de sus propias legisladoras, sino que también subraya la tendencia del gobierno de la Cuarta Transformación a imponer su voluntad sin escuchar voces críticas, incluso dentro de sus filas.
La "Reforma Judicial 2.0", tal como está planteada y ahora aprobada sin las correcciones propuestas, corre el riesgo de convertirse en un instrumento más para el control político del Poder Judicial. Al ignorar las advertencias de una exministra de la Corte, Morena demuestra una preocupante falta de interés en fortalecer la independencia judicial y, en cambio, parece priorizar la consolidación de su poder sobre la justicia y la legalidad.
Este episodio pone de manifiesto las profundas fisuras dentro de Morena y la creciente desconexión entre la cúpula del partido y las voces que, con conocimiento de causa, intentan advertir sobre los peligros de ciertas políticas. La decisión de desechar las propuestas de Sánchez Cordero no es solo un revés para ella, sino una señal alarmante para el futuro del sistema judicial mexicano, que parece encaminarse hacia una mayor politización y un debilitamiento de su autonomía.
La actitud de la bancada guinda en San Lázaro es un reflejo de la soberbia que a menudo caracteriza a los gobiernos con mayoría absoluta. En lugar de buscar el consenso y la mejora a través del debate informado, optan por la imposición, ignorando las voces expertas y las advertencias legítimas. Este proceder no solo debilita las instituciones, sino que también erosiona la confianza de la ciudadanía en el sistema político y judicial.
El futuro de la justicia en México pende de un hilo, y decisiones como esta, tomadas a espaldas de la experiencia y el conocimiento, solo auguran un panorama sombrío. La "Reforma Judicial 2.0", despojada de las salvaguardas propuestas por Olga Sánchez Cordero, se perfila como un paso más hacia la concentración de poder y la erosión de la independencia judicial, un golpe directo a los principios democráticos que tanto pregonan.