El PRI no se guardó nada y lanzó una ofensiva verbal sin precedentes contra el expresidente Andrés Manuel López Obrador, descalificando su reciente carta de respaldo a Claudia Sheinbaum y su injerencia en la política exterior mexicana. Rubén Moreira, coordinador de la bancada tricolor en San Lázaro, calificó al tabasqueño de "muy metiche", advirtiendo que la intervención de un exmandatario en asuntos de Estado es perjudicial para México.

La misiva de AMLO, difundida en redes sociales y dirigida implícitamente a Donald Trump, ha sido catalogada por los priistas como "torpe, inoportuna e imprudente". Moreira enfatizó que un exjefe del Ejecutivo no debe inmiscuirse en temas de política exterior, especialmente en un momento de "alta tensión" con Estados Unidos, calificando el acto como una "intromisión innecesaria".

El legislador priista señaló que López Obrador se autoerige como "líder moral de Morena" en su carta, lo que, según su análisis, genera "dudas sobre la conducción política del movimiento gobernante". Esta autoproclamación, argumentó, es una clara señal de las fisuras internas y la pugna por el control dentro del partido guinda.

Moreira no se detuvo ahí y responsabilizó directamente al expresidente por el "deterioro de la imagen de México en materia de seguridad". La estrategia de "abrazos, no balazos", según el priista, debilitó las instituciones encargadas de la inteligencia y la seguridad nacional, dejando al país vulnerable.

La artillería priista se extendió al Senado, donde figuras como Alejandro Moreno y Carolina Viggiano se sumaron a la crítica. "El Pípila" Moreno no se anduvo con rodeos y lanzó acusaciones gravísimas, tildando a AMLO de "pinche narcopresidente", "narcopolítico de mierda", "cínico, corrupto y sinvergüenza" que "abrió la puerta grande a los cárteles del crimen organizado".

Moreno Cárdenas afirmó que López Obrador se "alió con ellos para llegar al poder y les permitió matar impunemente a cientos de miles de mexicanos con tal de recibir su apoyo electoral". Estas declaraciones pintan un cuadro sombrío de la relación entre el poder y el crimen durante el sexenio pasado, según la perspectiva del PRI.

El líder del PRI cuestionó la pretensión de AMLO de erigirse como "estadista" defendiendo la soberanía, cuando, según él, "entregó el país al crimen organizado". La carta, en lugar de ser un acto de defensa nacional, fue vista como un intento de "ajustar cuentas personales" y lanzar "comparaciones irresponsables con el nazismo".

La senadora Carolina Viggiano, por su parte, ironizó sobre la "reaparición" de López Obrador, sugiriendo que "siempre ha estado detrás de la agenda", insinuando una manipulación constante desde la sombra. La carta, para Viggiano, es una prueba de que Morena y la "presidenta" (Sheinbaum) "tienen el bastón, pero no el mando", evidenciando una falta de autonomía y control real.

Claudia Anaya, otra senadora priista, remató con una acusación directa sobre el "pavor" que, según ella, tiene Morena a la justicia estadounidense. "Suplica AMLO que por el bien de todos narco morenistas regrese el otro Trump. Le tienen pavor a la justicia", sentenció, vinculando la carta a un intento desesperado por evitar posibles revelaciones sobre nexos con el crimen organizado.

La crítica del PRI se centra en la percepción de que la carta de AMLO no es un acto de defensa de la soberanía o de apoyo genuino a Sheinbaum, sino una maniobra desesperada para protegerse a sí mismo y a su movimiento de las consecuencias de sus políticas y posibles investigaciones en el extranjero.

El PRI argumenta que la intervención de López Obrador en la política exterior, especialmente en un momento tan delicado de la relación bilateral México-Estados Unidos, es irresponsable y contraproducente. Consideran que sus acciones solo sirven para complicar el panorama y generar inestabilidad, en lugar de fortalecer la posición de México en el escenario internacional.

La andanada priista subraya la profunda división y desconfianza que existe entre las fuerzas políticas del país. La carta de AMLO, lejos de ser un gesto unificador, se ha convertido en un nuevo campo de batalla político, donde las acusaciones van desde la injerencia indebida hasta la complicidad con el crimen organizado.

El PRI busca capitalizar el descontento y la crítica hacia el expresidente y su movimiento, presentándose como una alternativa seria y responsable frente a lo que consideran un gobierno errático y corrupto. La estrategia es clara: asociar a Morena y a sus figuras clave con la ineficacia, la corrupción y la debilidad institucional.

La intervención de López Obrador, según el PRI, demuestra un patrón de comportamiento egocéntrico y una falta de respeto por las instituciones y las normas democráticas. Su deseo de seguir influyendo en la política nacional, incluso después de dejar la presidencia, es visto como una amenaza a la estabilidad y al futuro del país.