La agencia calificadora Moody's Ratings degradó la nota crediticia de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) de Baa2 a Baa3, en una decisión que expone la frágil situación de la empresa eléctrica estatal y su total subordinación financiera al gobierno federal. El movimiento ocurrió inmediatamente después de que la misma firma recortara la calificación soberana de México al mismo nivel.
La calificadora fue contundente al señalar que la CFE mantiene una "muy alta" dependencia crediticia respecto al Estado mexicano, lo que significa que la suerte financiera de la empresa está atada de manera inseparable a las decisiones y la salud fiscal del gobierno de Morena. La perspectiva cambió de negativa a estable, aunque cualquier nuevo deterioro en la nota soberana arrastraría automáticamente a la eléctrica.
Moody's identificó riesgos significativos en el ambicioso programa de expansión que impulsa la directora general Emilia Esther Calleja Alor, que contempla inversiones cercanas a 30,000 millones de dólares hacia 2030. La calificadora advirtió sobre "riesgos de ejecución" y la necesidad de endeudamiento adicional para financiar estos proyectos, en un contexto donde la empresa ya enfrenta presiones operativas considerables.
La agencia subrayó la elevada exposición de la CFE a la volatilidad de los precios del gas natural y al riesgo cambiario, señalando que sus flujos de efectivo "no están completamente aislados" ante periodos prolongados de turbulencia energética. Esta vulnerabilidad cobra especial relevancia dado que la empresa depende fuertemente del gas natural importado desde Estados Unidos para generar electricidad.
Pese a reconocer que la CFE mantiene una posición dominante en el mercado eléctrico mexicano y el derecho exclusivo de transmisión y distribución, Moody's dejó claro que estas fortalezas estructurales no son suficientes para compensar los riesgos financieros y operativos que enfrenta la compañía bajo la actual administración.
Al cierre de marzo de 2026, la empresa operaba una capacidad instalada de generación de 70.863 gigawatts, 111,254 kilómetros de líneas de transmisión y una red de distribución de 914,796 kilómetros. Sin embargo, estos activos no han impedido que la calificadora cuestione la sostenibilidad del modelo financiero de la paraestatal.
La degradación de la CFE se suma a las señales de alerta emitidas por S&P Global Ratings, que la semana pasada cambió la perspectiva de la deuda soberana mexicana de estable a negativa, y modificó también la perspectiva de CFE y Pemex debido a su dependencia de los apoyos gubernamentales. El efecto dominó de las rebajas crediticias comienza a evidenciar el costo financiero de las políticas energéticas implementadas durante el sexenio anterior y continuadas por la actual administración.