Zacatecas enfrenta una encrucijada política que determinará el futuro de la entidad: la disputa por la Coordinación para la Defensa de la Cuarta Transformación se ha convertido en el campo de batalla donde se decidirá si la familia Monreal extiende su dominio o si, por primera vez en años, se abre paso a una renovación genuina.

La contienda interna de Morena en el estado no es un simple proceso de selección. Quien gane esta coordinación obtendrá automáticamente la candidatura a la gubernatura para 2027, convirtiendo la elección en un premio mayor que el monrealismo no está dispuesto a ceder sin pelear.

Durante años, el clan ha mantenido un férreo control sobre las estructuras políticas zacatecanas, consolidando un poder que muchos consideran dinástico y que ha generado crecientes cuestionamientos dentro y fuera del partido guinda. Las voces que exigen relevo se multiplican, pero la maquinaria familiar sigue operando a toda marcha.

La pregunta que resuena en pasillos y plazas es si Morena permitirá que una sola familia se perpetúe en el poder estatal, contradiciendo el discurso de renovación y combate a las viejas prácticas que el movimiento pregonó en sus orígenes. La respuesta llegará en los próximos meses, cuando la militancia y la dirigencia nacional deban elegir entre continuidad o cambio.

Mientras tanto, el monrealismo despliega toda su influencia para mantener las riendas, en una demostración de que el poder, una vez conquistado, rara vez se entrega voluntariamente. Zacatecas observa, dividida entre la lealtad a viejos liderazgos y el anhelo de nuevas opciones.

La contienda de 2027 promete ser más que una elección: será un referéndum sobre si las dinastías políticas tienen cabida en la llamada Cuarta Transformación, o si finalmente el discurso de cambio se traducirá en hechos concretos en tierras zacatecanas.