La Selección Mexicana ha demostrado una vez más que jugar en casa es una ventaja significativa, logrando un hito histórico en el Mundial 2026 al completar la fase de grupos con paso perfecto y sin recibir gol alguno. Este desempeño no solo resalta la fortaleza del equipo, sino que también evoca recuerdos de actuaciones pasadas memorables cuando México ha tenido el honor de ser anfitrión.
En la presente edición del torneo, compartida con Canadá y Estados Unidos, el combinado nacional ha superado todas las expectativas. Las victorias ante Sudáfrica (2-0), Corea del Sur (1-0) y una contundente goleada sobre Chequia (3-0) sellaron un boleto a la siguiente ronda con la portería inmaculada. Este logro iguala marcas de selecciones campeonas del mundo como Brasil, Italia, Uruguay y Argentina, además de Holanda, subrayando la magnitud de la hazaña.
La racha positiva se extiende más allá de la fase de grupos de este torneo, sumando cuatro triunfos consecutivos si se considera el último partido de Qatar 2022 contra Arabia Saudita (2-1). Con este impulso, México se prepara para enfrentar los desafíos venideros, con la mira puesta en alcanzar al menos los octavos de final y, por qué no, soñar con ir más allá, aprovechando el innegable apoyo de su afición.
El Legado de 1986: Acariciando la Gloria
Recordando ediciones anteriores, el Mundial de 1986, celebrado íntegramente en México, es un claro ejemplo del potencial del equipo como anfitrión. En aquella justa, el Tri llegó hasta los cuartos de final, quedándose a las puertas de las semifinales tras un reñido encuentro contra Alemania.
Durante la fase de grupos de 1986, la Selección Mexicana encendió la pasión de los aficionados en el Estadio Azteca. El debut fue contra una aguerrida Bélgica, que contaba con el legendario portero Jean Marie Pfaff, pero no pudo contener la ofensiva mexicana, que se impuso por 2-1.
El camino continuó con un empate ante Paraguay, un resultado que, si bien no fue una victoria, mantuvo al equipo en la pelea. Posteriormente, un sufrido triunfo por 1-0 contra Irak aseguró la calificación a la siguiente ronda. En los octavos de final, México superó a Bulgaria por 2-0, demostrando solidez defensiva y eficacia ofensiva.
El enfrentamiento contra Alemania en cuartos de final se definió en una tensa tanda de penales, tras un empate a cero en el tiempo reglamentario. Aunque el resultado oficial se considera un empate, la eliminación en casa dejó un sabor agridulce, pero también la marca de un equipo que compitió sin conocer la derrota en el tiempo regular.
1970: La Otra Cara de la Fortaleza Defensiva
La gesta de 2026 no es la primera vez que México concluye la fase de grupos sin recibir anotaciones. En el Mundial de 1970, también celebrado en suelo mexicano, la selección logró la hazaña de mantener su portería a cero durante los tres partidos de la primera ronda.
Sin embargo, en esa ocasión, un empate sin goles contra la Unión Soviética impidió un paso perfecto en la fase de grupos. A pesar de ello, México mostró su contundencia al golear 4-0 a El Salvador y vencer 1-0 a Bélgica, asegurando su avance.
La única derrota que registra México como anfitrión en la historia de los Mundiales ocurrió en los cuartos de final de la justa de 1970, al caer 4-1 ante Italia, que a la postre sería subcampeona del torneo. Este resultado, aunque doloroso, no empaña el desempeño general del equipo en casa.
En retrospectiva, como anfitrión mundialista, México ha disputado un total de 12 partidos, de los cuales ha salido victorioso en ocho, ha empatado tres y solo ha conocido la derrota en una ocasión. Estas estadísticas reflejan una notable fortaleza y una conexión especial con la afición cuando el torneo se juega en territorio nacional, sentando un precedente positivo para las aspiraciones en el Mundial 2026 y futuras ediciones.
El contexto de ser anfitrión en un Mundial va más allá de la logística y la infraestructura; implica una conexión emocional profunda con la afición y una presión adicional que, para México, históricamente se ha traducido en un rendimiento destacado. La organización conjunta del Mundial 2026 con Estados Unidos y Canadá presenta un nuevo escenario, pero la esencia de jugar ante su gente sigue siendo un factor determinante para el desempeño del Tri.
Analistas deportivos señalan que la familiaridad con las canchas, el clima y el apoyo incondicional de las gradas crean un ambiente propicio para que los jugadores desplieguen su máximo potencial. La fase de grupos perfecta en 2026 no es solo un logro estadístico, sino la confirmación de que México, cuando se trata de ser anfitrión, se transforma y compite al más alto nivel.
Las implicaciones de este éxito inicial son significativas. No solo eleva la moral del equipo y la confianza de los aficionados, sino que también posiciona a México como un contendiente serio en las fases eliminatorias. La expectativa ahora es alta, y el país entero espera que esta racha invicta se mantenga y culmine en una actuación histórica para el fútbol mexicano.
Históricamente, la presión de ser anfitrión puede ser abrumadora, pero el equipo mexicano ha sabido canalizarla en energía positiva. La experiencia acumulada en ediciones anteriores, como 1970 y 1986, proporciona un bagaje invaluable para afrontar los desafíos que se presenten en las rondas de eliminación directa.
El camino hacia la gloria en un Mundial es arduo, pero el paso firme de México en la fase de grupos del 2026, jugando en casa y con su gente, sienta las bases para un futuro prometedor en el torneo. La afición mexicana, conocida por su pasión y entrega, sin duda seguirá siendo el jugador número 12, impulsando al equipo hacia sus metas.