El Estadio Ciudad de México, rebautizado para la ocasión como el majestuoso "Coloso de Santa Úrsula", fue testigo de un arranque espectacular para la Copa del Mundo 2026. Más de 88 mil almas se congregaron para presenciar la victoria de la Selección Mexicana sobre Sudáfrica, un triunfo que resonó con dos goles, uno de la potencia de Julián Quiñones y otro emotivo de Raúl Jiménez, dedicado a su padre.
La jornada inaugural, sin embargo, estuvo lejos de ser una postal idílica. La metrópoli se vio sumida en un caos vehicular sin precedentes, con cierres viales que pusieron a prueba la paciencia de propios y extraños. A esto se sumaron las manifestaciones de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y de colectivos de madres buscadoras, quienes aprovecharon la atención mediática para alzar su voz, evidenciando las tensiones sociales que persisten bajo la superficie de la fiesta deportiva.
El transporte público tampoco fue ajeno a la problemática. Varias estaciones del Metro reportaron interrupciones, y el Tren Ligero, vital para el acceso al recinto, operó bajo estrictos controles, permitiendo el paso únicamente a quienes portaban boleto o acreditación, una medida que, si bien buscaba la seguridad, generó cuellos de botella y frustración.
Dentro del "ajolotizado" Estadio Azteca, la expectación era palpable. Se vivió el debut de Gilberto Mora, el joven prodigio de apenas 17 años, convirtiéndose en el jugador más joven en disputar un Mundial. La presencia de Guillermo Ochoa en la banca, en lo que sería su sexto mundial, generó debate, mientras que el técnico Javier Aguirre, a pesar de la victoria, mostraba un semblante de inconformidad, exigiendo un tercer gol que no llegó.
Los "afortunados" asistentes, como se autodenominaban, compartían una mezcla de euforia y resignación. El sueño de vivir un Mundial en casa se cumplía, pero el alto costo de los boletos, que en reventa alcanzaban los 40 mil pesos, y los exorbitantes precios de las bebidas, como los 290 pesos por un vaso de cerveza, dejaban un sabor agridulce. "Ya cuando estás aquí ni lo piensas", comentaba un aficionado, intentando justificar el desembolso.
La ceremonia de inauguración, desplegada sobre el césped como un "universo paralelo dorado", buscó evocar la riqueza cultural de México. Penachos, bailarines, fuegos artificiales y un imponente letrero de la FIFA conformaron el escenario. La voz de Lila Downs, entonando en lenguas originarias y español, dio la bienvenida a los "Pueblos del mundo".
El espectáculo musical incluyó un recorrido por el rock mexicano con Maná y sus éxitos, seguido por temas del álbum oficial de la Copa del Mundo. Belinda y Los Ángeles Azules interpretaron "Por ella", mientras que Danny Ocean aportó su ritmo. Sin embargo, la respuesta del público fue moderada, con celebraciones de goles breves y olas que apenas circundaban el estadio.
El repertorio continuó con J Balvin y culminó con "Dai Dai", el tema oficial de la Copa del Mundo, interpretado por Shakira y Burna Boy. A pesar de los esfuerzos, la conexión del público con las nuevas canciones no fue la esperada. Las comparaciones con el icónico "Waka, Waka" de Sudáfrica 2010 eran inevitables, y muchos expresaron su anhelo por más temas conocidos y coreables.
"Siento que el espectáculo está más hecho para televisión que para acá", lamentó un asistente, aunque reconoció que el ambiente general era "chingón". La nostalgia por "Waka, Waka" se hizo presente, con comentarios como "Faltó un 'Waka, Waka' para los sudafricanos" y la sensación de que "Dai Dai" no logró el mismo impacto.
La participación de Shakira, aunque esperada, no logró replicar la magia de 2010. "Con Shakira todo pega, todo tiene bien", comentó una fan, pero la realidad es que "Dai Dai" no se convirtió en el himno esperado. La opinión generalizada fue que, si bien el show fue "padrísimo", faltó esa chispa que conectara de manera masiva con la audiencia presente.
El debate sobre la selección musical y la producción del evento se extendió entre los aficionados. Algunos extrañaron más temas de Maná, mientras que otros defendieron "Dai Dai" como la mejor de las canciones oficiales intentadas para el Mundial, aunque reconocieron que "Waka Waka es historia aparte". La sensación predominante fue que, a pesar de los esfuerzos, la inauguración no alcanzó las expectativas generadas, dejando un espacio para la mejora en futuras ceremonias.
La organización del evento, si bien logró la asistencia masiva, también expuso las grietas de la infraestructura y la logística en la Ciudad de México. Los altos costos, las protestas y el caos vial son recordatorios de que, detrás de la fachada de una fiesta global, persisten desafíos importantes para la capital del país.
En retrospectiva, la inauguración del Mundial 2026 en el Estadio Azteca fue un evento de contrastes. Una victoria deportiva celebrada, un espectáculo visualmente impactante, pero también una jornada marcada por las dificultades logísticas y las demandas sociales, que nos recuerdan que el camino hacia la consolidación de México como anfitrión mundialista aún tiene obstáculos por superar.