La pirámide poblacional de México está cambiando de forma acelerada. En un lapso de apenas cinco años, la edad mediana de los mexicanos ha experimentado un incremento significativo, pasando de 29 a 32 años entre 2020 y 2025. Este dato, revelado por la Encuesta Intercensal del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), subraya una tendencia demográfica que ya se venía anticipando: el envejecimiento de la población.

Este fenómeno no se distribuye de manera uniforme a lo largo del territorio nacional. Mientras que Chiapas se mantiene como el estado con la población más joven, ostentando una edad mediana de 26 años, la Ciudad de México se consolida como la entidad con el promedio de edad más elevado, alcanzando los 37 años. Esta disparidad geográfica refleja distintas dinámicas sociales, económicas y culturales que influyen en la fecundidad y la esperanza de vida.

El informe del Inegi también arroja luz sobre la disminución de la tasa de fecundidad, un indicador que ha sido objeto de análisis a nivel global. La tasa global de fecundidad en México ha caído de 1.9 hijos por mujer en 2019 a tan solo 1.2 en 2024. Esta tendencia, que algunos comparan con proyecciones sobre el futuro demográfico mundial, es particularmente pronunciada en ciertas regiones. Chiapas lidera con 1.8 hijos por mujer, seguido por Guerrero con 1.6, y Durango y Zacatecas con 1.5. En el extremo opuesto, Querétaro registra 1.1, Baja California 1, y la Ciudad de México se sitúa a la cabeza con la tasa más baja del país: 0.8 hijos por mujer.

Estos datos sobre fecundidad tienen implicaciones directas en la estructura etaria futura de la población. Una menor tasa de natalidad, combinada con una mayor esperanza de vida, inevitablemente conduce a un envejecimiento poblacional, con un aumento en la proporción de adultos mayores y una disminución relativa de los grupos de edad más jóvenes.

En el contexto de este envejecimiento, el rol de los programas sociales del gobierno adquiere una relevancia particular. El porcentaje de hogares que reciben algún tipo de apoyo gubernamental ha aumentado considerablemente, pasando del 25% al 41.4% entre la encuesta previa y la actual. Los adultos mayores constituyen uno de los grupos de beneficiarios más amplios de estos programas. Según datos de agosto pasado, las pensiones entregadas de manera bimestral llegan a aproximadamente 17 millones de mexicanos, una cifra que evidencia la magnitud de la población en edad de jubilación y su dependencia de estos apoyos.

La población total de México, según la Encuesta Intercensal, asciende a 130 millones 911 mil 314 personas. Esta cifra sitúa al país entre las 15 naciones más pobladas del mundo, un dato demográfico de gran peso en el escenario global. De este total, la gran mayoría, 130 millones 393 mil 389 personas, residen en viviendas particulares habitadas. A esta cifra, el Inegi suma una estimación complementaria de 517 mil 925 habitantes, que incluye a personas en alojamientos colectivos, personal del Servicio Exterior Mexicano y población en situación de calle.

Geográficamente, el Estado de México se mantiene como la entidad federativa con la mayor concentración de habitantes, albergando a 17.6 millones de personas. Le siguen la Ciudad de México con 9.2 millones, Jalisco con 8.6 millones y Veracruz con 7.9 millones. Estas megaciudades y sus zonas conurbadas concentran una parte sustancial de la población y, por ende, de los desafíos y oportunidades que presenta el crecimiento demográfico y su envejecimiento.

En el otro extremo del espectro poblacional, encontramos a los estados con menor número de habitantes. Campeche registra 967 mil personas, Baja California Sur cuenta con 955 mil, y Colima es la entidad menos poblada, con 759 mil habitantes. Estas cifras contrastan marcadamente con las de los estados más densamente poblados y reflejan las diversas realidades regionales del país.

El envejecimiento de la población mexicana no es un fenómeno aislado, sino que forma parte de una tendencia global. Sin embargo, la velocidad y las características específicas de este proceso en México plantean retos importantes para las políticas públicas en áreas como la salud, las pensiones, el mercado laboral y la seguridad social. La adaptación a una estructura demográfica cambiante será crucial para garantizar el bienestar y el desarrollo sostenible del país en las próximas décadas.

La disminución de la tasa de fecundidad, si bien puede tener beneficios ambientales y de recursos a largo plazo, también genera preocupaciones sobre la sostenibilidad de los sistemas de pensiones y la fuerza laboral futura. La transición demográfica hacia una población más envejecida requiere una planificación estratégica que contemple tanto las necesidades de los adultos mayores como la dinámica de las generaciones más jóvenes.

En este escenario, la información proporcionada por el Inegi a través de sus encuestas intercensales y censos de población se vuelve fundamental. Estos datos permiten a los tomadores de decisiones, investigadores y a la sociedad en general comprender las tendencias demográficas y diseñar políticas públicas más efectivas y adaptadas a la realidad cambiante de México.

La concentración poblacional en ciertas entidades, como el Estado de México y la Ciudad de México, también plantea desafíos adicionales en términos de infraestructura, servicios públicos y desarrollo urbano. La gestión de estas grandes metrópolis y sus áreas de influencia requiere estrategias integrales que aborden la densidad poblacional, el envejecimiento y la distribución de recursos.

En resumen, México se encuentra en una etapa demográfica crucial. El envejecimiento de su población, la caída de la fecundidad y la concentración en ciertas regiones son tendencias que marcarán el futuro del país y demandarán respuestas políticas y sociales innovadoras y eficientes.