A pesar de las promesas de orden y seguridad, la celebración del triunfo de la Selección Mexicana en el Mundial 2026 alrededor del Ángel de la Independencia se vio empañada por la burla a la llamada "Ley Seca". Miles de aficionados lograron burlar el operativo de las autoridades capitalinas, consumiendo cervezas y micheladas que se vendían abiertamente, desafiando la prohibición oficial y demostrando una vez más la ineficacia de las medidas implementadas.

El ambiente en Paseo de la Reforma, previo y durante el partido contra Chequia, era de euforia. La victoria del Tri, sellada con tres goles, desató la algarabía, pero también la sed. Contrario a lo anunciado por el Gobierno de la Ciudad de México, la "Ley Seca" resultó ser solo de nombre. Los asistentes, lejos de acatar la disposición, encontraron formas ingeniosas y descaradas de hacerse de sus bebidas alcohólicas.

El Ingenio Mexicano se Impone a la Ley

Desde mochilas y maletas hasta carriolas y hasta botes de basura, los vendedores informales encontraron todo tipo de escondites para transportar y ofrecer latas de cerveza de diversas marcas populares. La discreción inicial, con vendedores acercándose a grupos de manera sigilosa, pronto dio paso a una operación más abierta a medida que avanzaba el encuentro y la euforia crecía.

Testigos como Eder Mendoza relataron cómo las bebidas se ofrecían "casi como un secreto a voces", pero la situación escaló. "Me tocó ver gente que llevaba, como si fueran bolsas de refresco, sus cervezas tomándolas con popote", describió Mendoza, evidenciando la creatividad de los consumidores para evadir la prohibición.

La estrategia de "cerillito", es decir, escarchar las latas con chamoy y chile piquín, se convirtió en un atractivo adicional. Las cervezas se vendían hasta en 50 pesos la lata, con ofertas de tres por 110 pesos. Pero la oferta no se limitaba a la cerveza; también se ofrecían preparados de whisky Johnnie Walker Red y Black Label en vasos de litro por 120 pesos, demostrando que el afán de lucro y consumo no conocía límites.

Un Filtro Inútil

Las autoridades intentaron establecer un cerco de seguridad a unas cuadras del monumento, en la calle París, donde personal del Gobierno de la Ciudad de México pedía a los aficionados avanzar sin bebidas alcohólicas. Sin embargo, este punto de control resultó ser meramente simbólico. Los vendedores y consumidores simplemente continuaron su camino, encontrando puntos de venta aún más cercanos al Ángel o sacando sus propias botellas de tequila y refrescos de sus mochilas.

"Yo opino que es una mamada, como quiera lo van hacer. Mira a todos, venme a mí. Traemos una botella a medias", sentenció José Luis Rodríguez, uno de los tantos asistentes que cuestionó la efectividad de la medida. "Compré mi cerveza en los puestos de allá atrás, en la calle. Me costó 50 pesos. Aquí no hubo 'Ley Seca'", afirmó Luis Núñez, quien, al igual que muchos, no se molestó en ocultar su lata.

La percepción generalizada entre los entrevistados era de escepticismo y resignación. "Cero miedo (de que me detengan), hay mucha gente, no creo que la policía se dé abasto para detener a tanta gente. Yo sé que está mal, pero sé que a la policía le vale", añadió José Luis, reflejando una profunda desconfianza en la aplicación de la ley.

¿Seguridad o Pretexto?

Ian y Cris, otros jóvenes presentes, admitieron conocer la "Ley Seca" pero restarle importancia. "No la pasamos por el arco del triunfo", comentaron, evidenciando la falta de respeto hacia la disposición oficial.

Erika, otra asistente, reconoció que la medida podría tener como objetivo prevenir disturbios, recordando incidentes pasados tras partidos contra Corea del Sur. "Está bien, porque algunas personas pueden abusar del alcohol y ocasionar ciertos disturbios, pero mal para las personas que bebemos tranquilamente", opinó, mostrando una visión dividida sobre la utilidad de la "Ley Seca".

Sin embargo, la realidad observada en el Ángel de la Independencia sugiere que la prohibición fue más una declaración de intenciones que una política efectiva. El despliegue de 4 mil 200 policías, anunciado para garantizar la seguridad y el orden, pareció ser insuficiente o, peor aún, ineficaz ante la determinación de los aficionados por celebrar y la habilidad de los vendedores para operar en un entorno de aparente permisividad.

La situación en el Ángel de la Independencia durante la celebración del Mundial 2026 pone de manifiesto un problema recurrente en la Ciudad de México: la brecha entre las disposiciones gubernamentales y la realidad en las calles. Mientras las autoridades buscan mantener el orden, el ingenio y la demanda popular parecen encontrar siempre una forma de eludir las restricciones, dejando en entredicho la efectividad de medidas como la "Ley Seca" y la capacidad de las autoridades para hacerlas cumplir.

Este evento, lejos de ser un caso aislado, se suma a una larga historia de celebraciones masivas donde las prohibiciones de alcohol han sido puestas a prueba, y en muchas ocasiones, superadas. La pregunta que queda en el aire es si las autoridades aprenderán de estos episodios y buscarán estrategias más efectivas para equilibrar la seguridad pública con el derecho de los ciudadanos a la recreación, o si se seguirá repitiendo el mismo guion de medidas anunciadas y burladas.