En un país donde las cifras oficiales a menudo pintan un panorama más halagüeño que la realidad cotidiana, el mercado laboral mexicano presenta una paradoja incómoda. Mientras la administración en turno celebra con bombo y platillo las bajas tasas de desempleo, presentándolas como un logro mayúsculo y un reflejo de la fortaleza económica, un análisis más profundo revela una tendencia preocupante: la informalidad laboral no solo persiste, sino que avanza a costa del empleo formal.
Durante la reciente conferencia matutina, en el marco del anuncio de una inversión farmacéutica de 21 mil millones de pesos como parte del Plan México, la presidenta Claudia Sheinbaum destacó una serie de indicadores económicos positivos. Entre ellos, se hizo hincapié en que la tasa de desempleo se situaba en un escaso 2.5 por ciento, posicionando a México entre los países con menor desocupación a nivel mundial. Se reportó, además, la creación de 669 mil empleos en los últimos 12 meses, señalando abril de 2026 como el mes de abril con mayor empleo formal en la historia.
Sin embargo, esta narrativa oficial, aunque atractiva, omite un detalle crucial. La cifra de 669 mil empleos creados, si bien se suma a la Población Económicamente Activa, no necesariamente se traduce en un crecimiento proporcional del empleo formal. La debilidad subyacente de la economía mexicana se hace evidente al contrastar la baja tasa de desempleo con el vigoroso avance del empleo informal, que se ha consolidado como el verdadero motor del mercado laboral nacional.
La informalidad laboral se está erigiendo como el pilar de una economía mexicana cuyo potencial de crecimiento ha sido mermado en los últimos años. Los datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI, publicados recientemente, pintan un cuadro revelador. Entre enero y marzo de 2026, la población ocupada total creció en 552 mil personas en comparación con el mismo trimestre del año anterior. Pero aquí reside la clave: la población ocupada en la informalidad aumentó en 583 mil personas, mientras que la ocupada en la formalidad ¡se contrajo en más de 31 mil personas!
Este desglose es contundente: todo el incremento neto en la ocupación durante el primer trimestre de 2026 provino del sector informal. Si bien las dinámicas no son siempre lineales, esta tendencia subraya la persistencia de un problema estructural difícil de erradicar. La tasa de informalidad laboral se mantiene prácticamente estancada en un alarmante 54.8 por ciento, lo que significa que más de la mitad de los trabajadores mexicanos, 55 de cada 100 personas ocupadas, carecen de contratos laborales seguros, prestaciones o acceso a la seguridad social.
La fotografía del mercado laboral en abril de 2026, analizada con datos mensuales de la ENOE, no ofrece un panorama distinto. El crecimiento anual de la población ocupada total fue de 704 mil personas. De estas, 693 mil se sumaron a la informalidad laboral, mientras que el empleo formal apenas registró un modesto aumento de 11 mil personas. Una vez más, casi la totalidad del crecimiento anual en la ocupación se sustentó en el empleo informal, un sector inherentemente vulnerable y menos productivo.
La tasa de informalidad laboral, en este escenario, ha escalado del 54.7 por ciento en abril de 2025 al 55.8 por ciento en el mismo mes de 2026, acumulando 15 meses consecutivos de incrementos interanuales. Esta realidad tiene implicaciones directas para las empresas, especialmente las formales, que enfrentan una capacidad cada vez menor para expandir su fuerza laboral de calidad y ofrecer empleos dignos.
Más allá de la informalidad, otros indicadores arrojan luz sobre la precariedad laboral. La población subocupada, es decir, aquellos que trabajan pero están dispuestos a aceptar un empleo adicional, se mantuvo en 4.3 millones en abril pasado, sin cambios respecto al año anterior. Asimismo, la población no económicamente activa disponible para trabajar, pero que no busca empleo activamente, se situó en 4.7 millones, una cifra considerable.
A la alta tasa de informalidad se suma el preocupante indicador de "condiciones críticas de ocupación". Este mide a aquellos trabajadores que, a pesar de tener un empleo, enfrentan condiciones laborales inadecuadas, ya sea por el tiempo de trabajo excesivo, ingresos insuficientes o una combinación insatisfactoria de ambos. En abril de 2026, el 36.7 por ciento de la población ocupada, lo que se traduce en aproximadamente 22.2 millones de personas, se encontraba en estas condiciones críticas, percibiendo bajos salarios a pesar de extensas jornadas laborales.
La celebración de la baja tasa de desempleo, por tanto, resulta ser una verdad a medias. Si bien es cierto que menos personas están oficialmente desempleadas, la realidad es que la ocupación informal sigue ganando terreno de manera imparable frente al empleo formal. La precariedad laboral se manifiesta no solo en la falta de seguridad social y contratos estables, sino también en la creciente proporción de trabajadores que operan en "condiciones críticas de ocupación".
Esta dinámica plantea un desafío mayúsculo para el futuro económico de México. Una economía sustentada en gran medida en el empleo informal es intrínsecamente más vulnerable a las crisis, menos productiva y genera una menor base de contribuyentes para financiar el gasto público y los programas sociales. La falta de acceso a crédito, capacitación y desarrollo profesional para una vasta porción de la fuerza laboral limita el potencial de crecimiento a largo plazo y perpetúa ciclos de pobreza.
Las políticas públicas deben ir más allá de la simple medición del desempleo. Es imperativo implementar estrategias efectivas para fomentar la formalización del empleo, mejorar las condiciones laborales en el sector informal y fortalecer el marco legal que protege a los trabajadores. La creación de empleos de calidad, con salarios dignos y acceso a seguridad social, debe ser la prioridad para construir un mercado laboral más robusto y equitativo.
La tendencia observada en los datos del INEGI no es un fenómeno pasajero, sino una señal de alerta sobre la fragilidad del modelo económico actual. Ignorar la creciente informalidad y las condiciones críticas de ocupación sería un error garrafal que comprometería el bienestar de millones de mexicanos y el desarrollo sostenible del país. La incomoda realidad del mercado laboral exige una respuesta decidida y políticas públicas que aborden sus causas profundas, no solo sus síntomas.