La selección de fútbol de Irán ha aterrizado en Tijuana, Baja California, estableciendo su centro de operaciones para el Mundial 2026. La decisión de establecer su base en suelo mexicano responde a las crecientes dificultades logísticas y diplomáticas que han enfrentado para operar en Estados Unidos, país coorganizador del torneo.
El equipo iraní llegó a la madrugada de este domingo al Aeropuerto Internacional de Tijuana, tras un vuelo directo desde Antalya, Turquía, donde realizaban su preparación. La elección de Tijuana no es casual; su ubicación fronteriza con California ofrece una alternativa viable ante los problemas migratorios que han afectado a la delegación.
Ehsan Hajsafi, uno de los jugadores emblemáticos del combinado asiático, fue el primero en descender del avión. A su llegada, no tardó en expresar su descontento, señalando directamente a la FIFA por las demoras en la obtención de visas estadounidenses para varios miembros del equipo y cuerpo técnico.
"Personalmente, sí tengo una queja sobre la FIFA. ¿Por qué tardó tanto?", cuestionó Hajsafi, visiblemente molesto. "Hasta donde entiendo, las visas se emitieron solo para los jugadores y unos pocos miembros del cuerpo técnico". Esta situación pone en jaque la logística y la concentración del equipo, que deberá realizar constantes traslados entre México y Estados Unidos.
La problemática se agrava al considerar que figuras clave como Hedayat Mombeini, secretario general de la Federación Iraní de Fútbol, y Mehdi Mohammad Nabi, su vicepresidente, aún no cuentan con los permisos necesarios para ingresar a territorio estadounidense. "Desafortunadamente, a varios miembros clave de nuestro cuerpo técnico, cuyos roles son muy importantes dentro del equipo, no se les concedieron visas", lamentó Hajsafi, mencionando al gerente del equipo, al director ejecutivo y al director de medios.
El jugador hizo un llamado directo a la máxima autoridad del fútbol mundial: "Desde aquí, me gustaría pedirle a la FIFA que aborde este asunto para que, si Dios quiere, la situación pueda resolverse en los próximos días". La esperanza es que la intervención de la FIFA agilice los trámites y evite mayores contratiempos.
La situación ha sido confirmada por el embajador iraní en México, Abolfazl Pasandideh, quien denunció que 15 integrantes de la selección, incluyendo personal técnico y directivo, aún carecían de autorización para entrar a Estados Unidos a poco más de una semana del debut mundialista. Los permisos otorgados, según el diplomático, son "limitados", permitiendo el ingreso solo para los días de partido y obligando a la salida inmediata.
Esta restricción impone una desventaja significativa frente a otras selecciones, que podrán establecer campamentos cercanos a sus sedes y optimizar sus tiempos de preparación y descanso. "Es un desafío para nuestros jugadores", afirmó Pasandideh, aludiendo al desgaste físico y logístico que implicará viajar constantemente entre ambos lados de la frontera.
Los partidos de Irán en la fase de grupos del Mundial 2026 están programados en territorio estadounidense: el 15 de junio contra Nueva Zelanda en Inglewood, California; seis días después contra Bélgica en la misma sede; y el 26 de junio frente a Egipto en Seattle.
Un posible encuentro contra Estados Unidos en la ronda de 32, el 3 de julio en Arlington, Texas, añade otra capa de complejidad logística y diplomática, dada la tensa relación entre ambos países. Cabe recordar que en marzo pasado, el entonces presidente estadounidense Donald Trump había recomendado a Irán no participar en el torneo, argumentando preocupaciones sobre la "vida y seguridad" de los jugadores, una postura que fue rechazada por la selección iraní.
La preparación de Irán ha estado marcada por la guerra y las tensiones geopolíticas. La exclusión del delantero estrella Sardar Azmoun en marzo, supuestamente por una publicación en redes sociales que incomodó a las autoridades iraníes, es un ejemplo de las presiones internas que enfrenta el equipo.
La FIFA, a pesar de ser señalada, tiene un papel crucial en la resolución de estos conflictos. La organización, que busca promover el fútbol a nivel global, debe garantizar condiciones equitativas para todos los participantes, minimizando las barreras políticas y logísticas que puedan afectar el rendimiento deportivo.
El Mundial 2026, organizado conjuntamente por Estados Unidos, México y Canadá, representa una oportunidad histórica para la región y para el deporte. Sin embargo, incidentes como este ponen de manifiesto los desafíos inherentes a la organización de eventos de esta magnitud en un contexto global complejo.
La llegada de Irán a Tijuana subraya la importancia de la infraestructura y la hospitalidad mexicana como facilitadoras para el desarrollo del torneo, ofreciendo un refugio logístico ante las adversidades encontradas en otro de los países anfitriones. La FIFA ahora enfrenta la presión de demostrar su capacidad para gestionar estas crisis y asegurar que el foco permanezca en el espectáculo deportivo.