La economía mexicana atraviesa un túnel oscuro, con la inversión fija bruta encadenando 19 meses consecutivos de contracción. Este sombrío panorama, impulsado por la persistente debilidad en el gasto productivo de las empresas, amenaza con extender la racha negativa durante todo el año 2026, según análisis de expertos.

La radiografía del Indicador Mensual de la Formación Bruta de Capital Fijo (IMFBCF) revela una caída anual del 3.1 por ciento en marzo, una cifra que subraya la profunda crisis que azota al sector privado. Las expectativas de crecimiento menguantes, la incertidumbre sobre la renegociación del T-MEC y un entorno regulatorio volátil han minado la confianza empresarial, frenando decisiones cruciales de inversión a largo plazo.

El Gasto Privado, Motor de la Caída

El sector empresarial, pilar fundamental de la economía, ha sido el principal responsable de esta prolongada debilidad. La inversión de las empresas retrocedió un preocupante 4.6 por ciento anual, evidenciando una profunda aversión al riesgo y una falta de confianza en el futuro económico del país. Este declive contrasta drásticamente con el leve repunte del 7.3 por ciento en la inversión del sector público, que, si bien suma tres meses al alza y marca su mejor desempeño en 15 meses, no logra compensar la sangría del capital privado.

La construcción, otro termómetro clave de la actividad económica, también muestra signos de agotamiento. Se reportó una caída anual del 3.2 por ciento, con un retroceso del 8.4 por ciento en el segmento residencial y un modesto avance del 2.4 por ciento en el no residencial. En el rubro de maquinaria y equipo, la contracción fue del 3.2 por ciento, afectando tanto a bienes de origen nacional como importado.

Incertidumbre, el Freno Maestro

Analistas como Gerónimo Ugarte, economista en jefe de Valmex Casa de Bolsa, señalan la combinación de bajas expectativas de crecimiento y una elevada incertidumbre como los principales culpables. Las empresas se enfrentan a una demanda interna que muestra signos de moderación, mientras las interrogantes sobre el futuro del marco comercial de Norteamérica, las finanzas públicas y el entorno regulatorio las orillan a posponer proyectos.

Sergio Luna, economista en jefe de Banca Mifel, coincide en que la incertidumbre es un choque negativo de oferta que no se resuelve con bajas tasas de interés. Subraya que el problema va más allá del T-MEC, apuntando al cambio en las reglas del juego a nivel local, desde la cancelación del aeropuerto hasta la reforma judicial, como factores que han erosionado la confianza.

Gabriela Siller, directora de análisis económico y financiero de Banco Base, refuerza esta visión, atribuyendo la debilidad a la incertidumbre por el T-MEC, pero también a factores estructurales y a una falta de confianza generalizada para invertir en México. Los datos de la balanza de pagos revelan que los mexicanos han invertido en el extranjero durante 12 trimestres consecutivos, lo que demuestra que el capital está disponible, pero la decisión de invertirlo se toma fuera del país.

Un Futuro Hipotecado

La caída de la inversión, que comenzó antes del actual entorno de tensiones comerciales, se ha visto agravada por una menor confianza empresarial y el debilitamiento del entorno institucional. Banco Base estima que la inversión podría contraerse un 2.0 por ciento este año, marcando dos años consecutivos de caídas anuales. Esta tendencia, advierte Siller, ya está afectando la capacidad productiva del país y podría limitar severamente el potencial de crecimiento económico en los próximos años.

La falta de inversión se traduce directamente en un crecimiento estancado a corto, mediano y largo plazo. Sin un flujo constante de capital productivo, la economía mexicana se ve condenada a la mediocridad, incapaz de generar el dinamismo necesario para mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos.

Incluso las proyecciones más optimistas, como las de Banamex, que prevén una ligera mejoría y un cierre de año con un avance del 1.5 por ciento, apenas logran compensar parcialmente la profunda caída del 6.3 por ciento registrada en 2025. El camino hacia la recuperación de la inversión y, por ende, del crecimiento económico, se vislumbra largo y tortuoso, plagado de obstáculos que requieren soluciones estructurales y un renovado compromiso con la certidumbre y la confianza empresarial.