La economía mexicana ha dado una señal mixta en materia de precios. En mayo, la inflación general anual se ubicó en 3.94%, un respiro que la acerca al rango objetivo del Banco de México (Banxico) de 3% +/- 1 punto porcentual. Sin embargo, esta aparente calma esconde presiones persistentes en la llamada inflación subyacente, que sigue desafiando los esfuerzos del banco central por estabilizar la economía.

El Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) registró una variación anual de 3.94% en mayo, una cifra inferior al 4.42% observado un año atrás. En su comparación mensual, los precios incluso retrocedieron 0.21%, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Este dato fue mejor de lo anticipado por analistas, quienes esperaban una inflación anual de 4.04% y una caída mensual de 0.11%.

Sin embargo, la lectura detallada revela un panorama menos halagüeño. La inflación subyacente, que excluye los componentes más volátiles como energía y alimentos frescos, se mantuvo elevada. En mayo, esta medida se situó en 4.19% anual, e incluso registró un avance mensual de 0.22% respecto a abril. Este indicador es crucial, ya que refleja las presiones inflacionarias de mediano plazo y es el que más vigila Banxico.

Dentro de la inflación subyacente, los servicios mostraron una variación anual de 4.57%, mientras que los alimentos, bebidas y tabaco procesados crecieron 5.13%. Ambos rubros continúan por encima del objetivo del banco central, evidenciando que las presiones de precios en estos sectores no ceden fácilmente.

La principal responsable de la moderación de la inflación general fue la componente no subyacente. Esta se contrajo 1.65% mensual, impulsada principalmente por la caída en los precios de energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno. El Inegi detalló que las tarifas eléctricas experimentaron una disminución mensual de 17.88%, gracias a la entrada en vigor de los subsidios de temporada cálida en 11 ciudades del país. Este factor fue el de mayor incidencia a la baja en el índice general.

Otras contribuciones a la baja provinieron de productos agropecuarios y alimentos frescos, como el tomate verde, huevo, limón y chile serrano, cuyos precios descendieron. Estos movimientos estacionales y de oferta suelen tener un impacto temporal en la inflación general.

No obstante, la lista de productos y servicios que continúan encareciéndose es significativa. La papa, el gas doméstico LP, el pollo, la tortilla de maíz y los servicios de restaurantes, fondas y taquerías registraron presiones al alza. Estos incrementos, aunque puntuales, afectan el bolsillo de los consumidores y contribuyen a mantener elevada la inflación subyacente.

El regreso de la inflación general al rango objetivo de Banxico podría fortalecer el argumento del banco central para pausar su ciclo de recortes a las tasas de interés, iniciado en 2024. Sin embargo, la persistencia de la inflación subyacente por encima del 4% obliga a mantener una postura cautelosa.

El consenso del mercado ya anticipaba que la inflación subyacente se mantendría elevada, con una previsión de 4.21% anual para mayo, muy cercana al dato observado de 4.19%. Esto sugiere que las expectativas de los analistas ya incorporaban la resistencia de estas presiones inflacionarias.

De cara a junio, las proyecciones apuntan a una ligera aceleración de la inflación general, con un avance mensual esperado de 0.26%. La inflación subyacente, por su parte, se anticipa que suba 0.34%.

Un factor adicional a considerar es la Copa Mundial de Futbol de 2026. Los analistas advierten que el evento deportivo podría generar presiones temporales sobre diversos servicios vinculados al turismo, hospedaje, restaurantes, transporte y entretenimiento, especialmente en las ciudades sede como Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey.

Aunque el impacto nacional sobre la inflación general podría ser limitado, el incremento esperado en el consumo y la fuerte llegada de visitantes durante el torneo podrían traducirse en aumentos de precios en sectores específicos. Esto añade una capa de incertidumbre a las previsiones inflacionarias a corto plazo.

En resumen, si bien la estadística general de inflación muestra una mejora, la economía mexicana aún enfrenta el desafío de controlar las presiones de precios subyacentes. La política monetaria de Banxico deberá seguir navegando entre la necesidad de mantener la estabilidad de precios y el riesgo de frenar el crecimiento económico.