La industria cárnica de México se encuentra en un limbo ante la falta de definiciones gubernamentales sobre los cupos de importación de carne de res y cerdo libres de aranceles para 2027. A solo dos meses de que concluya el año, el gobierno aún no ha comunicado si mantendrá los esquemes vigentes ni bajo qué condiciones operarán, lo que genera preocupación entre productores, procesadores y comercializadores.

Las empresas del sector advierten que cualquier modificación en las reglas de asignación podría derivar en un encarecimiento de la carne que llega a las mesas de las familias mexicanas y, al mismo tiempo, complicar el abasto nacional. La raíz del problema se remonta a este año, cuando la Secretaría de Economía decidió modificar el sistema para asignar los cupos de importación.

Tradicionalmente, se utilizaba un esquema de "primero en tiempo, primero en derecho", que permitía a los importadores solicitar una porción del volumen disponible hasta agotar la cuota. Sin embargo, por primera vez en el sector cárnico, el gobierno optó por un sistema de licitación, una modalidad que, según los actores de la industria, es considerablemente más compleja.

Macarena Hernández, directora general del Consejo Mexicano de la Carne (Comecarne), explicó que este cambio en el mecanismo de asignación retrasó significativamente las gestiones necesarias para utilizar los volúmenes autorizados. Además, algunas empresas quedaron fuera del proceso al no conseguir una asignación bajo el nuevo sistema.

Los cupos publicados a principios de 2026 contemplaban inicialmente 70,000 toneladas de carne de res y 51,000 toneladas de carne de cerdo. No obstante, la implementación del sistema de licitación requirió el desarrollo de reglas y procedimientos adicionales, los cuales se definieron a lo largo de los primeros meses del año. Esto provocó que las empresas comenzaran a gestionar sus pedidos entre marzo y abril, reduciendo drásticamente el tiempo disponible para aprovechar los volúmenes antes de su vencimiento en diciembre.

La incertidumbre ahora se proyecta hacia el próximo año. Para la industria, la ausencia de directrices claras impide una planificación adecuada de las compras internacionales, la negociación efectiva con proveedores y la programación de embarques con la antelación necesaria. "Lo que quiere la industria es certidumbre. Certidumbre de saber que estas herramientas van a continuar porque son necesarias", enfatizó Hernández.

Los cupos de importación, que permiten ingresar carne sin pagar aranceles desde países con los que México no tiene acuerdos de libre comercio, como Brasil, tienen como objetivo principal complementar la producción nacional y diversificar las fuentes de abastecimiento. Esto es crucial en un mercado donde el consumo de carne crece a un ritmo superior al de la oferta local.

Según estimaciones basadas en volúmenes y cifras de consumo de 2025, el cupo de carne de res representa aproximadamente el 2.2% de la demanda nacional, mientras que el de carne de cerdo se sitúa cerca del 2.1%. Estas cifras subrayan que el abasto autorizado es limitado en comparación con la magnitud del mercado mexicano, que en 2025 consumió 2.3 millones de toneladas de res y 3.5 millones de toneladas de cerdo.

Por otro lado, los ganaderos nacionales han expresado su descontento con la asignación de cupos, especialmente en un contexto marcado por el cierre temporal de la frontera de Estados Unidos al ganado mexicano debido a la detección del gusano barrenador. Este cierre, que ocurrió por primera vez en noviembre de 2024 y tuvo reaperturas parciales y posteriores cierres hasta una reapertura gradual anunciada para agosto de 2026, frenó las exportaciones de animales vivos y dejó una mayor cantidad de producto disponible dentro del país.

La Confederación Nacional de Organizaciones Ganaderas (CNOG) estima que estos bloqueos resultaron en un excedente de cerca de 35,000 toneladas mensuales de carne de res atrapadas en el mercado interno. "Hoy no hace falta carne de res en México", afirmó Rogelio Pérez Sánchez, director de Planificación Estratégica de la CNOG, quien añadió que la entrada de productos de Brasil solo generó una distorsión del mercado.

Los productores cuestionan la necesidad de importar más carne cuando existen inventarios nacionales que no encuentran salida, argumentando que se debería priorizar al productor mexicano antes de buscar suministros en el extranjero. Sin embargo, la industria defiende que estos volúmenes importados son esenciales para cubrir faltantes de productos específicos, como pierna de cerdo, pierna y muslo de pollo, y ciertos cortes de res.

Un ejemplo claro de la diferencia de precios se observa en la carne de res refrigerada importada en agosto. Mientras que el kilogramo procedente de Estados Unidos, sujeto a las condiciones comerciales del tratado de libre comercio, superó los 11 dólares, el proveniente de mercados con acceso mediante exención arancelaria rondó los siete dólares. Esta disparidad, según la representante del sector, permite complementar la oferta con productos más accesibles para el consumidor final, aunque el efecto total también depende de los costos logísticos y de distribución.

El cambio en el mecanismo de asignación de cupos no solo ha generado incertidumbre, sino que también ha modificado la forma en que las empresas compiten por el volumen disponible. Existen diversos mecanismos para la distribución de estos cupos, incluyendo la asignación directa, donde el gobierno determina las empresas beneficiarias, y el esquema de "primero en tiempo, primero en derecho", que se basaba en la inmediatez de la solicitud.