La actividad industrial en México ha mostrado un respiro inesperado en abril, registrando su mejor desempeño en casi dos años y medio. Impulsada principalmente por un fuerte repunte en el sector de la construcción, esta mejora ha elevado las perspectivas económicas para el segundo trimestre del año. Según cifras desestacionalizadas del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), el Indicador Mensual de la Actividad Industrial (IMAI) experimentó un crecimiento anual del 1.8 por ciento. Este dato contrasta marcadamente con la contracción del 1.4 por ciento observada en marzo, marcando el avance más significativo desde noviembre de 2023.

En una perspectiva mensual, la actividad industrial aumentó un contundente 2.1 por ciento respecto a marzo, lo que representa el mayor crecimiento mensual desde marzo de 2021 y supera con creces las expectativas del mercado. Este dinamismo se debió en gran medida a la construcción, que pasó de una contracción anual del 4.4 por ciento en marzo a una expansión del 10.2 por ciento en abril, su mayor avance desde abril del año pasado. Este sector parece estar encontrando un impulso significativo, vital para la economía.

Sin embargo, no todo es optimismo en el panorama industrial. Las manufacturas, un pilar fundamental de la economía mexicana y un termómetro clave de la relación con Estados Unidos, continúan mostrando señales de debilidad. El sector registró una caída anual del 0.3 por ciento, sumando así diez meses consecutivos en terreno negativo. Esta divergencia entre la construcción y las manufacturas es un punto crítico que analistas señalan como un factor de riesgo para una recuperación sólida y sostenida.

Otros componentes del índice también presentaron resultados mixtos. La minería, por su parte, avanzó un saludable 3.4 por ciento anual. En contraste, los servicios públicos experimentaron un retroceso del 0.3 por ciento. A nivel mensual, la construcción volvió a destacar con un crecimiento del 7.6 por ciento, mientras que la manufactura logró un repunte del 1.2 por ciento, su mejor cifra desde febrero del año pasado. A pesar del dato favorable de abril, la actividad industrial en su conjunto acumuló una contracción del 0.2 por ciento durante los primeros cuatro meses de 2026, lo que subraya la fragilidad de la recuperación.

Analistas como Janneth Quiroz, directora de análisis económico en Monex, califican el dato de abril como positivo, ya que rompe parcialmente con la narrativa de estancamiento que ha predominado. No obstante, Quiroz enfatiza que el avance está concentrado en la construcción, mientras que otros componentes, especialmente las manufacturas, siguen débiles. La construcción se beneficia de proyectos de infraestructura pública, obras de desarrollo urbano y cierto dinamismo en la edificación privada, según la especialista.

Quiroz advierte que aún es prematuro hablar de un cambio de tendencia en la industria mexicana. Para afirmar una recuperación más sólida, sería necesario observar varios meses consecutivos de crecimiento, acompañados por una mejora notable en el sector manufacturero. La persistencia de las manufacturas en números rojos es particularmente preocupante debido a su estrecha relación con la economía estadounidense y las cadenas globales de suministro, factores que podrían limitar el potencial de crecimiento a futuro.

Gabriela Siller, directora de análisis económico en Banco Base, señala un problema específico dentro de las manufacturas: la fabricación de equipo de cómputo. Esta rama, que fue un motor clave para las exportaciones mexicanas el año pasado, ha registrado caídas durante varios meses. Siller destaca que la capacidad de planta en esta industria está cerca del 100 por ciento, y sin una inversión adicional significativa, que hasta ahora no se ha materializado, la capacidad para producir y exportar más se ve limitada, representando un riesgo considerable para el sector.

Las perspectivas generales para la actividad industrial a corto plazo siguen siendo desafiantes, según Alberto Ramos, economista en jefe para América Latina en Goldman Sachs. Ramos anticipa que las presiones alcistas sobre los costos, la incertidumbre política y la escasa confianza empresarial continuarán afectando al sector industrial en general. Estos factores macroeconómicos y de confianza son cruciales para determinar la trayectoria futura de la industria.

Gabriela Siller añade que la inversión fija bruta sigue siendo el indicador más débil dentro de la actividad económica en México. Su evolución será determinante para el desempeño de la industria en los próximos meses. Una recuperación sostenida en la inversión es fundamental para impulsar la capacidad productiva y la competitividad del sector industrial.

Desde Banamex, se espera una recuperación tímida de la producción industrial. Esta previsión se basa en una cierta estabilización de la producción petrolera, las tendencias recientes en el sector eléctrico y el impulso esperado en la construcción, derivado de la recuperación en la inversión pública para lo que resta del año. Para el cierre de 2026, se proyecta un crecimiento modesto del 0.4 por ciento para la industria en su conjunto, lo que refleja un panorama de cautela y expectativas moderadas.

En resumen, si bien el dato de abril ofrece un respiro y una señal positiva, especialmente por el dinamismo de la construcción, la debilidad persistente en las manufacturas y otros factores como la inversión fija bruta y la incertidumbre política, plantean interrogantes sobre la sostenibilidad de esta mejora. La industria mexicana se encuentra en una encrucijada, donde el impulso de ciertos sectores debe ser acompañado por una recuperación generalizada para consolidar un crecimiento robusto y duradero.