La esquina de Paseo de la Reforma y Avenida de la República se convirtió ayer en un epicentro de dolor y exigencia. Bajo la consigna #AquíNadieOlvida, periodistas, familiares de comunicadores asesinados y organizaciones defensoras de la libertad de expresión se dieron cita para honrar la memoria de sus compañeros caídos y, sobre todo, para clamar por justicia ante la rampante impunidad que, año tras año, tiñe de sangre el ejercicio periodístico en México.
El evento, cargado de emotividad y de una profunda indignación, revivió las palabras del corresponsal de La Jornada en Sinaloa, Javier Valdez, asesinado en Culiacán el 15 de mayo de 2017. Su célebre frase, “Al buen periodismo le hace falta sociedad que lo acompañe”, resonó con fuerza, subrayando la soledad y el desamparo que sienten quienes arriesgan su vida para informar.
Griselda Triana, viuda de Javier Valdez, fue una de las voces más potentes de la jornada. Con la entereza que la caracteriza, Triana advirtió que los crímenes contra periodistas continúan impunes en su gran mayoría, una realidad que desmoraliza y silencia a muchos. La falta de resultados contundentes por parte de las autoridades, la lentitud de los procesos judiciales y, en ocasiones, la aparente indiferencia de la sociedad, configuran un panorama desolador para la prensa mexicana.
La jornada de memoria y resistencia no fue solo un acto de recuerdo, sino una clara denuncia. Los asistentes señalaron directamente la inacción y la ineficacia de los mecanismos de protección y justicia. Se cuestionó la efectividad de las fiscalías especializadas y de los protocolos de seguridad, que parecen insuficientes ante la brutalidad y la organización de quienes buscan silenciar a la prensa.
El contexto de violencia contra periodistas en México es alarmante y persistente. Cada año, la lista de comunicadores asesinados, desaparecidos o agredidos crece, mientras que los casos resueltos y los responsables llevados ante la justicia son una minoría vergonzosa. Esta situación crea un círculo vicioso de miedo y autocensura, donde la información veraz y crítica se ve amenazada.
La exigencia de justicia va más allá de los casos individuales. Se trata de defender el derecho a la información de toda la sociedad. Cuando un periodista es silenciado, es la voz de la ciudadanía la que se apaga. La impunidad fomenta la corrupción y debilita la democracia, al permitir que los abusos queden sin castigo.
Las organizaciones presentes hicieron un llamado urgente a la sociedad civil para que se involucre activamente en la defensa del periodismo. La frase de Javier Valdez cobra hoy más vigencia que nunca: el periodismo necesita el respaldo y la atención de la sociedad para poder cumplir su función fiscalizadora y de contrapeso.
Se recordó también a otros periodistas caídos, cuyas historias y luchas se entrelazan en este doloroso tapiz de la violencia en México. Cada nombre pronunciado era un recordatorio de las vidas truncadas y de las familias destrozadas por la brutalidad.
La jornada #AquíNadieOlvida busca ser un faro de esperanza y un llamado a la acción. No se trata solo de recordar a los que ya no están, sino de luchar por un presente y un futuro donde los periodistas puedan ejercer su labor sin temor a represalias. La exigencia es clara: ¡Justicia para los periodistas caídos y fin a la impunidad!
La falta de resultados tangibles por parte de las autoridades federales y estatales en la investigación y sanción de los crímenes contra la prensa es un tema recurrente. Se percibe una desconexión entre los discursos oficiales de protección a la libertad de expresión y la realidad palpable en las calles, donde los agresores rara vez enfrentan consecuencias.
El evento sirvió también para visibilizar las diversas formas de agresión que sufre el periodismo: desde amenazas y hostigamiento hasta agresiones físicas y, en el extremo, el asesinato. La diversidad de voces presentes, representando diferentes medios y regiones del país, demostró la magnitud del problema que trasciende fronteras geográficas y líneas editoriales.
La comunidad periodística reiteró su compromiso con la verdad y la denuncia, a pesar de los riesgos. Sin embargo, la persistencia de la impunidad pone en jaque la sostenibilidad de esta labor vital para la democracia. La exigencia de un periodismo libre y seguro es, en última instancia, una exigencia por una sociedad más informada y justa.
El llamado final fue a no bajar la guardia, a seguir documentando, a seguir informando y, sobre todo, a seguir exigiendo que cada crimen contra un periodista sea investigado a fondo y que los responsables, desde el autor material hasta los posibles autores intelectuales, sean llevados ante la justicia. La memoria de Javier Valdez y de tantos otros vive en esta lucha.