A horas de que el balón comience a rodar en la Copa del Mundo 2026, una sombra de temor se cierne sobre las comunidades migrantes en Estados Unidos. La anunciada participación del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) en la seguridad del torneo ha encendido las alarmas entre defensores de derechos humanos y los propios inmigrantes, quienes ven en la celebración deportiva una potencial plataforma para redoblar las acciones de control y detención.

Las 11 ciudades anfitrionas en territorio estadounidense se han convertido en focos de movilización. Organizaciones civiles y activistas trabajan a contrarreloj para establecer redes de protección y asesoría legal para los asistentes y residentes, ante la posibilidad de que el ICE aproveche la aglomeración de personas para intensificar sus operaciones.

La preocupación no es infundada. El Congreso de Estados Unidos aprobó recientemente un paquete de financiamiento de 70,000 millones de dólares para la política migratoria, del cual cerca de 38,000 millones se destinarán al ICE. Estos fondos se suman a los ya aprobados previamente, evidenciando una política de mano dura contra la inmigración que ahora podría verse amplificada por el escaparate global del Mundial.

Los intentos de la bancada demócrata por limitar la actuación del ICE durante el torneo, mediante la presentación de tres proyectos de ley en marzo, fracasaron en el Congreso. La falta de legislación protectora deja a los migrantes en una posición de mayor vulnerabilidad.

Protestas y Acuerdos Laborales

La perspectiva de una presencia activa del ICE en los estadios ha galvanizado a diversos sectores. En Los Ángeles, el sindicato que representa a los trabajadores de la hospitalidad del SoFi Stadium, una de las sedes principales, rompió negociaciones contractuales con los operadores del inmueble. Su demanda principal: mantener al ICE fuera de las instalaciones y garantizar condiciones laborales dignas.

Tras intensas negociaciones, ambas partes anunciaron un acuerdo tentativo. Este pacto, de ser ratificado, otorgaría a los trabajadores la facultad de abandonar sus puestos si se sintieran amenazados por la presencia de agentes migratorios. Un precedente significativo en la defensa de los derechos laborales frente a la política migratoria.

En Dallas, el grupo de derechos civiles El Movimiento DFW ha tomado la iniciativa de distribuir kits de silbatos y material informativo, incluyendo datos para obtener consultas legales gratuitas con abogados de inmigración. El objetivo es empoderar a las comunidades ante posibles detenciones cerca de los recintos mundialistas.

Campaña Nacional "No ICE in the Cup"

Una coalición de más de 120 organizaciones sin fines de lucro, líderes religiosos y sindicatos ha lanzado la campaña nacional "No ICE in the Cup". Esta iniciativa busca organizar eventos paralelos al Mundial, como fiestas comunitarias y torneos juveniles, libres de la presencia del ICE.

Grupos como Working Washington en Seattle y West Philadelphia Corridor Collaborative están co-organizando eventos de lanzamiento y campañas de recolección de firmas. El objetivo es comprometer a negocios locales, especialmente restaurantes y bares, para que se declaren "espacios seguros" para los inmigrantes y ofrezcan información crucial sobre las acciones del ICE.

En Miami, ciudad que registra el mayor número de arrestos por inmigración en el país, los defensores están activando una red de respuesta rápida. Esta red, fortalecida por la creciente colaboración entre la policía local y el ICE, insta a las comunidades inmigrantes a reportar cualquier actividad sospechosa a una línea directa operada por la Alianza de Respuesta Rápida de Florida.

Temor en el Corazón de la Comunidad Hispana

De los 104 partidos programados, 78 se llevarán a cabo en Estados Unidos, país coorganizador junto a Canadá y México. La comunidad hispana, que representa el 20% de la población estadounidense y se concentra en estados como California, Texas y Florida, se encuentra particularmente preocupada.

Activistas temen que el ICE pueda enfocar sus operaciones en turistas extranjeros y residentes indocumentados en las inmediaciones de los estadios y las "Fan Zones", donde se espera la congregación masiva de aficionados. La posibilidad de redadas y detenciones masivas empaña la fiesta del fútbol para millones.

La situación pone de manifiesto la tensión constante entre la celebración deportiva internacional y la dura realidad de la política migratoria en Estados Unidos, dejando a las comunidades más vulnerables en un estado de alerta permanente durante uno de los eventos deportivos más esperados del mundo.