Pareciera que el arte de contar historias, conocido como storytelling, ha sido relegado a un segundo plano en el competitivo mercado laboral, eclipsado por habilidades técnicas como el análisis de datos. Sin embargo, la irrupción de la inteligencia artificial y la digitalización de procesos han provocado un giro inesperado, revalorizando esta habilidad blanda como nunca antes.

Roberto Ventura, socio fundador de Neos RH Consultores, confirma esta tendencia. Según Ventura, el storytelling se ha convertido en un elemento crucial en las entrevistas de trabajo, en la evaluación de líderes y en la valoración general del talento. A pesar del auge de la IA, la conexión humana que proporciona el relato sigue siendo insustituible. "Hoy los reclutadores evaluamos la experiencia técnica y observamos qué tan bien una persona logra transmitir sus ideas y conectar con los demás porque esas habilidades son muy poderosas en ambientes laborales en los que la colaboración y la comunicación son indispensables para la operación", explica Ventura.

Esta perspectiva es compartida por Genaro Mejía, CEO de StoryShake y autor del libro "¿Quién mató al storytelling? Narrativas sin mentiras". Mejía observa cómo las empresas buscan cada vez más perfiles capaces de aterrizar ideas complejas, infundir confianza y comunicar la visión de un proyecto o de la compañía de manera efectiva. "Nunca habíamos tenido tantas herramientas para producir mensajes más rápido, pero al mismo tiempo cada vez cuesta más trabajo sonar auténticos y diferenciarse porque los mensajes que las empresas generan con IA suelen sonar igual", advierte Mejía, subrayando la dificultad de mantener la autenticidad en un mar de contenido generado por máquinas.

Un estudio reciente de LinkedIn, titulado "Skills on the Rise 2025", revela una tendencia clara: siete de las diez habilidades con mayor crecimiento en el mercado laboral están intrínsecamente ligadas a capacidades humanas. Estas incluyen la comunicación, la adaptabilidad y la resolución de conflictos, precisamente porque son áreas donde la automatización aún presenta limitaciones significativas.

Mejía aclara que el problema no reside en el uso de la inteligencia artificial, sino en la dependencia total de ella. La IA debe ser vista como una herramienta para potenciar la eficiencia, no como un sustituto del juicio humano. Él mismo utiliza plataformas como ChatGPT y Gemini para optimizar procesos y organizar información, pero insiste en que el criterio y la capacidad de discernir matices siguen siendo prerrogativas humanas. "Hay cosas que la inteligencia artificial no sabe porque la IA no tiene recuerdos y un humano sí. La única manera de distinguirte es volver al contenido hecho por humanos con historias para humanos", enfatiza.

Sin embargo, Mejía lanza una advertencia sobre la tendencia actual: "el péndulo se está yendo al otro extremo. Gente que la usa para todo, y la consecuencia es que nos vamos a empezar a volver obsoletos. Hoy, los puestos que se están perdiendo por la IA en las oficinas son los junior que no tienen capacidad analítica ni pensamiento crítico", señala, apuntando a los roles de menor jerarquía como los más vulnerables ante la automatización indiscriminada.

Ventura añade que la IA, si bien acelera la producción, carece de la capacidad de generar confianza y diferenciación. Los textos y las estrategias de marketing creados por IA a menudo exhiben estructuras repetitivas y una falta de estilo propio, algo crítico en industrias creativas. "No es que esté mal, dice, pero no hay una diferenciación ni un estilo propio de quién está detrás, en una industria que se caracteriza por vender y ejecutar ideas creativas."

La discusión sobre la IA, según Mejía, va más allá de la productividad y la eficiencia. Plantea interrogantes fundamentales sobre la creatividad, el pensamiento crítico y la creciente dependencia tecnológica. "Estamos perdiendo la capacidad de pensar. Por eso es que el storytelling es y será cada vez más valorado y necesario en las empresas", asegura, reiterando la importancia de la narrativa humana.

El estudio de LinkedIn corrobora esta idea al señalar que las habilidades vinculadas a la creatividad, la comunicación y la resolución de problemas ganan valor a medida que las empresas automatizan tareas operativas. La empatía, el liderazgo y el razonamiento humano, actividades que apenas tienen un potencial de automatización del 13% según Adecco, dependen de la experiencia, el juicio y la perspectiva personal, elementos que la IA aún no puede replicar.

En este contexto, Ventura destaca el valor de las habilidades blandas: "En el mercado laboral actual explicar una visión, convencer a tu equipo o construir credibilidad importa más en las organizaciones donde gran parte de la información ya puede producirse en segundos". La capacidad de conectar emocionalmente y de persuadir a través de relatos se erige como un diferenciador clave en la era de la inteligencia artificial.

La digitalización y el avance tecnológico han transformado radicalmente el panorama laboral. Si bien la IA ofrece herramientas poderosas para la eficiencia y la producción de contenido, también ha puesto de manifiesto la necesidad imperante de preservar y cultivar aquellas cualidades intrínsecamente humanas que nos definen y nos permiten conectar a un nivel más profundo.

El storytelling, lejos de ser una habilidad obsoleta, se consolida como un puente esencial entre la tecnología y la humanidad. Permite a las organizaciones no solo comunicar sus mensajes de manera más efectiva, sino también construir relaciones más sólidas y significativas con sus audiencias y equipos de trabajo.

En definitiva, la era de la IA no marca el fin de las habilidades humanas, sino su redefinición y revalorización. Aquellos profesionales que logren dominar el arte de contar historias, combinándolo con la eficiencia que ofrece la tecnología, estarán mejor posicionados para navegar y prosperar en el cambiante mundo laboral del futuro.

La capacidad de tejer narrativas convincentes se convierte así en una herramienta estratégica para las empresas que buscan destacar en un mercado saturado de información y contenido genérico. El factor humano, encapsulado en el storytelling, emerge como el diferenciador definitivo.