La Inteligencia Artificial (IA) se perfila como una fuerza disruptiva de proporciones masivas, con el potencial de eliminar hasta el 40 por ciento de los empleos a nivel mundial en los próximos tres a cinco años, según una contundente advertencia de Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI).
En economías avanzadas, la cifra es aún más alarmante, proyectándose que hasta el 60 por ciento de los puestos de trabajo podrían verse afectados por el avance imparable de esta tecnología. Georgieva describió este fenómeno como un "tsunami de avance lento" que redefinirá el panorama laboral y económico global.
El Doble Filo de la IA: Crecimiento y Desplazamiento
Durante su participación en la Conferencia Internacional de Banca, organizada por Grupo Santander, la titular del FMI reconoció que la IA es uno de los principales motores del crecimiento económico actual. Sin embargo, este impulso viene acompañado de riesgos significativos, especialmente en lo que respecta al mercado laboral.
Si bien algunos empleos se verán fortalecidos, permitiendo a los trabajadores acceder a mejores remuneraciones, otros simplemente desaparecerán. La transformación será la norma, y la necesidad de adquirir nuevas habilidades se volverá crucial para la supervivencia profesional.
Estudios del FMI revelan que en Estados Unidos, por ejemplo, uno de cada diez empleos ya requiere habilidades directamente relacionadas con la IA o una inversión considerable en su desarrollo. Paralelamente, se observa una clara tendencia a la reducción de empleos que implican tareas rutinarias, las cuales son las más susceptibles a la automatización.
Divergencia Económica y los Ganadores de la IA
Las expectativas de crecimiento económico mundial, fijadas en un 3.1 por ciento, se sustentan en diversos factores, incluyendo la participación activa del sector privado y la solidez de los bancos centrales. La tecnología, en general, es vista como un motor de dinamismo, capaz de generar entusiasmo e impulsar el gasto de los consumidores a través del aumento en las valuaciones de las empresas.
No obstante, el panorama económico global muestra una creciente divergencia. Los países que están logrando capitalizar el auge de la IA son aquellos que se han integrado exitosamente en sus cadenas de valor. Este selecto grupo está experimentando un crecimiento acelerado, mientras que el resto del mundo enfrenta mayores desafíos.
Estados Unidos, China e India emergen como los principales productores de tecnología de IA. Lamentablemente, Europa aún no figura en esta liga de vanguardia. Otros países actúan como proveedores de componentes esenciales, como los chips y el hardware, mientras que la mayoría de las naciones se encuentran en la posición de usuarios y adoptantes, con distintos grados de éxito en esta integración.
Los Tres Grandes Riesgos de la IA según el FMI
Georgieva enfatizó que, a pesar de las oportunidades extraordinarias que ofrece la IA, el mundo debe estar preparado para enfrentar tres grandes riesgos interconectados. El primero y más apremiante es la estabilidad financiera.
El entusiasmo desmedido por la IA ha atraído inversiones masivas, convirtiéndola en un pilar fundamental de la economía global. Sin embargo, una eventual desaceleración o desilusión podría provocar una salida masiva de inversionistas, desestabilizando los mercados y generando serios problemas económicos.
El segundo riesgo identificado es el financiamiento de las inversiones en IA a través de deuda a largo plazo. Se están financiando proyectos cuyos beneficios podrían materializarse en cinco años con instrumentos de deuda que vencen en 50 años. Esta discrepancia temporal representa una vulnerabilidad financiera considerable, ya que los beneficios a corto plazo no necesariamente respaldan las obligaciones a largo plazo.
Finalmente, el tercer riesgo, y quizás el más socialmente sensible, reside en los mercados laborales. El "tsunami de avance lento" de la IA tiene el potencial de modificar drásticamente las condiciones de empleo en diversas economías y sectores productivos, exigiendo una adaptación rápida y profunda por parte de trabajadores y gobiernos para mitigar sus efectos adversos y aprovechar sus beneficios.