Joel Huiqui no porta un apellido común. Su nombre de familia es una palabra yoreme que hunde sus raíces en la comunidad de los indios mayos de Navojoa, en el sur de Sonora, tierra de sus bisabuelos. En la lengua originaria de los pueblos del noroeste mexicano, Huiqui significa "águila" o "pájaro", un símbolo que representa la identidad de una comunidad históricamente definida como "el pueblo que respeta la tradición".

Ese linaje de resistencia cultural viajó con su abuelo desde Sonora hasta Sinaloa, donde la familia echó raíces en Ohuira, un ejido de apenas dos mil habitantes. Fue en ese pequeño territorio campesino donde creció el estratega que habría de hacer historia en el fútbol mexicano.

Huiqui fue el menor de ocho hermanos —siete varones y una mujer— en una familia que mantuvo viva la memoria de sus ancestros mayos. Esa herencia de perseverancia y respeto a las raíces se traduciría años después en una hazaña deportiva sin precedentes.

El técnico se convirtió en el primero en la historia de la Liga MX en conquistar el campeonato con apenas siete partidos dirigidos al frente de Cruz Azul. Un logro que lleva impreso, como su apellido, el sello de una comunidad que nunca renunció a su identidad.

Desde los ejidos de Sinaloa hasta los estadios del fútbol profesional, la trayectoria de Huiqui es también la historia de las comunidades indígenas y campesinas que han sabido preservar su legado mientras conquistan nuevos espacios. El águila mayo alzó el vuelo y escribió su nombre en letras de oro.