Un centro de detención migratorio en Newark, Nueva Jersey, se ha convertido en escenario de una crisis que ya cumple cuatro días, luego de que inmigrantes recluidos iniciaran una huelga de hambre y de trabajo para visibilizar las condiciones que enfrentan en el interior de las instalaciones.

Los detenidos exigen la liberación inmediata de las personas más vulnerables entre la población recluida, mientras denuncian el trato que reciben por parte de las autoridades migratorias estadounidenses.

En el exterior del centro, familiares de los recluidos y activistas pro migrantes han organizado manifestaciones de apoyo que han escalado en tensión. Las protestas han contado con la presencia de legisladores federales e incluso de la gobernadora del estado, quienes han respaldado públicamente las demandas de los manifestantes.

La situación se tornó violenta cuando agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) reprimieron las acciones de protesta, generando enfrentamientos que se han prolongado durante varios días consecutivos.

Las autoridades migratorias no han emitido declaraciones oficiales sobre las condiciones denunciadas al interior del centro de detención, ni sobre los incidentes registrados en las manifestaciones externas.

El caso ha puesto nuevamente en el centro del debate nacional la situación de los centros de detención migratoria en Estados Unidos y las políticas de control fronterizo que mantienen a miles de personas en espera de resolución sobre su estatus migratorio.