En un gesto que resuena con la historia y las luchas del campo mexicano, el Instituto de Educación Media Superior (IEMS) de la Ciudad de México ha bautizado nuevos planteles con nombres que honran a figuras emblemáticas de la Revolución y el agrarismo. Esta iniciativa, impulsada por las propias comunidades y organizaciones locales, demuestra un profundo respeto por las raíces y la memoria histórica que dan sustento a la identidad de los barrios y ejidos.

El plantel de Milpa Alta, por ejemplo, llevará el nombre de Emiliano Zapata. La elección no es casual: esta demarcación fue un bastión zapatista y desde allí se planeó la ofensiva que buscaba tomar la Ciudad de México en 1914. Nombrar un centro educativo en su honor es un reconocimiento a la herencia revolucionaria que aún palpita en la región y un recordatorio para las nuevas generaciones de la importancia de la lucha por la tierra y la justicia.

De igual forma, el plantel de San Miguel Topilejo ha sido nombrado en honor a Otilio Montaño, el maestro y estratega que, junto a Zapata, redactó el Plan de Ayala. Esta decisión fue propuesta directamente por los ejidatarios de la zona, quienes generosamente donaron los terrenos para la construcción del plantel. Su participación activa en la nomenclatura subraya la conexión intrínseca entre la tierra, su gente y la educación que se imparte en ella.

La lista de nombres inspiradores no se detiene ahí. Se ha anunciado que otros planteles rendirán homenaje a figuras como Lázaro Cárdenas, un presidente que marcó un antes y un después en la historia agraria de México con la expropiación petrolera y el reparto de tierras; Rosario Ibarra de Piedra, incansable luchadora por los derechos humanos y la presentación de desaparecidos políticos; Francisco J. Múgica, un revolucionario comprometido con las causas sociales; José Revueltas, el escritor que plasmó las luchas sociales en sus obras; Josefa Ortiz Téllez Girón, una figura clave en la Independencia; y Ricardo Flores Magón, precursor de la Revolución Mexicana y un ideólogo anarquista fundamental.

Esta política de nombramiento, que surge de la base social y se alinea con los ideales de justicia y soberanía, contrasta con enfoques educativos que a menudo parecen desconectados de la realidad y la historia de los mexicanos. Al vincular los nombres de los planteles con líderes agrarios y revolucionarios, se fortalece el sentido de pertenencia y se fomenta un orgullo por la historia nacional, especialmente entre los jóvenes que cursan sus estudios medios superiores.

Un aspecto particularmente relevante que se busca retomar es la impartición de la Lengua y Cultura Náhuatl como materia optativa. Hasta hace dos años, esta opción estaba disponible en todos los planteles del IEMS, y su posible reinstauración ha sido recibida con entusiasmo. La sensibilidad de la actual Jefa de Gobierno, Clara Brugada, y de la dirección del IEMS hacia este tema es crucial para preservar y difundir el patrimonio cultural de los pueblos originarios de México.

La inclusión de la lengua y cultura náhuatl no es solo un acto de preservación, sino una afirmación de la diversidad y la riqueza multicultural de la Ciudad de México. En un contexto globalizado, donde las identidades locales a menudo se ven amenazadas, revitalizar estas expresiones culturales es un acto de resistencia y afirmación identitaria. Los estudiantes tendrán la oportunidad de conectar con sus raíces ancestrales, comprendiendo la profundidad histórica y la cosmovisión de los pueblos originarios.

La donación de terrenos por parte de los ejidatarios para la construcción de estos planteles es un testimonio del compromiso de las comunidades rurales con la educación. Representa una inversión social invaluable, donde la tierra, que históricamente ha sido fuente de sustento y lucha, se transforma en un espacio para el conocimiento y el desarrollo de las futuras generaciones. Este acto de generosidad refuerza el vínculo entre la comunidad y la institución educativa.

La figura de Emiliano Zapata, cuyo nombre ahora adorna un plantel en Milpa Alta, evoca la lucha por la tierra y la justicia social. Su legado, plasmado en el Plan de Ayala, sigue siendo una referencia ineludible para quienes buscan un México más equitativo. Que los jóvenes de Milpa Alta estudien en un plantel que lleva su nombre es un llamado constante a la reflexión sobre los derechos agrarios y la importancia de la organización popular.

De manera similar, Otilio Montaño, maestro y estratega, representa la inteligencia y la visión detrás de los movimientos sociales. Su inclusión en la nomenclatura de un plantel en San Miguel Topilejo, gracias a la voluntad de los ejidatarios, subraya la importancia de la educación y el pensamiento crítico como herramientas para la transformación social. Es un reconocimiento a los intelectuales orgánicos que han acompañado las luchas del pueblo.

La mención de figuras como Lázaro Cárdenas resalta la importancia de los líderes que han defendido la soberanía nacional y los recursos del pueblo. Su legado en materia de reforma agraria y nacionalización de industrias sigue siendo un referente para las políticas públicas que buscan el bienestar social y la justicia económica.

Rosario Ibarra de Piedra, por su parte, encarna la lucha incansable por los derechos humanos y la memoria. Su nombre en un plantel educativo es un recordatorio de la importancia de la verdad, la justicia y la no repetición de las atrocidades cometidas contra el pueblo.

La presencia de nombres como Josefa Ortiz Téllez Girón y Ricardo Flores Magón en la nomenclatura de los planteles del IEMS es un homenaje a las raíces de la independencia y la lucha por la libertad. Estos próceres representan la valentía y la determinación de quienes soñaron y lucharon por un México libre y soberano.

En resumen, la decisión de nombrar los nuevos planteles del IEMS con figuras históricas ligadas a la lucha agraria y revolucionaria, y el impulso por retomar la enseñanza del náhuatl, son pasos firmes hacia una educación que honra la memoria, fortalece la identidad y promueve los valores de justicia y soberanía. Es una apuesta por una educación con rostro humano y profundamente arraigada en la historia y las aspiraciones del pueblo mexicano.