En el municipio sinaloense de Eldorado, las granjas camaroneras que durante décadas representaron el sustento de cientos de familias atraviesan una crisis sin precedentes. Rosendo Aispuro camina entre estanques secos y estructuras abandonadas que alguna vez albergaron una próspera industria acuícola.

Las instalaciones que antes bullían con la actividad diaria de la cosecha y procesamiento de crustáceos permanecen ahora en silencio. La tierra agrietada de los estanques vacíos contrasta con el recuerdo de épocas en que la producción camaronera colocaba a esta región como referente nacional.

Aispuro, quien dedicó años de su vida al cultivo de camarón, observa con resignación el deterioro de infraestructura que requirió inversión considerable. Las bombas de agua oxidadas y los canales de alimentación obstruidos son testimonio de una actividad económica que se apagó gradualmente.

La situación en Eldorado refleja los desafíos que enfrenta la acuicultura en diversas regiones del país. Factores como costos operativos elevados, competencia internacional y problemas de comercialización han golpeado duramente a productores locales que carecen de recursos para mantener sus operaciones.

Las familias que dependían directa e indirectamente de esta industria han tenido que buscar alternativas de subsistencia. El cierre de granjas no solo representa pérdida económica individual, sino el desmantelamiento de una cadena productiva que incluía proveedores de insumos, transportistas y comercializadores.

La ausencia de programas de rescate efectivos o reconversión productiva deja a ex acuicultores sin opciones claras. Mientras tanto, las instalaciones continúan su proceso de deterioro bajo el sol sinaloense, como monumentos involuntarios a una actividad que alguna vez fue motor de desarrollo regional.