Alejandro González Iñárritu reconoce que la paternidad, la muerte y la migración han sido los ejes temáticos recurrentes en su filmografía, pero su más reciente trabajo representa un giro radical en su trayectoria creativa.

El director mexicano describió a Digger, su nueva comedia negra, como un proyecto "absolutamente esquizofrénico" que lo obligó a salir de su zona de confort y explorar territorios narrativos desconocidos para él.

"Nunca había hecho algo así y me costó años aprender cómo hacerla técnica y tonalmente", admitió el cineasta ganador del Oscar, quien ha construido su reputación con dramas intensos y estructuras narrativas complejas.

González Iñárritu expresó su preocupación constante por evitar caer en los manierismos que pueden atrapar a los directores establecidos. "Cuando te repites y te encierras en tu estilo, es muy limitante y no me gusta", señaló el realizador.

La búsqueda de exploración y aprendizaje continuo parece ser el motor que impulsa al cineasta a desafiar sus propias fórmulas narrativas, incluso cuando éstas le han valido reconocimiento internacional.

Con Digger, González Iñárritu apuesta por expandir su registro cinematográfico hacia la comedia negra, un género que demanda un equilibrio tonal particularmente delicado y que representa un desafío técnico distinto a sus trabajos previos.