Las aerolíneas del mundo enfrentan un panorama sombrío para este año. La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) ha lanzado una advertencia contundente: las ganancias del sector se verán mermadas drásticamente, cayendo cerca de la mitad en comparación con el año anterior. Este desplome se atribuye principalmente al galopante aumento en el precio de la turbosina, combustible esencial para la aviación, exacerbado por un cóctel de factores geopolíticos y disrupciones en las cadenas de suministro energético.

Según las proyecciones de la IATA, el beneficio neto global de las aerolíneas se reducirá de unos 45 mil millones de dólares registrados en 2025 a tan solo 23 mil millones de dólares en el presente año. Esto representa una caída del 49%, o lo que es lo mismo, una merma de 22 mil millones de dólares. El margen neto, que ya de por sí es históricamente bajo en la industria aérea, se contraerá del 4.2% al 2%.

Willie Walsh, director general de la IATA, detalló durante la apertura de la reunión anual de la entidad en Río de Janeiro que, a nivel mundial, se espera que cada pasajero genere una ganancia promedio de apenas 4.5 dólares. La situación se agrava en regiones como América Latina, donde la utilidad por viajero se estima en unos escasos 3.5 dólares.

El Impacto de la Crisis Energética y Geopolítica

La crisis energética, marcada por eventos como el cierre del estrecho de Ormuz y otras interrupciones en el suministro de combustibles, ha provocado que el precio de la turbosina prácticamente se duplique. Este encarecimiento ha puesto a prueba la resiliencia financiera de las aerolíneas, que operan con márgenes de ganancia intrínsecamente bajos y rendimientos que a menudo no cubren el costo del capital.

El informe sectorial de la IATA subraya que el costo del combustible para las aerolíneas se incrementará en un 40% respecto al año anterior, sumando unos 100 mil millones de dólares a la factura global de combustible para 2026. Este aumento en la estructura de costos representa una presión significativa sobre los planes de expansión y conectividad de las compañías aéreas, en un entorno global marcado por la alta volatilidad.

Walsh recordó que la industria apenas se recuperaba de los estragos de la pandemia de COVID-19 cuando se vio confrontada con nuevos desafíos. Problemas en la cadena de suministro aeroespacial, la guerra en Ucrania, tensiones geopolíticas crecientes y cambios en las políticas comerciales globales han configurado un escenario complejo. La reciente escalada del conflicto en Oriente Medio en marzo pasado disparó aún más los precios del petróleo y, consecuentemente, los del combustible de aviación.

"Es un año difícil para todas las aerolíneas", afirmó Walsh, quien señaló que la situación es particularmente complicada para aquellas compañías que aún no habían logrado una recuperación financiera sólida tras la pandemia. El aumento en los precios de los boletos de avión y un manejo más eficiente de las flotas han servido como paliativos parciales, pero no logran compensar completamente el impacto del alza en los costos del combustible.

Resiliencia de la Demanda y Problemas de Suministro

A pesar del deterioro en la rentabilidad, la IATA destacó un aspecto positivo: la demanda de transporte aéreo continúa mostrando una notable resiliencia, incluso ante el incremento en las tarifas. La organización proyecta un crecimiento del 2.1% en el tráfico de pasajeros para este año, y un 0.7% en el transporte de carga. Si bien estas cifras son inferiores a las de años anteriores, demuestran la persistente voluntad de los consumidores por viajar.

Sin embargo, los problemas en la cadena de suministro global del sector aeronáutico siguen siendo un lastre importante. Los retrasos en la entrega de aviones y motores nuevos, más eficientes y menos contaminantes, obligan a las aerolíneas a mantener en operación flotas más antiguas. La edad promedio de las aeronaves ha alcanzado un récord de 15.2 años, lo que se traduce en mayores costos de mantenimiento y un consumo de combustible menos eficiente.

Según estimaciones de la IATA, estos problemas en la cadena de suministro ya habían costado al sector al menos 11 mil millones de dólares en 2025. El encarecimiento del combustible agrava aún más esta carga financiera, creando un círculo vicioso de costos crecientes y márgenes decrecientes.

La Paciencia se Agota con los Fabricantes de Motores

La IATA también expresó su creciente frustración con los fabricantes de motores de avión. Los continuos atrasos en la producción y entrega de estos componentes críticos han generado pérdidas significativas para la industria, estimadas en 11 mil millones de dólares solo en 2025. Esta situación, sumada a los problemas de suministro de aeronaves completas, limita la capacidad de las aerolíneas para modernizar sus flotas y mejorar su eficiencia operativa.

La organización ha advertido que la paciencia se está agotando y que se requieren soluciones urgentes para abordar estos cuellos de botella. La dependencia de un número limitado de proveedores y las complejidades inherentes a la fabricación de motores de alta tecnología han creado una situación insostenible para el crecimiento y la rentabilidad del sector aéreo global.

En este contexto, la IATA hace un llamado a la colaboración entre todos los actores de la cadena de valor aeronáutica para encontrar soluciones a corto y largo plazo. La estabilidad y el crecimiento futuro de la industria dependen de la capacidad para superar estos desafíos operativos y financieros, garantizando al mismo tiempo la seguridad y la eficiencia de los vuelos a nivel mundial.