La estrategia energética de México, centrada en la expansión de la producción de gas natural y el controversial método del fracking, ha sido puesta en entredicho por un grupo de expertos. Lejos de ser una solución a la dependencia del país, estas políticas podrían estar cavando una tumba más profunda en combustibles fósiles, haciendo más lenta, costosa y peligrosa la necesaria transición hacia energías renovables.

El Natural Resource Governance Institute (NRGI) ha encendido las alarmas. Sus especialistas señalan que el problema de México no es meramente la cantidad de gas que importa de Estados Unidos, sino una dependencia estructural, tejida a lo largo de décadas, que ha configurado todo el sistema energético nacional alrededor de este combustible.

“La dependencia del gas es estructural y, por lo tanto, no puede atenderse sólo desde la oferta, cuando el sistema se está construyendo solo alrededor del gas, la transición se vuelve más costosa, más lenta y riesgosa también”, explicó Talia Contreras, Program Officer de NRGI, durante un webinar.

La infraestructura, las tecnologías, la logística y hasta la toma de decisiones en el sector energético mexicano han sido diseñadas para sostener y expandir el consumo de gas natural. Las centrales de ciclo combinado, pilares del sistema eléctrico nacional, dependen masivamente de este recurso.

Contreras fue contundente: “Más oferta no reduce la dependencia; más infraestructura lo que hace es profundizar el lock-in, es decir, hace más difícil cambiar las trayectorias después”. Esto significa que cada nueva inversión en infraestructura gasífera nos ata aún más a los combustibles fósiles, dificultando enormemente un futuro energético más limpio.

La política energética actual, según los expertos, sigue enfocada en expandir la oferta de gas mediante más producción nacional, más ductos y mayor capacidad de transporte, sin considerar plenamente los riesgos inherentes a esta dependencia.

Aaron Sayne, Oficial Senior de Gobernanza de NRGI, añadió una capa de preocupación global. La creciente competencia internacional por el gas natural, impulsada por las exportaciones de Gas Natural Licuado (GNL) de Estados Unidos hacia Europa y Asia, podría disparar los precios y la volatilidad para México.

“El mayor riesgo que enfrenta México en este momento es el de invertir en soluciones falsas para su dependencia del gas”, advirtió Sayne. Recordó casos de otros países que, ante crisis energéticas, intentaron aumentar su producción nacional de gas y recurrir al fracking, solo para encontrarse con resultados limitados o francos fracasos.

Estos intentos, según Sayne, a menudo resultaron poco realistas por fallas geológicas, falta de conocimiento técnico, o simplemente por la ausencia de capital de inversionistas extranjeros. En muchos casos, los proyectos llegaron tarde para resolver las crisis que pretendían atender.

Aleida Azamar Alonso, investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana, coincidió en que el principal peligro para México es consolidar una estrategia energética basada en la expansión permanente del gas fósil. Impulsar el fracking bajo el pretexto de soberanía energética sería, a su juicio, un error estratégico mayúsculo.

“Si apostamos por el fracking como solución estructural, podríamos terminar reproduciendo problemas similares a los observados en Estados Unidos o en Vaca Muerta en Argentina”, señaló Azamar, recordando los desafíos ambientales y sociales que estas prácticas han generado.

La académica recordó la cruda realidad: México importa cerca del 75 por ciento del gas que consume, dependiendo casi en su totalidad de un único proveedor: Estados Unidos. Esta vulnerabilidad se agrava al apostar por métodos de extracción interna que, según los expertos, no son la panacea.

Susana Cazorla Espinosa, directora de SICEnrgy, reconoció que el gas natural sirvió como combustible de transición en décadas pasadas, pero criticó la falta de una hoja de ruta clara para abandonar esa dependencia. “Cuando ponemos combustible de transición energética, yo nunca he visto en qué momento se acaba esa transición”, cuestionó.

Cazorla Espinosa señaló la paradoja de que México continúe expandiendo infraestructura gasífera mientras las tecnologías renovables y los sistemas de almacenamiento de energía son cada vez más viables y competitivos económicamente.

Finalmente, José María Valenzuela, profesor de El Colegio de México, vio con buenos ojos los avances hacia una planeación energética vinculante. Sin embargo, enfatizó la necesidad de integrar estrategias de electrificación y gestión de la demanda para lograr una reducción gradual y sostenible de la dependencia del gas. “Tenemos que aprender a utilizar todas las nuevas disposiciones que existen en materia de demanda”, concluyó.