México enfrenta un desafío mayúsculo en su autosuficiencia energética: la producción de gas natural mediante la técnica de fractura hidráulica, conocida como fracking, demandaría una inversión astronómica de 108,000 millones de dólares y hasta una década para satisfacer la demanda actual del país.

Merlín Cochran, director general de la Asociación Mexicana de Empresas de Hidrocarburos (Amexhi), detalló que para alcanzar una producción de 9,000 millones de pies cúbicos diarios, cifra que equipara el consumo actual de México, se requeriría el desarrollo de 24 proyectos completamente nuevos de exploración y producción de gas natural seco.

"El monto de inversión requerida para alcanzar esto en el norte del país son 108,000 millones de dólares. Esto es 1.4 veces lo que trajo la reforma del 2013, es muchísimo dinero y muchísima gente metida aquí", señaló Cochran durante el foro Infraestructura Energética como Detonador de Crecimiento, organizado por el Consejo Coordinador Empresarial (CCE).

La magnitud de los recursos financieros no es el único obstáculo. A la inversión y la complejidad técnica de desarrollar 24 nuevos proyectos, se suma el tiempo necesario para que la producción alcance su máximo nivel. Según Cochran, incluso si los trabajos comenzaran de inmediato, el pico de producción de los proyectos de gas no convencional tardaría hasta 10 años en materializarse.

"El tema es cuándo empiezas, ¿no? Pero suponiendo hipotéticamente que empezaras mañana, alcanzarías ese pico de producción en 10 años para los no convencionales de gas natural", afirmó el directivo de Amexhi.

Interés Privado Ante un Horizonte Rentable

Pese a las dificultades técnicas, financieras y temporales que implica el desarrollo de recursos no convencionales, el sector privado ha manifestado un interés constante en participar en este tipo de proyectos y en la implementación del fracking.

Cochran indicó que existe una clara disposición de las empresas para invertir, aunque subrayó la necesidad de establecer condiciones que aseguren la rentabilidad de los proyectos, especialmente desde el punto de vista fiscal. "Sí hay interés en no convencionales. Hay que buscar el cómo sí, sin lugar a dudas. Los no convencionales funcionan principalmente como licencia, pero el reto principal es un tema fiscal, pero tenemos que tomar el balón de los no convencionales y salir adelante", puntualizó.

El director de Amexhi también enfatizó la importancia de que el comité técnico continúe con sus labores para evaluar con mayor precisión los recursos prospectivos de gas no convencional disponibles en el país y determinar su potencial real de desarrollo.

La Estrategia Gubernamental de Generación Eléctrica

Este panorama del gas natural se presenta en un contexto donde el gobierno federal, encabezado por la Presidenta Claudia Sheinbaum, busca activamente ampliar la capacidad de generación eléctrica para hacer frente al crecimiento esperado de la demanda.

La Secretaria de Energía, Luz Elena González, anunció que para 2027 se prevé la construcción de 100 plantas de generación eléctrica en diversas regiones del país. Esta expansión forma parte de la estrategia energética del gobierno para garantizar el suministro eléctrico y acompañar el desarrollo industrial.

Hasta la fecha, la administración ha asignado 55 proyectos de generación renovable. De estos, 17 serán desarrollados íntegramente por empresas privadas, mientras que 38 se llevarán a cabo bajo esquemas mixtos con la participación de la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

Durante el mismo foro del CCE, González destacó que en los dos primeros años de la administración se han puesto en operación seis centrales de ciclo combinado, además de los trabajos de rehabilitación y modernización de centrales hidroeléctricas. "Prácticamente la energía firme que requiere el país de aquí al 2030 está garantizada a través de estos proyectos", aseguró la titular de Energía.

La dependencia de México del gas natural importado, principalmente de Estados Unidos, ha sido un tema recurrente en la agenda energética. La necesidad de diversificar las fuentes de suministro y fortalecer la producción nacional se vuelve cada vez más apremiante ante el crecimiento de la demanda interna y el desarrollo industrial.

El fracking, si bien ofrece una vía potencial para aumentar la producción de gas, presenta un debate complejo que involucra aspectos ambientales, sociales y económicos. La inversión requerida y los plazos de desarrollo plantean interrogantes sobre la viabilidad y oportunidad de esta tecnología como solución a corto y mediano plazo para la seguridad energética del país.

En este escenario, la política energética del gobierno actual, enfocada en la expansión de la generación eléctrica y la modernización de la infraestructura existente, busca asegurar la estabilidad del suministro. Sin embargo, la cuestión del gas natural y la dependencia de las importaciones sigue siendo un punto crítico a resolver para alcanzar una verdadera autosuficiencia energética.