La Asociación Mexicana de Empresas de Hidrocarburos (AMEXHI) ha puesto sobre la mesa una cifra que cimbra: México requeriría la estratosférica suma de 108 mil millones de dólares para poder desarrollar a gran escala la extracción de gas mediante la técnica del fracking, también conocida como fractura hidráulica o hidrocarburos no convencionales.
Este ambicioso escenario, planteado en un ejercicio hipotético, contempla la puesta en marcha de 24 proyectos en el norte del país, con el objetivo de alcanzar una producción diaria de 9 mil millones de pies cúbicos de gas. Merlín Cochran, director general de AMEXHI, detalló durante el Foro de Infraestructura Energética organizado por el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) que esta meta busca equiparar la demanda nacional de gas, según análisis del sector.
Sin embargo, Cochran fue enfático al señalar que la cifra de 108 mil millones de dólares es un planteamiento teórico y reconoció que, en las condiciones actuales, movilizar tal cantidad de recursos es poco realista. La asociación sugiere, por tanto, un enfoque gradual para la detonación de estos proyectos, buscando un avance paulatino en lugar de un salto abrupto.
El Laberinto de la Tramitología y la Regulación
Uno de los escollos más significativos que enfrenta el desarrollo del fracking en México, según AMEXHI, es la compleja y extensa tramitología. El proceso para obtener los permisos necesarios es tan engorroso que, incluso si se otorgara un contrato hoy mismo, la producción efectiva podría tardar hasta siete años en comenzar. Este lapso se debe a los intrincados procesos regulatorios que deben sortearse.
En un escenario optimista donde los desarrollos iniciaran de inmediato, la asociación estima que se necesitaría aproximadamente una década para alcanzar el pico de producción. Este horizonte temporal subraya la magnitud del desafío regulatorio y administrativo que el país debe superar para siquiera considerar la explotación de estos recursos.
Costos Elevados y Curva de Aprendizaje
Los primeros proyectos de fracking en México se perfilan como considerablemente más costosos de lo que serían en otras latitudes. La falta de infraestructura especializada y la necesidad de que la industria local adquiera experiencia en estas técnicas implican una curva de aprendizaje pronunciada. Cochran estima que los costos iniciales podrían ser hasta un 250% superiores a los de proyectos ya establecidos.
Esta disparidad en los costos se debe, en gran medida, a la necesidad de importar equipos, insumos y desarrollar la infraestructura logística para el transporte del gas extraído. Conforme la industria madure y se optimicen los procesos, se espera que estos costos disminuyan, permitiendo una mayor competitividad frente al gas importado, que actualmente domina el mercado mexicano.
El Peso del Régimen Fiscal
Otro factor crítico que incide en la viabilidad de los proyectos de fracking es el régimen fiscal. Un análisis comparativo realizado por AMEXHI revela que la participación gubernamental en proyectos de hidrocarburos no convencionales en otros países del continente oscila entre el 60% y el 65%. En contraste, bajo un contrato mixto en México, esta participación podría ascender alarmantemente al 85% o 90%.
Esta elevada carga fiscal representa un desincentivo significativo para la inversión privada. AMEXHI aboga por la implementación de esquemas fiscales que se alineen con los parámetros internacionales, con el fin de atraer el capital necesario para el desarrollo de estos recursos. La asociación señala que los contratos de licencia son el modelo predominante a nivel global para este tipo de proyectos.
El Potencial Inexplorado de las Reservas No Convencionales
Actualmente, los recursos de gas no convencional en México aún se clasifican como prospectivos, lo que significa que su existencia y viabilidad económica no han sido confirmadas plenamente. La falta de estudios exhaustivos y de trabajos de exploración limita la posibilidad de convertirlos en reservas probadas, un paso fundamental para atraer inversiones a largo plazo.
La industria petrolera privada ha manifestado interés en explorar y desarrollar estos recursos. Sin embargo, la incertidumbre sobre el marco regulatorio, los costos operativos y el régimen fiscal son factores determinantes que frenan la toma de decisiones. La concreción de estos proyectos dependerá, en gran medida, de la voluntad política y la capacidad del país para generar un entorno propicio para la inversión en energía.
En el contexto actual, donde la seguridad energética y la diversificación de fuentes de suministro son prioridades globales, la discusión sobre el potencial del fracking en México cobra relevancia. No obstante, los obstáculos identificados por AMEXHI sugieren que el camino hacia la explotación de estos recursos es largo y complejo, requiriendo una visión estratégica y un compromiso sostenido por parte del gobierno y el sector privado.