La FIFA se encuentra en el ojo del huracán. La organización Human Rights Watch (HRW), junto con la Sport & Rights Alliance, ha lanzado un llamado urgente a las empresas patrocinadoras del Mundial 2026 para que intercedan y exijan una "tregua" a las autoridades de inmigración de Estados Unidos, específicamente al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). El objetivo es claro: evitar detenciones y redadas de migrantes durante el magno evento deportivo que se celebra en suelo estadounidense, Canadá y México.

La propuesta de HRW es contundente: un compromiso público por parte del gobierno de Donald Trump para abstenerse de realizar operaciones de control migratorio en todos los eventos y recintos relacionados con la Copa del Mundo. Esta solicitud surge en un contexto de "brutal campaña migratoria" orquestada por la administración Trump, según denuncian las organizaciones defensoras de derechos humanos.

El Grito de HRW y la Pasividad de la FIFA

Desde hace meses, grupos de derechos humanos, aficionados y sindicatos han dirigido cartas a 19 empresas patrocinadoras de la FIFA. El mensaje es unánime: presionar tanto al organismo rector del fútbol mundial como al gobierno estadounidense para garantizar una "tregua de ICE". La finalidad es mitigar los riesgos y el terror que las políticas migratorias actuales infunden en aficionados y trabajadores, muchos de los cuales son migrantes.

La respuesta de las corporaciones ha sido, en su mayoría, evasiva. Adidas, Coca-Cola, Lenovo, McDonald’s, Unilever y Visa, al ser consultadas, afirmaron colaborar con la FIFA en materia de derechos humanos, pero evitaron pronunciarse directamente sobre su apoyo a la iniciativa de la tregua. El resto de los patrocinadores y socios, incluyendo gigantes como AB inBev, Aramco, Bank of America, Hyundai y Qatar Airways, optaron por el silencio absoluto, sin responder a las peticiones.

Minky Worden, directora de iniciativas globales de HRW, expresó su frustración: "Los patrocinadores corporativos de la FIFA pagan en conjunto miles de millones de dólares porque quieren asociarse con ‘el deporte rey’, no con la cruel campaña de represión migratoria del Gobierno". La crítica apunta a que estas empresas buscan capitalizar la imagen positiva del fútbol, pero se desentienden de las violaciones a derechos humanos que ocurren bajo su patrocinio.

La Sombra de la Represión Migratoria

HRW ha documentado casos de detenciones "arbitrarias y violentas" por parte de agentes del ICE, a menudo dirigidas contra personas de color y generando un clima de terror en las comunidades migrantes. La organización no ha dudado en señalar que agentes de inmigración han sido responsables de muertes "ilegales" de ciudadanos estadounidenses, citando casos específicos ocurridos en Minneapolis. Además, se reporta que 19 personas han fallecido en centros de detención de inmigrantes en lo que va del año 2026, una cifra alarmante que subraya la gravedad de la situación.

La crítica hacia la FIFA es aún más severa. HRW denuncia que el organismo presidido por Gianni Infantino "apenas ha hecho nada hasta ahora" para abordar los riesgos inherentes a las políticas migratorias de Trump. Irónicamente, en 2025, la FIFA otorgó a Trump el "Premio de Paz de la FIFA", reconociendo su supuesto "compromiso inquebrantable con el fomento de la paz y la unidad en todo el mundo". Esta decisión ha sido recibida con incredulidad y repudio por las organizaciones de derechos humanos, quienes la consideran una burla a las víctimas de la política migratoria estadounidense.

Planes de Ciudades Anfitrionas: Un Vacío Peligroso

La falta de acción no se limita a la FIFA. HRW también señala que ninguno de los planes de acción elaborados por las ciudades anfitrionas de EE.UU. para el Mundial aborda explícitamente los peligros asociados a las operaciones de control migratorio. Este vacío en la planificación deja a los migrantes y a quienes podrían ser percibidos como tales en una situación de vulnerabilidad extrema durante el desarrollo del torneo.

La Copa del Mundo, un evento que se supone debe unir al mundo a través del deporte, se ve empañado por la sombra de la xenofobia y la represión. La presión sobre la FIFA y sus patrocinadores se intensifica, mientras la comunidad internacional observa si el poder del fútbol será capaz de generar un cambio real o si las ganancias económicas primarán sobre los derechos humanos fundamentales. La pelota está ahora en la cancha de la FIFA y sus socios comerciales, quienes enfrentan la disyuntiva de asociarse con un evento deportivo global o con una política de inmigración que viola principios básicos de dignidad humana.