La alegría desbordada por el avance de la Selección Mexicana a los octavos de final del Mundial 2026 se convirtió en una pesadilla en el Ángel de la Independencia. Lo que prometía ser una fiesta masiva para celebrar el logro deportivo terminó en tragedia, con un saldo preliminar de cuatro personas fallecidas y cientos de lesionados.

Las autoridades de la Ciudad de México confirmaron que la aglomeración y el fervor de los aficionados provocaron un escenario caótico. Nadine Gasman, secretaria de Salud de la CDMX, detalló que tres personas murieron por asfixia y una cuarta víctima sucumbió a un paro cardiorrespiratorio en un hospital. Además, se reportaron mil 600 personas con lesiones, de las cuales 22 requirieron atención médica más especializada debido a fracturas o heridas graves.

Este lamentable suceso, aunque ocurrido fuera de las instalaciones deportivas, evoca dolorosos recuerdos de otras tragedias que han marcado la historia del futbol mexicano. La euforia desmedida, la falta de protocolos adecuados y la masificación de los eventos deportivos han sido, en diversas ocasiones, ingredientes para el desastre.

El Fantasma del Túnel 29

Uno de los episodios más sombríos y recordados es la tragedia del Túnel 29 en el Estadio Olímpico Universitario. El 26 de mayo de 1985, durante la final de vuelta entre Pumas y América, la demanda de boletos superó con creces la capacidad del recinto. Miles de aficionados, desesperados por ingresar, ejercieron una presión insostenible sobre los accesos.

En el Túnel 29, uno de los principales puntos de entrada, la multitud se convirtió en una fuerza imparable. La estampida resultante dejó un saldo oficial de ocho personas muertas y decenas de heridos. Sin embargo, testimonios posteriores sugirieron que la cifra real de víctimas pudo haber sido considerablemente mayor. Este evento puso de manifiesto la cruda realidad de la falta de controles en la venta de boletos, el diseño deficiente de los accesos y la ausencia de planes de emergencia para gestionar sobrecupos.

La tragedia del Túnel 29, ocurrida apenas unos meses antes del devastador terremoto del 19 de septiembre de 1985, sirvió como un amargo punto de inflexión para el futbol mexicano. A raíz de este incidente, se inició una revisión profunda de los mecanismos de venta, la seguridad en los accesos y las estrategias para prevenir concentraciones peligrosas. El Túnel 29 se consolidó como un caso de estudio para expertos en protección civil y organización de eventos masivos.

La Violencia en el Estadio Corregidora

Casi cuatro décadas después de la tragedia en CU, el futbol mexicano volvió a ser escenario de un episodio de violencia que conmocionó a la afición. El 5 de marzo de 2022, durante el partido entre Querétaro y Atlas en el Estadio Corregidora, una riña en las gradas escaló de manera alarmante, forzando la suspensión del encuentro.

Las imágenes que circularon en redes sociales mostraron el pánico: personas invadiendo la cancha para ponerse a salvo, familias separadas y escenas de caos. Aunque inicialmente se especuló sobre fallecimientos, las autoridades de Querétaro confirmaron 26 personas lesionadas, varias de ellas con heridas de gravedad que requirieron hospitalización.

La magnitud de los disturbios provocó una respuesta contundente por parte de la Federación Mexicana de Futbol, la Liga MX y las autoridades estatales. Se implementaron sanciones severas, incluyendo un año de veto de público para el Club Querétaro, la suspensión indefinida de barras visitantes y la prohibición de acceso a estadios para decenas de aficionados identificados como agresores.

Como medida preventiva y de control, se impulsó la implementación del Fan ID, un sistema de registro diseñado para identificar a los asistentes y facilitar la investigación de actos de violencia. Este sistema buscaba crear un padrón de aficionados y mejorar la seguridad en los estadios.

Lecciones Internacionales

Las tragedias en el futbol mexicano no son casos aislados en el panorama mundial. La historia del deporte está marcada por episodios similares que han servido como dolorosas lecciones y catalizadores de cambios en materia de seguridad.

En 1989, la tragedia de Hillsborough en Inglaterra cobró la vida de 97 aficionados del Liverpool, aplastados por una aglomeración en las gradas. Cuatro años antes, en 1985, el estadio Heysel en Bélgica fue escenario de la muerte de 39 personas tras enfrentamientos entre seguidores del Liverpool y la Juventus antes de la final de la Copa de Europa.

Más recientemente, en 2022, una estampida en el estadio Kanjuruhan de Indonesia, desencadenada por el uso de gas lacrimógeno por parte de la policía para controlar disturbios, resultó en la muerte de 135 aficionados.

Estos eventos internacionales han impulsado reformas significativas en el diseño de estadios, los protocolos de control de acceso y la gestión de multitudes a nivel global. La FIFA y las distintas confederaciones buscan aplicar estándares de seguridad cada vez más rigurosos para prevenir que la pasión por el futbol se traduzca en tragedias.

La reciente catástrofe en el Ángel de la Independencia subraya la urgencia de mantener y reforzar estas medidas. La celebración del deporte debe ser un espacio seguro para todos, y la memoria de las víctimas de estas tragedias debe servir como un recordatorio constante de la importancia de la prevención y la responsabilidad.