Las cifras de comercio exterior de abril revelan una paradoja económica: México registra números históricos en exportaciones impulsadas por la demanda internacional, pero enfrenta un estancamiento preocupante en su actividad económica interna.

Analistas consultados coinciden en que la balanza comercial del mes pasado refleja dos realidades contrastantes. Por un lado, la fortaleza de los mercados externos —particularmente Estados Unidos— continúa beneficiando a las industrias exportadoras mexicanas. Por otro, diversos sectores orientados al consumo doméstico muestran señales de debilitamiento.

La dependencia del dinamismo externo expone la fragilidad estructural de la economía nacional. Mientras las plantas manufactureras que abastecen mercados foráneos operan a buen ritmo, el comercio minorista, la construcción residencial y otros indicadores del mercado interno registran un desempeño tibio.

Esta dualidad económica plantea interrogantes sobre la sostenibilidad del crecimiento. Los especialistas advierten que una economía saludable requiere que tanto el sector exportador como el consumo interno funcionen de manera coordinada.

La situación subraya la necesidad de políticas que fortalezcan la demanda doméstica. Sin un mercado interno robusto, la economía mexicana permanece vulnerable a los vaivenes de la demanda internacional y a posibles choques externos.

Los datos de abril confirman que el país mantiene su competitividad en mercados globales, pero también evidencian que sectores completos de la economía nacional aún no recuperan su dinamismo previo.