El colectivo Jóvenes de la Periferia ha lanzado un llamado urgente para ser reconocidas y beneficiadas por el recién implementado Sistema de Cuidados en la Ciudad de México. Estas mujeres, pilares invisibles de la sociedad, argumentan con vehemencia que una parte sustancial de sus vidas, y por ende de su labor, se desarrolla en la capital, haciendo innegable su derecho a ser incluidas en políticas públicas que buscan dignificar y apoyar su crucial labor.

Históricamente, la carga del cuidado ha recaído de manera desproporcionada sobre las mujeres, especialmente aquellas en situación de vulnerabilidad económica y social. La periferia de la Ciudad de México, caracterizada por su crecimiento acelerado y a menudo desordenado, concentra a miles de familias que dependen de redes de apoyo informales, donde las mujeres juegan un papel central como cuidadoras primarias de niños, adultos mayores y personas con discapacidad. La creación de un Sistema de Cuidados a nivel capitalino representa una oportunidad sin precedentes para formalizar, reconocer y apoyar esta labor, pero la exclusión de estos colectivos dejaría a una parte significativa de la población más necesitada sin acceso a estos beneficios.

Las integrantes del colectivo Jóvenes de la Periferia no solo buscan un reconocimiento simbólico. Su demanda se centra en obtener acceso a los recursos, capacitaciones y apoyos económicos que el Sistema de Cuidados pretende ofrecer. Señalan que la falta de inclusión perpetúa un ciclo de precariedad, donde su dedicación al cuidado limita sus propias oportunidades de desarrollo personal, educativo y profesional. Ser incluidas significaría un paso fundamental hacia la equidad de género y la justicia social, permitiéndoles mejorar sus condiciones de vida y las de sus familias.

El contexto de la Ciudad de México, una megalópolis con profundas brechas sociales y económicas, hace que la labor de las cuidadoras de la periferia sea aún más vital. Estas mujeres a menudo operan en la informalidad, sin seguridad social ni reconocimiento oficial, enfrentando largas jornadas y escasos recursos. El Sistema de Cuidados, en teoría, busca subsanar estas carencias, pero su efectividad dependerá de qué tan amplio y abarcador sea su alcance. La exclusión de las cuidadoras de la periferia podría ser interpretada como una falla en el diseño e implementación del sistema, que no estaría atendiendo a quienes más lo necesitan.

Analistas en políticas públicas y organizaciones feministas han señalado en repetidas ocasiones la importancia de un enfoque interseccional al diseñar programas sociales. Esto implica reconocer que las desigualdades no solo se basan en el género, sino también en la clase social, la etnia, la ubicación geográfica y otras variables. La demanda de las Jóvenes de la Periferia es un claro ejemplo de esta necesidad: su condición de mujeres, sumada a su residencia en zonas periféricas, las coloca en una posición de doble vulnerabilidad que debe ser atendida de manera prioritaria.

La lucha por la inclusión en el Sistema de Cuidados no es solo una petición de beneficios materiales; es una reivindicación de derechos y un llamado a la visibilización de una labor esencial que sostiene a la sociedad. El feminismo, en su vertiente más práctica y solidaria, exige que las políticas públicas reflejen la realidad de las mujeres en toda su diversidad, reconociendo el valor intrínseco del trabajo de cuidados, independientemente de dónde se realice o quién lo ejecute.

El gobierno de la Ciudad de México tiene ahora el desafío de responder a este llamado. Ignorar la demanda de las cuidadoras de la periferia no solo sería una omisión política, sino una afrenta a los principios de equidad y justicia que deben regir cualquier sistema de bienestar social. La oportunidad de construir un sistema verdaderamente inclusivo y transformador está sobre la mesa; la decisión de aprovecharla recae en las autoridades capitalinas.

La periferia, a menudo vista como un apéndice de la urbe, demuestra con esta acción que sus habitantes son actores sociales con demandas legítimas y capacidad de organización. Su exigencia de ser incluidas en el Sistema de Cuidados es una muestra de madurez cívica y un recordatorio de que la verdadera inclusión social implica mirar más allá de los centros de poder y reconocer las realidades de quienes, desde los márgenes, construyen la ciudad día a día.

La implementación de políticas públicas efectivas requiere un diálogo constante y una escucha activa de los sectores beneficiados. El colectivo Jóvenes de la Periferia ha abierto ese canal de comunicación; ahora corresponde a las autoridades demostrar su compromiso con la justicia social y la equidad, integrando plenamente sus voces y sus necesidades en el diseño y operación del Sistema de Cuidados de la Ciudad de México.

Este movimiento social pone de manifiesto la urgencia de repensar el modelo de desarrollo urbano y social en la capital. Un modelo que no solo se centre en el crecimiento económico, sino que priorice el bienestar de todas sus habitantes, especialmente aquellas cuyas contribuciones son fundamentales pero a menudo pasadas por alto. La inclusión de las cuidadoras de la periferia es, en este sentido, un termómetro de la verdadera voluntad política para construir una ciudad más justa y equitativa para todas.

En el fondo, lo que se debate es la concepción misma del valor del trabajo de cuidados. Si la sociedad y sus instituciones no reconocen y retribuyen adecuadamente esta labor, se perpetúa un sistema de inequidad que afecta a millones de mujeres. El Sistema de Cuidados capitalino tiene la oportunidad histórica de romper con ese paradigma, pero solo lo logrará si escucha y atiende las demandas de quienes, como las Jóvenes de la Periferia, son la columna vertebral de este esfuerzo.

La presión social ejercida por colectivos como Jóvenes de la Periferia es un motor indispensable para el avance de los derechos sociales. Su persistencia y su capacidad para articular demandas claras son un ejemplo para otros grupos en situación de vulnerabilidad. La respuesta que reciban sentará un precedente sobre cómo la Ciudad de México abordará la justicia social en los próximos años.

La inclusión en el Sistema de Cuidados no es solo una cuestión de acceso a servicios, sino de dignidad y reconocimiento. Al ser incluidas, estas mujeres verán validada su labor y tendrán mayores herramientas para enfrentar los desafíos de la vida. Es un paso crucial hacia la construcción de una ciudad donde todas las mujeres, sin importar su origen o condición, tengan la oportunidad de prosperar.