Esthela Damián Peralta, quien fungió como consejera jurídica del Ejecutivo Federal, ha declarado contundentemente que los resultados de una encuesta no son el factor determinante para su permanencia ni para su compromiso con el estado de Guerrero. Damián Peralta subrayó que su presencia en la arena política de la entidad podría resultar incómoda para aquellos que conciben la política bajo esquemas tradicionales, dado que irrumpió en un escenario donde su nombre no estaba inicialmente contemplado, y ha decidido expresar con total libertad sus pensamientos, sentimientos y convicciones.
En el contexto de los procesos electorales, Damián Peralta señaló que las promesas son recurrentes, pero una queja constante entre la ciudadanía al recorrer las comunidades es la de los políticos que, una vez electos, desaparecen. "Nuestra gente tiene razón cuando reclama que sus necesidades no pueden aparecer solamente durante las campañas", afirmó, enfatizando que la obligación de quien gobierna es identificar prioridades y trabajar para resolver los problemas más apremiantes de la comunidad, independientemente de la limitación presupuestal.
La política guerrerense hizo hincapié en la congruencia, considerándola no una virtud excepcional, sino una exigencia mínima en la función pública. Argumentó que el poder pierde su sentido cuando se distancia de la gente y que ocupar un cargo nunca debe ser un fin en sí mismo, sino una herramienta para servir y generar transformación social. Esta perspectiva contrasta con la visión de la política entendida como una mera ruta personal hacia la consecución de cargos.
Resulta preocupante, según Damián Peralta, observar cómo algunos aspirantes, tras una derrota electoral o en procesos internos, buscan rápidamente acomodo en cualquier fuerza política que les ofrezca una nueva oportunidad. Estos políticos, advirtió, cambian de principios según la conveniencia, defendiendo posturas hoy y las contrarias mañana, siempre en busca de una candidatura disponible. Esto plantea interrogantes fundamentales sobre su agenda real, los principios que defienden y el proyecto colectivo que representan.
Cuando la única meta es ganar, la política deja de ser una causa para convertirse en una ambición personal. El ego, señaló Damián Peralta, se erige como uno de los mayores enemigos del político, especialmente cuando sus metas personales se vuelven lo único valioso y trascendente. En este escenario, muchos políticos tradicionales terminan rindiendo culto al dinero, la corrupción o la prepotencia, incluso a costa de sus propias palabras, principios y la confianza depositada por la ciudadanía.
Ante este panorama, Damián Peralta destacó el poder y la responsabilidad que recaen en la ciudadanía. La población tiene la capacidad de observar, comparar, preguntar y exigir, roles fundamentales para fiscalizar la actuación de sus representantes y asegurar que la política sirva verdaderamente al bien común.
En el ámbito político de Guerrero, la figura de Esthela Damián representa una voz que cuestiona las prácticas establecidas y aboga por un servicio público más cercano a la gente y apegado a principios sólidos. Su trayectoria como exconsejera jurídica del Ejecutivo Federal le otorga una perspectiva amplia sobre el funcionamiento del aparato gubernamental, la cual busca aplicar en su aspiración política local.
La declaración surge en un momento donde la política en Guerrero, como en muchas otras entidades, enfrenta el desafío de reconectar con la ciudadanía. Las encuestas, si bien son herramientas de medición, no deben ser el único criterio para evaluar el compromiso o la permanencia de un actor político, especialmente cuando este ha demostrado una dedicación genuina a las causas sociales y al desarrollo de la región.
El análisis de la política tradicional, marcada por el pragmatismo y la búsqueda constante de posiciones, es un tema recurrente en el discurso de Damián Peralta. Ella parece abogar por un modelo donde la convicción y el servicio prevalezcan sobre la ambición personal y la conveniencia partidista, un ideal que busca materializar en su labor política.
La crítica hacia aquellos que navegan entre diferentes fuerzas políticas sin una agenda clara resuena con fuerza en un electorado cada vez más escéptico ante la falta de coherencia y la volatilidad ideológica de algunos de sus representantes.
La ciudadanía, en este contexto, se convierte en el principal contrapeso. La invitación a observar, comparar, preguntar y exigir es un llamado a la participación activa y a la exigencia de cuentas, elementos cruciales para fortalecer la democracia y asegurar que los cargos públicos se ejerzan con responsabilidad y transparencia.
La permanencia y el compromiso de un político no deberían medirse únicamente por su posición en una encuesta, sino por la profundidad de su conexión con las necesidades de la gente y la constancia de sus acciones en favor del desarrollo y el bienestar colectivo. Esthela Damián parece encarnar esta visión, desafiando las convenciones y reafirmando su dedicación a Guerrero.