Una jornada de protestas masivas en la capital boliviana derivó en enfrentamientos violentos entre manifestantes y elementos policiales durante la tarde del lunes, marcando un nuevo capítulo en la crisis social que atraviesa el país sudamericano.
Los disturbios ocurrieron apenas horas después de que el presidente Rodrigo Paz anunciara públicamente su decisión de reducir su salario presidencial en 50 por ciento, medida que buscaba apaciguar el descontento ciudadano que ya cumple cuatro semanas consecutivas.
La marcha, que congregó a miles de personas en las calles de La Paz, comenzó de manera pacífica pero escaló en tensión conforme avanzaba la tarde. Testigos reportaron el uso de gases lacrimógenos por parte de las autoridades para dispersar a los manifestantes concentrados en puntos estratégicos de la ciudad.
El gesto presidencial de recortar su propio salario no logró el efecto esperado entre los manifestantes, quienes mantienen demandas que van más allá de medidas simbólicas. Las protestas, que iniciaron hace casi un mes, reflejan un malestar social más profundo en la nación andina.
Hasta el momento, las autoridades bolivianas no han emitido un balance oficial sobre heridos o detenidos durante los enfrentamientos de ayer. La situación en La Paz permanece tensa mientras se espera la respuesta del gobierno ante la continuidad de las movilizaciones.
Analistas políticos señalan que la crisis boliviana podría prolongarse si no se establece un diálogo efectivo entre el ejecutivo y los sectores movilizados, quienes hasta ahora no han mostrado intención de deponer sus protestas.