La población ocupada en México alcanzó 59.6 millones de personas al primer trimestre de 2026, con un incremento anual de 552 mil trabajadores, la cifra más alta en siete trimestres. Sin embargo, el crecimiento estuvo sustentado casi en su totalidad por la informalidad, según datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del INEGI.

Del total de plazas generadas, 583 mil correspondieron al sector informal, mientras que el empleo formal registró una caída de aproximadamente 32 mil puestos. El trabajo por cuenta propia concentró 451 mil de las nuevas ocupaciones, representando el 82 por ciento del crecimiento, en tanto que los trabajadores subordinados y remunerados apenas aumentaron en 56 mil.

Janneth Quiroz, directora de análisis económico de Monex, señaló que el mercado laboral mantiene capacidad de absorción pese a la desaceleración económica, pero advirtió sobre el deterioro en la calidad del empleo. "El mercado laboral sí está creando ocupación, pero no necesariamente bienestar laboral", indicó la especialista.

La tasa de condiciones críticas de ocupación, que mide a trabajadores con jornadas insuficientes o excesivas acompañadas de bajos ingresos, subió a 38.6 por ciento, la cifra más elevada desde al menos 2005. La tasa de desempleo se ubicó en 2.6 por ciento, ligeramente arriba del 2.5 por ciento del año anterior, con un millón 561 mil personas desocupadas.

Julio A. Santaella, expresidente de la Junta de Gobierno del INEGI, destacó que la población ocupada se ha mantenido oscilando entre 59 y 60 millones desde el tercer trimestre de 2023, evidenciando la falta de crecimiento sostenido en la generación de empleo.

Analistas de Banco Base advirtieron que el empleo formal acumula cinco trimestres consecutivos de caídas anuales, una dinámica históricamente asociada a recesiones económicas como la crisis de 2008-2009 y la pandemia de 2020. El desplazamiento hacia la informalidad funciona como amortiguador del desempleo, pero ancla a los trabajadores en actividades de baja remuneración.

Quiroz advirtió que el principal riesgo es que el deterioro en la calidad del empleo termine debilitando el consumo privado, ya que los trabajadores informales enfrentan ingresos más volátiles, menor acceso al crédito y menor estabilidad laboral. Los datos reflejan un mercado que mantiene capacidad de absorción, pero con rezagos en formalización, productividad e ingresos.