El mercado de trabajo en México mostró una paradoja durante los primeros tres meses de 2026: aunque la ocupación aumentó en más de medio millón de personas, ese crecimiento se concentró principalmente en micronegocios, trabajadores independientes y empleos informales, mientras que las grandes empresas redujeron su plantilla.

Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del Inegi, la población ocupada alcanzó 59.6 millones de personas entre enero y marzo, con un incremento anual de 552,000 trabajadores. Sin embargo, la composición de ese crecimiento revela un desplazamiento hacia formas de ocupación más precarias.

Los micronegocios concentraron el mayor aumento, sumando 713,277 trabajadores adicionales para llegar a 24.5 millones de ocupados, casi la mitad del empleo no agropecuario del país. En contraste, los grandes establecimientos perdieron 167,766 empleos, cayendo de 6 millones a 5.8 millones de trabajadores. Esta tendencia sugiere que el empleo avanzó más en unidades de menor escala, donde suelen ser menores las prestaciones y la estabilidad laboral.

El trabajo por cuenta propia también registró un alza significativa, con 451,416 personas más que hace un año, alcanzando 13.5 millones de trabajadores independientes. Su participación en la ocupación total subió de 22.1% a 22.6%, mientras que los trabajadores subordinados y remunerados apenas crecieron en 56,284 personas, reduciendo su peso relativo de 69.5% a 68.9%.

La informalidad laboral se expandió en paralelo: 32.6 millones de personas trabajaron en alguna modalidad informal durante el trimestre, 583,153 más que un año antes. La tasa de informalidad aumentó de 54.3% a 54.8% de la población ocupada. El sector informal, que incluye unidades económicas sin registros contables, sumó 604,274 trabajadores para totalizar 17.6 millones.

Por diferencia, el empleo formal se contrajo ligeramente, pasando de aproximadamente 27 millones de personas a 26.9 millones, una reducción de alrededor de 31,500 ocupados. Esto significa que el aumento total del empleo no se tradujo en una expansión equivalente de la formalidad.

Además, las condiciones laborales se deterioraron: la tasa de condiciones críticas de ocupación subió de 37.6% a 38.8%, y 47% de los trabajadores percibió ingresos de hasta un salario mínimo. La tasa de desocupación se ubicó en 2.6%, ligeramente por encima del 2.5% del año anterior, con 1.6 millones de personas desocupadas.