A 25 años de los trágicos atentados del 11 de septiembre de 2001, el embajador de Estados Unidos en México, Ronald Johnson, ha defendido la política de su gobierno de designar a varios cárteles mexicanos como organizaciones terroristas extranjeras. En un discurso pronunciado durante la ceremonia conmemorativa en la Ciudad de México, Johnson trazó un paralelismo entre la naturaleza cambiante de las amenazas terroristas y la brutalidad ejercida por los grupos criminales en México.

"Las organizaciones terroristas se adaptan, sus métodos cambian, sus redes cambian", afirmó el diplomático, subrayando la necesidad de una respuesta contundente ante la evolución de los peligros globales. En este contexto, señaló que el presidente Donald Trump ha reconocido la amenaza que representan los cárteles y ha tomado la decisión de clasificarlos como organizaciones terroristas extranjeras, una medida que busca endurecer la postura de Estados Unidos frente al crimen organizado transnacional.

La designación, que se hizo efectiva el 20 de febrero de 2025, abarca a prominentes grupos criminales mexicanos como el Cártel de Sinaloa, el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), Cárteles Unidos, el Cártel del Noreste, el Cártel del Golfo, y La Nueva Familia Michoacana. Además, se incluyeron al grupo transnacional Tren de Aragua y a la Mara Salvatrucha (MS-13), evidenciando una visión ampliada de las amenazas que trascienden las fronteras tradicionales.

Johnson enfatizó que estos grupos no deben ser considerados meramente como organizaciones de narcotráfico. Su modus operandi, que incluye el asesinato, la violencia extrema, la corrupción sistémica y la intimidación para imponer su voluntad, los alinea con las tácticas empleadas por organizaciones terroristas. Esta perspectiva busca recalibrar la forma en que se percibe y se combate al crimen organizado, elevando su peligrosidad al nivel de una amenaza a la seguridad nacional e internacional.

El embajador vinculó directamente esta política de seguridad con la memoria de los ataques del 11 de septiembre, que cobraron la vida de casi 3 mil personas. Al recordar la magnitud de esa tragedia, Johnson hizo un llamado a mantener una vigilancia constante, advirtiendo que las amenazas, aunque cambien de forma, persisten y pueden transformarse con el tiempo. La conmemoración, según el embajador, sirve como un recordatorio de la fragilidad de la paz y la importancia de la defensa de los valores democráticos.

"25 años son una generación", reflexionó el embajador, reconociendo que para las nuevas generaciones el 11S puede ser un evento histórico conocido principalmente a través de imágenes y relatos. Por ello, instó a evitar que estos eventos se conviertan en meras efemérides, y a reivindicar la lucha por la libertad, la democracia y el derecho de las personas a vivir sin temor. La memoria colectiva, argumentó, debe servir como motor para la acción y la prevención.

En un aparte sobre la relación bilateral, Johnson destacó que la cooperación entre Estados Unidos y México va más allá de los lazos geográficos y comerciales. Señaló que la administración del presidente Trump y la presidenta Claudia Sheinbaum están impulsando una alianza estratégica enfocada en la protección mutua de sus ciudadanos. Esta colaboración, según el diplomático, es fundamental para abordar desafíos compartidos como la seguridad y el crimen organizado.

El representante estadounidense también evocó la solidaridad mostrada por México tras los atentados del 11 de septiembre. Recordó la valiente participación de "Los Topos", el reconocido grupo de rescatistas mexicanos, y otros voluntarios que viajaron a Nueva York para sumarse a las labores de búsqueda y rescate entre los escombros. "No fueron por un tratado o un acuerdo económico. Fueron porque los vecinos ayudan a los vecinos y porque los amigos permanecen juntos cuando golpea la tragedia", afirmó, resaltando el espíritu de hermandad y apoyo mutuo que caracteriza a la relación entre ambos países en momentos de crisis.

Esta declaración del embajador Johnson subraya la creciente preocupación en Estados Unidos por la violencia y el poder de los cárteles mexicanos, y la decisión de la administración Trump de emplear herramientas de política exterior diseñadas para combatir el terrorismo. La estrategia busca presionar a los grupos criminales y a los gobiernos que, desde la perspectiva estadounidense, no actúan con la contundencia necesaria para erradicarlos. La comparación con el 11-S eleva el nivel de la amenaza percibida, buscando justificar medidas más drásticas y una mayor implicación en la lucha contra el crimen organizado en México.

En el contexto de la política de seguridad de Estados Unidos, la designación de cárteles como organizaciones terroristas tiene implicaciones significativas. Permite la aplicación de sanciones más severas, la congelación de activos y una mayor cooperación internacional para desmantelar sus redes financieras y operativas. La administración Trump ha hecho de la lucha contra el terrorismo y el crimen organizado una piedra angular de su agenda exterior, y esta medida contra los cárteles mexicanos se inscribe dentro de esa visión.

La postura del embajador Johnson, al vincular la lucha contra los cárteles con la memoria del 11-S, busca generar una mayor conciencia pública y política sobre la gravedad del problema. Al equiparar la amenaza del terrorismo con la del crimen organizado transnacional, se pretende movilizar recursos y voluntades para enfrentar un desafío que, según la visión estadounidense, pone en riesgo la seguridad y la estabilidad de ambos países y de la región.

La relación entre México y Estados Unidos en materia de seguridad ha sido históricamente compleja, marcada por periodos de intensa colaboración y otros de tensión. La actual administración mexicana, encabezada por la presidenta Claudia Sheinbaum, ha buscado mantener un equilibrio, enfatizando la soberanía nacional y la cooperación en igualdad de condiciones. Sin embargo, las decisiones unilaterales de Estados Unidos, como la designación de cárteles como terroristas, pueden generar fricciones y debates sobre la efectividad y las implicaciones de tales medidas.

El discurso del embajador Johnson, en el marco de una fecha tan emblemática como el aniversario del 11-S, no solo busca honrar la memoria de las víctimas, sino también enviar un mensaje contundente sobre la determinación de Estados Unidos para combatir las amenazas a su seguridad, sin importar su origen o denominación. La equiparación de los cárteles mexicanos con organizaciones terroristas es una declaración política y de seguridad de alto impacto, que sin duda generará reacciones y debates en ambos lados de la frontera.