El fenómeno climático El Niño, que se perfila como uno de los más intensos de las últimas décadas, proyecta una sombra sobre la economía mexicana, con posibles repercusiones en el bolsillo de los consumidores y un crecimiento económico más lento. Un análisis de S&P Global Market Intelligence advierte que los efectos del fenómeno sobre el encarecimiento de los alimentos podrían prolongarse hasta 2027, incluso después de que El Niño comience a disiparse.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) estima una probabilidad del 81% de que El Niño alcance una intensidad “muy fuerte” entre octubre y diciembre de 2026. La trayectoria observada hasta ahora se asemeja a las primeras etapas de episodios pasados como los de 1997-98 y 2015-16. De cumplirse las previsiones, el actual podría colocarse entre los cuatro más intensos registrados históricamente, junto con los de 1972-73, 1982-83, 1997-98 y 2015-16.
Impacto en la Producción Agropecuaria
Para México, el riesgo es particularmente relevante debido al impacto potencial sobre la producción agropecuaria. Aunque la agricultura representa una porción relativamente pequeña del Producto Interno Bruto (PIB), entre 3% y 4%, el efecto del fenómeno podría ser desigual. Algunas entidades del norte del país podrían experimentar un ligero aumento en las precipitaciones, mientras que el centro y sur enfrentarían condiciones más secas. Estas últimas regiones son cruciales para la producción de cultivos como café, caña de azúcar, maíz y aguacate, identificados por S&P Global Market Intelligence como expuestos a una menor disponibilidad de agua.
El análisis subraya que varios estados agrícolas importantes carecen de suficiente infraestructura de almacenamiento de agua para mitigar su dependencia de las lluvias estacionales. Otro estudio de S&P Global Ratings amplía la lista de cadenas productivas vulnerables, incluyendo frijol, sorgo, arroz y alimento para ganado, debido al estrés hídrico y al riesgo de menores rendimientos.
Retraso en el Impacto al Consumidor
Una particularidad para México es el tiempo que tardaría el choque climático en reflejarse completamente en los precios al consumidor. S&P estima que el impacto total sobre la inflación mexicana se materializaría después del décimo mes del inicio del episodio, un retraso mayor que el observado en economías como Colombia, Chile o Perú. La primera presión inflacionaria provendría de la menor oferta de alimentos, resultado de la sequía en el centro y sur del país. Sin embargo, durante 2027, cobraría mayor relevancia el encarecimiento de productos derivados de la ganadería.
La escasez de agua durante los meses de verano elevaría los costos de producción pecuaria. El traslado de estos mayores costos a los precios finales que pagan los consumidores podría tardar entre seis y 12 meses. Bajo este escenario, el impulso inflacionario alcanzaría su punto máximo durante el tercer trimestre de 2027. La experiencia de episodios anteriores sugiere que en México algunos de los movimientos más pronunciados en los precios se han concentrado en frutas y verduras. No obstante, S&P Global Ratings señala que estos episodios no siempre se han traducido en una aceleración generalizada y persistente de toda la inflación alimentaria.
Efectos en el Crecimiento Económico
Las estimaciones de S&P Global Market Intelligence no presentan un único resultado, sino que plantean tres escenarios distintos, dependiendo de la intensidad que alcance El Niño. Las cifras proporcionadas representan desviaciones en puntos porcentuales respecto del escenario base de S&P Global Market Intelligence, y no niveles absolutos de crecimiento o inflación.
En el escenario más severo, se observan dos momentos distintos de impacto para la economía mexicana. Durante 2026, el mayor daño se registraría sobre el crecimiento económico: el PIB avanzaría 0.59 puntos porcentuales menos de lo previsto inicialmente por S&P. En 2027, en cambio, el efecto sobre la actividad económica se moderaría, pero la inflación se colocaría 1.63 puntos por encima de la línea base proyectada.
El reporte anticipa que la producción agrícola podría resentir rápidamente la falta de lluvias y el estrés hídrico, lo que resultaría en un daño mayor al crecimiento económico durante 2026. Los precios, por otro lado, absorberían progresivamente las pérdidas de cosechas, la menor disponibilidad de agua y el consecuente aumento en los costos de producción ganadera. Por lo tanto, la producción sufriría primero, y el consumidor se vería afectado después.
S&P Global Ratings considera el estrés hídrico como la principal vulnerabilidad de México frente a El Niño, dado que el fenómeno tiende a agravar las sequías y a modificar los patrones regionales de precipitación, exacerbando los desafíos existentes para la seguridad hídrica y alimentaria del país.