Un documental recién estrenado ha reabierto la caja de Pandora sobre una de las fugas más espectaculares y vergonzosas en la historia del sistema penitenciario mexicano: la de Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera del penal de máxima seguridad del Altiplano.
La producción, titulada Operación Cisne Negro, no solo reconstruye los detalles técnicos de la evasión ocurrida el 11 de julio de 2015, sino que también arroja luz sobre las inexplicables fallas de vigilancia y los insólitos hábitos del capo que, según los testimonios recogidos, facilitaron su huida.
El Túnel de la Vergüenza
La fuga de Guzmán Loera se consumó a través de un túnel de aproximadamente mil 500 metros de longitud, una obra de ingeniería clandestina que conectaba su celda con una propiedad en el exterior. Lo más asombroso es que este pasadizo subterráneo estaba equipado con iluminación, ventilación y hasta una motocicleta adaptada para desplazarse sobre rieles, permitiendo al narcotraficante recorrer la distancia en tan solo 18 minutos.
Sin embargo, la preparación de esta audaz escapatoria comenzó mucho antes. Documentos de la DEA citados en el documental revelan que Guzmán y sus colaboradores ya planeaban distintas formas de evadir el penal desde poco después de su ingreso en 2014. El plan maestro implicó la excavación de un túnel que, sorprendentemente, no llegó directamente a su celda, sino primero al drenaje de la celda contigua, la número 19. Curiosamente, esta celda permaneció desocupada durante gran parte de la estancia de “El Chapo”, al igual que las celdas 17 y 18 el día de la fuga.
El Ruido que Nadie Escuchó
Uno de los aspectos más desconcertantes de la fuga es cómo los trabajos de excavación pasaron desapercibidos para los custodios y el personal del penal. El documental expone que, durante las semanas previas a la evasión, se llevaron a cabo diversas obras de construcción y mantenimiento dentro y alrededor del Altiplano. Estas incluían trabajos relacionados con el Sistema Cutzamala, así como reparaciones en pisos, rejas e impermeabilización de celdas.
El estruendo generado por estas actividades, que incluían ruidos de taladros y golpes contra el cemento, pudo haber enmascarado los sonidos de la excavación del túnel. Varios reclusos entrevistados por las autoridades, entre ellos figuras del crimen organizado como Salvador Martínez, alias ‘Comandante Ardilla’, y Óscar Omar Treviño Morales, ‘Z-42’, así como Teodoro García Simental, ‘El Teo’, y José Bernabé Brizuela, ‘La Bestia’, confirmaron haber escuchado ruidos sospechosos tanto de día como de noche. Algunos incluso denunciaron haber recibido advertencias para que cesaran sus quejas.
Fallas de Vigilancia y Gustos Inusuales
La producción de N+ también pone el foco en las presuntas fallas en los sistemas de vigilancia del penal. Se menciona que se realizaron trabajos de mantenimiento en las cámaras de seguridad y en los inhibidores de señales telefónicas. Una investigación citada sugiere que las obras en el techo de las celdas pudieron haber sido utilizadas para disimular los sonidos de la excavación.
La noche de la fuga, las cámaras registraron a “El Chapo” regresando a su celda alrededor de las 19:00 horas, tras una visita con sus abogados. Durante su estancia, se le observó acudir varias veces al área de la regadera y examinar el piso. A las 20:52 horas, su figura desapareció del campo de visión de las cámaras tras dirigirse nuevamente a la regadera, descendiendo por una abertura en el piso que conectaba con el túnel.
Lo que añade un toque surrealista a la narrativa es el relato de los hábitos de Guzmán Loera en su celda. Según testimonios recogidos en el documental, antes de su fuga, el capo solía pasar tiempo acostado junto a un pequeño televisor. En él, se escuchaba una interpretación de la canción El Rey y fragmentos del programa Sabadazo, conducido por Omar Chaparro. Estos detalles, aunque triviales en apariencia, pintan un cuadro inquietante de la rutina de un líder del narcotráfico en un penal de alta seguridad.
Consecuencias y Testimonios
Operación Cisne Negro no solo se enfoca en la fuga en sí, sino también en las repercusiones para quienes estuvieron involucrados o cerca del evento. Uno de los testimonios destacados es el de Jaime Galindo Hernández, un expolicía federal que relata cómo fue interrogado tras la fuga y las consecuencias judiciales que enfrentó. La producción recupera grabaciones inéditas, documentos de investigación y testimonios de funcionarios, reclusos y monitoristas que vivieron de cerca los acontecimientos.
La fuga de “El Chapo” Guzmán del Altiplano no solo representó un fracaso mayúsculo para el sistema penitenciario mexicano, sino que también evidenció la vulnerabilidad de las instalaciones de máxima seguridad ante la audacia y los recursos del crimen organizado. El documental sirve como un recordatorio sombrío de cómo la corrupción, la negligencia y la planificación meticulosa pueden converger para desafiar al Estado.
La reconstrucción de estos eventos subraya la necesidad de una revisión profunda de los protocolos de seguridad, la vigilancia y la inteligencia dentro de los centros penitenciarios del país. La facilidad con la que un líder del Cártel de Sinaloa pudo orquestar y ejecutar una fuga de tal magnitud plantea serias interrogantes sobre la efectividad de las medidas implementadas para contener a los criminales más peligrosos de México.
En retrospectiva, la fuga de “El Chapo” del Altiplano se convirtió en un símbolo de la capacidad del crimen organizado para infiltrarse y corromper las estructuras del Estado. El documental Operación Cisne Negro ofrece una mirada cruda y detallada a los mecanismos que permitieron esta hazaña, dejando al descubierto las grietas del sistema y las debilidades que aún persisten.
La narrativa del documental también invita a reflexionar sobre la cultura de la impunidad y la normalización de la violencia que ha permeado en ciertos sectores de la sociedad mexicana. La imagen de un capo de la talla de Guzmán Loera disfrutando de programas de televisión y música mientras planea su escape es un reflejo perturbador de la realidad que ha enfrentado el país.
Finalmente, la producción sirve como un llamado de atención sobre la importancia de la transparencia y la rendición de cuentas en las instituciones encargadas de la seguridad pública. La fuga de “El Chapo” no fue solo un evento aislado, sino la culminación de una serie de fallas sistémicas que requieren atención urgente y soluciones efectivas para evitar que se repitan escenarios similares en el futuro.