LA IMPOTENCIA DEL ESTADO

Ecuador, sumido en una espiral de violencia que parece no tener fin, ha recurrido una vez más a la imposición de toques de queda nocturnos en cuatro de sus provincias. La medida, que regirá por quince días, representa el tercer intento del gobierno de Daniel Noboa en lo que va del año por contener la ola de crímenes atribuidos al crimen organizado. Sin embargo, expertos en seguridad advierten que estas acciones, si bien pueden generar una calma temporal, no atacan las raíces del problema ni ofrecen una solución sostenible para la creciente tasa de homicidios que ha puesto al país sudamericano en el ojo del huracán.

Katherine Herrera, consultora política en seguridad pública, es categórica al señalar que los toques de queda son medidas de efecto limitado. "Temporalmente puede haber una baja que te sirve para que las Fuerzas Armadas o las autoridades de seguridad y control puedan realizar otras acciones, pero eso no es una solución sostenible y que afecta realmente al crimen organizado, pero, sobre todo, que te ayude a bajar los homicidios", explicó a EFE. La especialista subraya que la estrategia actual se enfoca en la contención superficial, sin desarticular las complejas redes criminales que operan con impunidad.

LA GUERRA DECLARADA QUE NO CESA

Desde enero de 2024, el presidente Daniel Noboa declaró una "guerra" frontal contra el crimen organizado, calificando a sus integrantes de "terroristas". Esta declaración de intenciones se ha traducido en una serie de estados de excepción que restringen libertades fundamentales, incluyendo la inviolabilidad del domicilio, las comunicaciones y la libertad de tránsito, siendo los toques de queda una de las herramientas más visibles de esta política. Si bien en 2024 se observó una disminución inicial en las cifras de violencia, el repunte en 2025, con un récord de 9,283 asesinatos, demostró la fragilidad de estas medidas.

La persistencia de la inseguridad a principios de 2026 obligó al mandatario a decretar nuevos periodos de restricción en marzo, mayo y ahora en septiembre. Estas medidas se concentran principalmente en las provincias costeras, epicentro de la actividad criminal ligada al narcotráfico. La recurrencia de estas acciones evidencia una estrategia reactiva, más que proactiva, ante un fenómeno que se ha enquistado en la sociedad ecuatoriana.

OPERATIVOS EFÍMEROS Y CIFRAS ALARMANTES

Durante la vigencia de los toques de queda, que en esta ocasión se implementan de 00:00 a 05:00 hora local, las fuerzas de seguridad, Policía y Fuerzas Armadas, intensifican los patrullajes y allanamientos en zonas consideradas "críticas". El objetivo declarado es dar con el paradero de miembros de bandas delictivas. Sin embargo, una parte significativa de las detenciones durante estos operativos corresponden a ciudadanos que simplemente incumplen la restricción de movilidad, más que a la captura de objetivos de alto valor criminal.

Los resultados de estas medidas son, según Herrera, "efímeros". Si bien se puede observar una leve disminución en los homicidios durante los periodos de restricción, los grupos criminales tienden a trasladarse a otras jurisdicciones o a reanudar sus operaciones una vez que el toque de queda finaliza. Los datos del Ministerio del Interior respaldan esta afirmación: tras un toque de queda implementado en mayo en nueve provincias, los homicidios registraron una leve baja en junio (de 697 a 693), pero volvieron a ascender en julio a 704. Estas cifras, además, superan los registros de los mismos meses en 2025, evidenciando un deterioro generalizado de la seguridad.

MÁS ALLÁ DE LOS TOQUES DE QUEDA: LA NECESIDAD DE UNA ESTRATEGIA INTEGRAL

La consultora Herrera insiste en que la efectividad de cualquier política de seguridad trasciende los operativos policiales y militares. Para lograr una reducción sostenida de la violencia, es indispensable complementar estas acciones con inteligencia criminal y penitenciaria, investigación patrimonial, control riguroso de armas y una "focalización territorial" precisa. "Si no hay eso básicamente vamos a seguir como el gato y el ratón", advierte.

La clave, según la experta, reside en desarticular las estructuras criminales, atender las necesidades sociales que generan caldo de cultivo para la delincuencia, fortalecer la presencia del Estado de manera eficiente y garantizar el cumplimiento efectivo de las penas. Combatir la impunidad y la corrupción se presentan como pilares fundamentales para erradicar el crimen organizado. Si bien el gobierno de Noboa ha anunciado algunas iniciativas, muchas de ellas se han quedado en meras "intenciones", sin materializarse en estrategias concretas y de largo alcance.

En conclusión, Ecuador se encuentra atrapado en una guerra táctica, marcada por medidas de corto aliento como los toques de queda, pero carece de una guerra estratégica que aborde las causas profundas de la violencia. La ciudadanía, rehén de la inseguridad, observa con desesperanza cómo las promesas de orden y paz se desvanecen ante la persistente brutalidad del crimen organizado, mientras las autoridades parecen incapaces de ofrecer soluciones duraderas.