La Secretaría de Hacienda y Crédito Público ha puesto sobre la mesa un argumento clave para defender la salud financiera de México ante las agencias calificadoras de riesgo: la deuda externa se encuentra en su punto más bajo históricamente en proporción al total de la deuda pública. Este logro, que se consolida tras años de políticas enfocadas en reducir la exposición a factores externos, busca contrarrestar las recientes revisiones a la baja en la calificación crediticia del país por parte de Moody's y S&P.

Al cierre de abril, la deuda denominada en moneda extranjera representaba apenas el 21.7% del total de la deuda pública, mientras que el 78.3% estaba en pesos mexicanos. Estas cifras marcan una tendencia descendente que se ha mantenido desde 2021, revirtiendo picos alcanzados en años anteriores, como 2016 y 2020, este último marcado por la pandemia de COVID-19. La proporción actual es la menor registrada desde 1990, un dato que Hacienda utiliza como escudo ante las preocupaciones de las calificadoras sobre la trayectoria de la deuda pública.

La estrategia de priorizar la deuda en moneda nacional, aunque implica un costo de financiamiento potencialmente más alto en comparación con mercados internacionales, ofrece una ventaja crucial: menor exposición a la volatilidad de los mercados externos y al tipo de cambio. "Que tu deuda esté más en pesos que en dólares, tiene la ventaja de estar menos expuesto a choques externos que no controlas y que te pueden llegar inesperados", explica Tamón Takahashi, experto en finanzas públicas y economista en Jefe en TKA Analytica.

Sin embargo, Takahashi también señala el contrapeso: el costo del dinero en pesos suele ser más elevado que en economías como la estadounidense. A pesar de ello, la fortaleza del peso mexicano frente al dólar en los últimos años ha jugado un papel importante, reduciendo el costo real en pesos del servicio de la deuda externa. Entre 2021 y 2025, los saldos históricos de los requerimientos financieros del sector público internos crecieron un promedio anual del 7.22% real, mientras que los externos (medidos en pesos) decrecieron un 5.04% anual en promedio, según cifras de Hacienda.

El Centro de Estudios de las Finanzas Públicas (CEFP) ha destacado en análisis de la Cuenta de la Hacienda Pública Federal que la reducción de la deuda externa bruta como porcentaje del PIB (del 13.4% al 12.2% en 2025) refleja una política deliberada de privilegiar la emisión de deuda en mercados nacionales para limitar los efectos del tipo de cambio.

Esta política de desdolarización de la deuda no es reciente; se ha gestado a lo largo de varios sexenios, desde la administración de Ernesto Zedillo hasta la actual, con el objetivo de fortalecer la resiliencia de las finanzas públicas ante shocks externos. La capacidad de México para gestionar su deuda en pesos le otorga, según Takahashi, "más instrumentos y mecanismos a la mano, como las coberturas, para mitigar riesgos y costos ante cambios en los mercados doméstico e internacional."

Las calificadoras, sin embargo, no basan sus decisiones únicamente en la composición de la deuda. Moody's, por ejemplo, revisó a la baja la nota de México de Baa2 a Baa3, mientras que S&P cambió la perspectiva de estable a negativa. Estos ajustes, según los analistas, estuvieron influenciados por factores que van más allá del manejo de la deuda, como la debilidad fiscal y la incertidumbre sobre la política económica futura.

Édgar Amador Zamora, titular de Hacienda, ha respondido a estas revisiones asegurando que el país cuenta con un abanico de acciones para revertir la tendencia. La composición de la deuda es una de ellas, pero no la única. La capacidad de generar mayores ingresos fiscales, la eficiencia del gasto público y el fortalecimiento del Estado de Derecho son, según Takahashi, elementos igualmente cruciales para la percepción de riesgo de las agencias calificadoras.

El costo financiero de la deuda también muestra tendencias interesantes. En el periodo enero-abril de este año, el pago de intereses por financiamientos externos decreció un 10.4% en términos reales respecto al año anterior, mientras que el costo por la deuda en pesos se redujo un 0.5% real anual. Estas cifras, si bien positivas, deben ser analizadas en el contexto de las tasas de interés globales y locales.

La Reserva Federal de Estados Unidos mantiene su tasa de referencia en un rango de 3.50% a 3.75%, mientras que el Banco de México la tiene en 6.5%. Esta diferencia, aunque significativa, no impide que México busque optimizar sus costos de financiamiento, aprovechando la fortaleza de su moneda y las herramientas de gestión de deuda disponibles.

La pregunta clave que queda en el aire es si esta estrategia de desendeudamiento externo y fortalecimiento del peso será suficiente para convencer a las agencias calificadoras de revertir sus ajustes. Si bien la menor dependencia de financiamiento en dólares es una fortaleza innegable, las calificadoras suelen tener una visión holística que incluye la sostenibilidad fiscal a largo plazo, la predictibilidad de las políticas públicas y la solidez institucional.

El secretario Amador Zamora ha demostrado capacidad para navegar en el complejo entorno financiero, y el marco legal mexicano le otorga herramientas para optimizar el perfil de la deuda. No obstante, la percepción de riesgo de un país es un constructo multifacético, y la deuda externa es solo una de sus aristas. El éxito en la defensa de la calificación crediticia dependerá de la conjunción de una gestión prudente de la deuda con políticas fiscales y presupuestarias que aseguren la estabilidad y el crecimiento económico a largo plazo.

La estrategia de Hacienda de mantener la deuda externa en mínimos históricos es un paso en la dirección correcta, pero el camino para recuperar la confianza plena de las agencias calificadoras y mantener una perspectiva crediticia favorable aún requiere de un esfuerzo sostenido en múltiples frentes, más allá de la simple composición de la deuda pública.