Daniel Garay, empresario sinaloense de 44 años dedicado al negocio del pasto sintético, desapareció en Guadalajara el pasado 17 de mayo. Las cámaras de seguridad del condominio donde reside captaron el momento en que conversaba con un hombre desconocido, con quien posteriormente se retiró sin volver a ser visto.

Garay es de complexión delgada, tez clara, rostro ovalado y cabello entrecano corto y crespo. Mide 1.63 metros, pesa 70 kilos y tiene ojos color miel, nariz achatada y labios gruesos. El día de su desaparición vestía camisa azul turquesa, pantalón azul marino y tenis.

En redes sociales circulan versiones que apuntan a un posible engaño o secuestro. Según estas versiones, el empresario habría recibido en su domicilio a quien se presentó como un potencial cliente. La última ubicación confirmada fue en la colonia Country Club, zona residencial de la capital jalisciense.

Familiares y amigos de Garay han difundido fichas de búsqueda solicitando apoyo ciudadano. Además, exigen la intervención directa del gobernador Pablo Lemus para que atienda personalmente el caso, en medio de crecientes cuestionamientos sobre la capacidad de las autoridades estatales para garantizar la seguridad.

La desaparición de Garay se suma a una crisis nacional que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos calificó como simultánea: más de 128 mil personas desaparecidas y más de 70 mil cuerpos sin identificar bajo custodia estatal hasta julio pasado.

El Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU analiza elevar el caso mexicano ante la Asamblea General, considerando que las desapariciones podrían constituir crímenes de lesa humanidad. Actualmente, el Registro Nacional contabiliza más de 133 mil personas desaparecidas desde la década de 1950.

Jalisco se ha convertido en uno de los estados con mayor incidencia de desapariciones, generando alarma entre empresarios y residentes de zonas que antes se consideraban seguras. El caso de Garay evidencia que ni siquiera las colonias residenciales están exentas de la ola de violencia.